El
Younger Dryas Hace unos 12.900 años, tras el el calentamiento del Bölling-Allerod, el clima europeo recayó en un período de nuevo muy frío, el Younger Dryas. La palabra Dryas se deriva de la Dryas Octopelata, planta de pálidas flores amarillas, típica de la tundra, que hizo de nuevo su aparición en las tierras meridionales de Europa, en donde desaparecieron los árboles y fueron susutituídos otra vez por una vegetación muy pobre. Las temperaturas de invierno en Europa durante el Younger Dryas volvieron a ser muy bajas. Numerosos estudios polínicos, sedimentarios y de otro tipo así lo señalan.
http://83.17.43.126/~ciekawe-rosliny/index.php?dz=strony&op=pisz&id=103 Este intervalo frío, el Younger Dryas, cuyo abrupto origen causa aún cierta sorpresa, acabó también súbitamente hacia el 11.600 antes del presente, cuando se produjo la subida térmica definitiva que dio entrada en el hemiferio norte al período Preboreal y, con él, al interglacial actual: el Holoceno. Se ha especulado mucho sobre la vuelta al intenso frío invernal que afectó a Europa durante el Younger Dryas y que tanto debió sorprender a nuestros ancestros paleolíticos europeos, recién acostumbrados al calorcillo…. (es posible, no obstante, que entonces la región del suroeste europeo Cantabria-Pais Vasco-Aquitania se convirtiese en una zona refugio tanto para animales como para humanos, al verse favorecida por un clima más benigno cuya explicación puede encontrarse aquí). En aquella época, al inicio del Younger Dryas, hace 12.900 años, la insolación estival en el hemisferio norte, derivada de los análisis de Milankovitch, era mayor que la actual y continuaba aumentando (al máximo se llegaría hace 11.000 años). Por lo tanto, no había un motivo astronómico para que de repente se ralentizase el deshielo veraniego y avanzasen otra vez los glaciares, sino todo lo contrario
La clave del enfriamiento debió estar en otra parte: probablemente en el Atlántico. Se sabe que el sistema de corrientes del Atlántico en la transición del Bølling-Allerød al Younger Dryas se debilitó abruptamente y adoptó un modo parecido al que tenía durante los pe perídos más fríos de la glaciación. En el Atlántico, las aguas superficiales polares avanzaron otra vez hacia el sur, hasta la latitud de la Península Ibérica. Las aguas templadas que hoy transportan hasta muy al norte la corriente del Golfo y la deriva nordatlántica apenas lograban llegar ya hasta la latiud de la Península. Muchos son los indicios marinos de esta invasión meridional de agua fría. Por ejemplo, el tipo de microfauna fósil hallado en los sedimentos frente a las costas de Lisboa indica un enfriamiento de unos 10ºC en la temperatura del agua. También la aparición de foraminíferos de aguas polares (como la Neogloboquadryna Pachyderma de cola levógira) en latitudes medias indica un claro enfriamiento del Atlántico. Finalmente, la existencia de derrubios terrígenos transportados por icebergs y depositados en el fondo del mar en latitudes bastante bajas, son también muestra del enfriamiento agudo del agua que se produjo entre hace 12.900 y 11.600 años. Una vez debilitada la correa termohalina el factor albedo pudo exacerbar el proceso de enfriamiento. El albedo es el porcentaje de luz solar que se refleja y se pierde en el espacio. El incremento de la formación de hielo marino reflectante en el hemisferio norte se vio favorecido por la desalinización parcial del agua marina, que de esta forme se congelaba con mayor facilidad. Por otra parte, este proceso sería especialmente agudo durante el invierno, estación en la que la insolación hace 11.000 años era en el hemisferio norte, a diferencia de la del verano, bastante menor que la actual.
La hipótesis más aceptada sobre cómo empezó todo fue ideada por el oceanógrafo Wallace Broecker. Al comienzo de la desglaciación, en el primer período cálido Bølling-Allerød, la progresiva fusión de los hielos del manto Laurentino había ido formando en su borde meridional un gran lago de agua dulce, el lago Agassiz, situado al oeste de la región que hoy ocupan los grandes lagos americanos. Este lago tenía una salida hacia el sur, a través del río Mississippi, y sus aguas dulces acababan desembocando en el Golfo de México. Pero más o menos súbitamente, cuando se derritió una barrera de hielo en el borde oriental del lago, que cortaba su comunicación con el Atlántico Norte, las aguas comenzaron a desagüar en el océano a través del canal de San Lorenzo en vez de seguir la ruta del Mississippi. Este aporte de agua dulce al Atlántico Norte, cuyo caudal fue durante unas decenas de años superior al caudal que hoy lleva el Amazonas, produjo una brusca disminución de la salinidad y de la densidad del agua superficial marina, lo que frenó el mecanismo de hundimiento y producción de agua profunda (North Atlantic Deep Water). En consecuencia, se debilitó el sistema termohalino y, con él, la corriente del Golfo y la deriva nordatlántica. Así, el Atlántico Norte se vió sometido a un largo período de vuelta al frío, que duró más de mil años: el Younger Dryas. Sin embargo no se han podido encontrar pruebas geológicas de esta gran inundación que, de producirse, debió haber erosionado el terreno y creado un valle encañonado por donde desaguasen las aguas del Lago Agassiz hacia el Atlántico. Por eso hasta el propio Broecker tiene dudas de su teoría (Broecker, 2006). Por eso es posible también (y esta es una hipótesis que puede ganar fuerza) que el incremento de agua dulce en la región más septentrional del Atlántico fuera causado por un mayor desagüe de agua dulce desde el Artico a traves del estrecho de Fram, entre Spitzbergen y Groenlandia. En la actualidad, a través de este estrecho circula hacia el sur, sobre todo en invierno, una fuerte corriente con hielo marino que procede del Artico. Es posible que durante el Younger Dryas, el Artico recibiese agua dulce de deshielo desde el sector occidental del manto de hielo norteamericano, en la región de Keewatin, y que también hubiese un desague importante del deshielo a traves de la Bahía de Hudson. Este exceso de agua dulce era luego exportado hacia el Atlántico Norte a través del estrecho de Fram y frenaba la circulación termohalina (o MOC, circulación meridiana volteante) (Tarasov, 2005).
