La lluvia y la aridez

 

La lluvia

Las mediciones de la lluvia y de la nieve son mucho más costosas de efectuar que las de las temperaturas, y su corrección, en caso de errores o de lagunas estadísticas, es mucho más difícil. La variabilidad espacial de la precipitación es muy grande y en muchas regiones del mundo escasean las mediciones. La tendencia secular es también desconocida pues apenas el 30 % de la superficie continental tiene series válidas de precipitación que se inicien antes de 1970. De todas formas algunos análisis indican que en la segunda mitad del siglo XX, entre 1950 y el 2000, la media anual de la precipitación global en los continentes ha rondado los 800 mm.

Teóricamente los modelos calculan que debería haber un aumento porcentual de las precipitaciones de un 3% aproximadamente por cada grado de aumento de la temperatura global media (Hulme,1995), ya que con más calor se intensifica el cilo hidrológico evaporación-precipitación. Sin embargo, la precipitación global no indica hasta ahora ninguna tendencia definida.

 

 
Precipitación global en los continentes en el período 1950-2000 (referencia: proyecto VASClimo)
         
Precipitación media mensual en el conjunto de los continentes desde 1952 hasta 2002 (referencia: proyecto VASClimo)

En Estados Unidos, la media anual de precipitación, según el National Climatic Data Center ha mostrado una tendencia al alza estadísticamente significativa y de un valor de 58 mm por siglo.

En la India, por el contrario, la precipitación de los monzones, no parece haber mostrado ninguna tendencia definida (Vinnikov, 2002). Un índice general para toda la región monzónica tampoco muestra ninguna tendencia desde 1980 al 2005, y sí una ligera disminución en las décadas anteriores (Wang, 2006).

En el norte de Pakistán, los estudios isotópicos del oxigeno 18 en los anillos de un conjunto de árboles indican que el siglo XX ha sido el más lluvioso del último milenio (Treydte, 2006).

En Patagonia o en Australia, las precipitaciones, en las últimas décadas, han aumentado sensiblemente (Hulme, 1996).

En Europa central, estudios sobre los episodios de lluvias torrenciales e inundaciones de los ríos Elba y Oder, que se remontan a casi mil años, indican que no ha habido cambios de tendencia, en contra de lo que los medios de comunicación señalan (Mudelsee, 2003)

En España, dada la gran variabilidad interanual no se puede concluir que exista una tendencia clara, pues los cáculos dependen mucho del período escogido. En la gráfica de las precipitaciones anuales en España 1947-2005, publicada por el Instituto Nacional de Meteorología, se observa años de "pertinaz sequía" , como el del bienio 1948-49, y otros bastante más lluviosos.

En el Mediterráneo, y en particular en España, parece haberse registrado una disminución durante el período 1950-1995. Un estudio basado en los registros de 182 estaciones indica una media annual de 530 mm, con una tendencia a la disminución de aproximadamente 1 mm al año, a pesar de que la frecuencia de los episodios de lluvias torrenciales haya aumentado (Alpert, 2002).

 

 
           
 
Precipitación media en España 1947-2005 (referencia INM)
 

 

La aridez


En el balance actual del ciclo hidrológico hay un transporte aéreo neto de vapor de agua de 45.000 km3/año desde los océanos hacia los continentes (que los ríos devuelven al mar) (Oki, 2006). De confirmarse un calentamiento global, el ciclo hidrológico se intensificaría. Debido a la mayor evaporación oceánica, el incremento de los los aportes de humedad hacia los continentes superaría al incremento de la evapotranspiración de los territorios continentales. Por lo tanto, la aridez de los continentes a escala global disminuiría. La historia del clima corrobora que un clima más cálido es un clima menos árido.

Tal parece haber ocurrido en las áreas secas de China durante las dos últimas décadas del siglo XX. Imágenes satelitarias de la evolución de la vegetación (NDVI, normalized difference vegetation index) indican un mayor crecimiento de la vegetación. La intervención humana, con repoblaciones forestales muy extensas, juega también un papel importante en la disminución de la erosión lograda en los últimos años. También estudios recientes sugieren que en el norte de China, gracias a la cobertera vegetal, ha disminuído la frecuencia de las tormentas de arena del desierto en esos recientes veinte años (Piao, 2005).

Otra señal probable de la disminución de la aridez a escala global es que al parecer los caudales de los ríos han aumentado más que la cuantía de las precipitaciones, lo cual parece indicar un incremento de la humedad de los suelos. Este fenómeno es quizás a debido a una menor evapotranspiración de la vegetación debido a que el aumento de la concentración de CO2 en el aire cierra en parte los estomas de las hojas y evita así la pérdida de agua evaporada (Gedney, 2006).

En el Sahel africano, al sur del Sahara, la tendencia es más complicada de establecer. Aquí, hubo un incremento importante de la aridez en la segunda mitad del siglo XX debido a la disminución de las precipitaciones, especialmente a partir de la década de los años 60, llegando a su punto álgido en los 70. Esta tendencia parece haber cambiado en los últimos años, incrementándose las precipitaciones.

El Sahel es una estrecha franja de territorio en el Africa Occidental, que limita por el norte con el desierto, a unos 18ºN, y por el sur con la sabana y la selva tropical, a unos 15ºN. Su clima depende de la oscilación norte-sur de la zona de convergencia intertropical (ITCZ). En verano, cuando la ITCZ emigra hacia el norte, la zona es afectada por el monzón del suroeste que aporta durante un breve tiempo lluvias, a veces intensas, a la región. Después, cuando la ITCZ se desplaza al sur, vienen largos meses de sequía en los cuales el viento preponderante viene del desierto, es decir, del norte.
Los modelos informáticos sobre la posible evolución futura del Sahara en el siglo XXI indican una disminución de la extensión del desierto, que precisamente en su margen meridional se retiraría hacia el norte, de forma más acusada que el ligero avance, también hacia el norte, que experimentaría en su zona septentrional (Liu, 2001). El calentamiento sería mayor sobre el continente que sobre el océano, incrementando la fuerza del monzón veraniego sobre Africa y aumentando las precipitaciones en el Sahel (Reindert, 2005).

Un estudio, que utiliza el índice de Palmer para observar los períodos de sequía y de exceso de lluvias en extensas regiones del mundo, muestra una gran variabilidad de unas décadas a otras, pero a nivel global no se observa una tendencia significativa. En este trabajo, de nuevo se constata la desecación del Sahel en la última parte del siglo XX y también se sugiere que es probable que esté relacionada con el hecho de que hayamos entrado en un período en el que el fenómeno del Niño, con sus consecuencias de sequías e inundaciones, se haya hecho últimamente más frecuente (Dai, 1998).

En China, el índice Palmer, calculado a partir de las temperaturas y precipitaciones mensuales durante el período 1950-2000, no muestra tampoco una tendencia en el conjunto del país, si bien en algunas regiones áridas del norte las sequías parecen haber aumentado (Zou, 2005). En Estados Unidos la frecuencia de sequías ha disminuído a lo largo del siglo XX, al igual que su severidad (Andreadis, 2006).

         

referencias:

Alpert P. et al. 2002, The paradoxical increase of Mediterranean extreme daily rainfall in spite of decrease in total values, Geophysical Research Letters, 29, 11, 31-1/31-4
Andreadis K. & D. Lettenmaier, 2006, Trends in 20th century drought over the continental United States, Geophysical Research Letters, 33, L10403
Dai A. et al 1998, Global variations in droughts and wet spells :1900-1995, Geophysical Research Letters, 25, 17, 3367
Gedney N., et al., 2006, Detection of a direct carbon dioxide effect in continental river runoff records, Nature, 439, 835-838
Hulme M. 1996, Recent climatic change in the world's drylands, Geophysical Research Letters, 23, 1, 61
Liu P. et al., 2001, Historical and future trends of the Sahara Desert, Geophysical Research Letters, 28, 14, 2683-2686
Mudelsee M. et al., 2003, No upward trends in the occurrence of extreme floods in central Europe, Nature, 425, 166-169
Oki T. & S. Kanae, 2006, Global Hydrological Cycles and World Water resources, Science, 313, 1068172
Reindert J., 2005, Sahel rainfall variability and response to greenhouse warming, Geophysical Research Letters, 32, L17702
Treydte K. et al., 2006, The twentieth century was the wettest period in northern Pakistan over the past millenium, Nature, 440, 11791182
VASClimo project, 2004, http://user.uni-frankfurt.de/~grieser/downloads/VASClimO/vasclimo.htm
Vinnikov K & Robock A.,2002, Trends in moments of climatic indices, Geophysical Research Letters, 29, 2, 14-1/14-4
Zou X. Et al., 2005, Variations in droughts over China: 1951-2003, Geophysical Research Letters, 32, L04707

 

home  
índice
 
lista de gráficos y textos