Algo parecido podría ocurrir, piensan algunos, en un futuro próximo, cuando debido a un efecto secundario del efecto invernadero, aumenten las precipitaciones en el Atlántico Norte (y se dulcifique el agua, y se ralentice la producción de NADW, y se pare la corriente del Golfo, y… se enfríe Europa) El enfriamiento del Younger Dryas fue muy claro en Europa. Y, aunque no fuese un fenómeno global, parece que el enfriamiento del agua oceánica no se circunscribió al Atlantico Norte sino que existen indicios de que afectó a muchas otras regiones y latitudes: desde la Patagonia, en Argentina, hasta el Mar de Sulu, en Filipinas. Otra de las señales que parecen indicar que el enfriamiento del Younger Dryas fue muy general es que la concentración de metano en la atmósfera se redujo en un 25 %, dato que se registra simultáneamente en los hielos de Groenlandia y en los de la Antártida (por el contrario, el dióxido de carbono siguió aumentando, a pesar de que la temperatura bajaba...).
Hasta hace poco tiempo se había creído que la disminución del metano debió producirse como consecuencia de que el enfriamiento redujo las precipitaciones y que, en consecuencia, se hizo menor la extensión de los humedales de zonas tropicales (que son factorías de metano). Sin embargo, algunos modelos actuales indican que no hay que verlo así, pues, al ser las precipitaciones menores, en muchas regiones tropicales aumentaría la extensión de los humedales de baja profundidad (de menos de 1 metro), los cuales son más aptos que los lagos profundos para la producción y escape de metano a la atmósfera. Por lo tanto, la causa de la disminución de metano habría que buscarla en otra parte, probablemente en las latitudes altas, en donde el frío reduciría la actividad biológica y con ella la producción de ese gas en los ecosistemas de tundra y turberas. Tampoco, a pesar de la vuelta al frío, bajó el nivel del mar, sino que siguió elevándose suavemente (unos 3 mm/año frente a los 40 mm/año en el inicio del Bølling-Allerød), lo que indica que el hielo acumulado en los continentes siguió disminuyendo, a pesar de que en varias regiones de Europa hubo un reavance muy importante de los glaciares. De hecho durante el Younger Dryas casi toda Escocia quedó de nuevo cubierta por el hielo y hay constancia de que en los Alpes Suizos la cota de las nieves perpetuas volvió a estar 300 metros más abajo que la actual. El Younger Dryas terminó aún más bruscamente de como había comenzado. En unas pocas decenas de años, hacia el año 11.500 antes del presente, se produjo en Groenlandia una subida térmica de hasta 10ºC. En Europa, los sedimentos de algunos lagos de Polonia (lago Gosciaz), de Suiza (lago Gerzensee) y de Alemania (lago Ammersee) parecen también indicar la terminación del Younger Dryas más o menos al mismo tiempo, quizás con algunos años de retraso con respecto a Groenlandia. La finalización drástica del Younger Dryas se manifiesta también en la curva de la acumulación de nieve en Summit, Groenlandia. En unas pocas decenas de años, el espesor medio anual de precipitación pasó de 100 mm a 200 mm. También la concentración de metano, en un breve período de 200 años, ascendió de 0,50 ppm a 0,75 ppm. En definitiva, hace 11.500 años, las corrientes oceánicas adoptaron el modo de funcionamiento más o menos parecido al que hoy conocemos. Las aguas superficiales del Atlántico Norte se volvieron a calentar y las temperaturas, especialmente en Europa, ascendieron de nuevo varios grados en unas pocas décadas. Finalizaba así el Pleistoceno y comenzaba un nuevo período templado, el Holoceno, que iba a facilitar que el homo sapiens saliese de las cuevas, creciese y se multiplicase.
referencias Atkinson, T.C. et al., 1987, Seasonal
temperatures in Britain during the past 22,000 years, reconstructed using
beetle remains, Nature, 325, 587-592
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