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El
metano atmosférico
El
metano es un gas invernadero muy efectivo, con una concentración
atmosférica media actual entre 1,7 o 1,8 ppm (partes por
millón del volumen del aire) (Lelieveld, 2006). Debido a
su incremento desde los tiempos preindustriales —cuando la
concentración atmosférica era de sólo 0,7 ppm—,
se cree que el forzado radiativo producido desde entonces es importante,
unos 0,7 W/m2 (el del CO2 es 1,4 W/m2). Las fuentes de emisión
son muy variadas pero la destrucción del gas por los radicales
OH del aire es rápida, de tal manera que la vida media del
metano atmosférico es de tan sólo unos 12 años.
La evolución de la concentración atmosférica
depende por eso, no sólo de las fuentes, sino también
de la mayor o menor presencia de estos radicales en el aire.

(referencia: Lelieveld, 2006)
evolución
Hay
algunos investigadores que creen que el aumento del metano en la
atmósfera se remonta al inicio de la agricultura y, en especial,
al del cultivo del arroz hace 5.000 años. Según Ruddiman
el incremento térmico causado por la agricultura, aportando
40 ppm de CO2 por las deforestaciones y 0,25 ppm de metano por los
regadíos, habría sido anterior y del mismo calibre
o superior al causado por la industria (Ruddiman, 2003; Kerr, 2004).
Piensa este investigador que quizás la agricultura, de esta
manera, evitó la vuelta hace unos 3.000 años a una
nueva glaciación.
Observando
la concordancia en los últimos 300.000 años entre
la evolución de la insolación en las latitudes tropicales,
la cual determina la fuerza de los monzones y la mayor o menor existencia
de humedales, y la evolución del metano atmosférico,
calculada a partir de los sondeos en los hielos de la Antártida,
Ruddiman concluye que lo natural hubiese sido que la concentración
de metano decreciese continuamente desde hace unos 10.000 años
hasta la actualidad. Pero el metano comenzó a aumentar hace
unos 5.000 años, lo que es atribuible a la influencia antrópica
y en especial a las bacterias metanogénicas que plagaban
los campos encharcados de los nuevos cultivos de arroz.
Por
otra parte, los análisis sobre la concentración isotópica
del carbono 13 contenido en el metano
atrapado en los hielos de la Antártida indican que en el
primer milenio de nuestra era hubo emisiones relativamente altas
de metano pirogénico, procedente de la combustión
de biomasa, probablemente de la quema de pastos y de bosques de
China y de Europa (Ferretti, 2005).
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Evolución
de la concentración de metano en la atmósfera en los últimos
20.000 años, hasta el fin de la época preindustrial (punto
0: 1750 más o menos), estimada a partir de sondeos en los hielos
de Groenlandia y de la Antártida.
(ref. Brook, 2000) |
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disminución
del incremento
Aunque
en el transcurso del siglo pasado, el aumento del metano atmosférico
ha sido muy considerable, el ritmo de incremento en los últimos
años ha disminuído.
Las
razones son desconocidas. Algunos ligan esta desaceleración
a cambios en la química atmosférica, que acelerarían
la destrucción del metano, y otros piensan más bien
en una disminución de las emisiones. Se ha pensado también
que el aumento del azufre contenido en los humedales y producido
por las lluvias ácidas ha podido perjudicar a las bacterias
metanogénicas que allí proliferan (Gauci, 2005).
Sea
cual sea la causa, su incremento interanual en la atmósfera
es ya casi nulo, e incluso en el año 2000 experimentó
un ligero descenso absoluto (Dlugokencky, 1998; Simpson, 2002; Bousquet,
2006)). Hay que tener en cuenta que la vida media en la atmósfera
del CH4 es muy corta, unos 12 años, y que, por lo tanto,
los desequilibrios que se producen entre su producción y
su destrucción son rápidamente apreciables.
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Concentración
global estacional (en ppm) de metano desde Enero de 1978 hasta Junio de
2001
(fuente:Simpson,
2002)
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fuentes
de emisión
Como
se ve en el mapa de arriba, el aire de las regiones industriales
y pobladas suele tener actualmente una concentración mayor
de metano.
Una
fuente de emisión humana muy importante son los vertederos
en donde gran parte de la materia orgánica allí almacenada
se degrada en condiciones anaeróbicas y se convierte en metano.
La mejora de las prácticas de almacenaje de la basura con
el buen sellado de las instalaciones y la recuperación del
metano creado, que puede ser utilizado como combustible, pueden
reducir las emisiones y de hecho ya lo han hecho en países
avanzados como Estados Unidos.
Otra
fuente antrópica de metano en el siglo XX han sido los escapes
en las minas de carbón (el peligroso grisú),
en las instalaciones defectuosas de extracción de gas
natural (el 90 % del cual es metano) y en los cientos de miles
de kilómetros de gasoductos construídos para su transporte.
Se
ha calculado que en Rusia, que es el mayor productor del mundo de
gas metano, se pierde a la atmósfera entre el 1 y el 2,5%
(Lelieveld, 2005). Este investigador también escribe que
si los escapes de gas natural superasen el 5,6% de la producción,
el efecto invernadero producido por las centrales térmicas
que utilizan gas natural sería mayor que si utilizasen carbón.
El auge de la utilización energética del metano hará
necesario la construcción de más pozos de extracción
y de más gasoductos, pero es de esperar que las mejoras técnicas
harán disminuir el despilfarro y las fugas a la atmósfera.
La
agricultura y la ganadería
son una de las principales actividades humanas productoras de metano.
Todos los años 400 millones de toneladas de metano son producidas
por microbios que viven en condiciones anaeróbicas degradando
la materia orgánica. Los medios en los que actúan
estos microbios son muy variados: el estómago de un rumiante,
el interior de un estercolero, un campo inundado para el cultivo
de arroz o el fondo de una marisma. El cultivo del arroz
sobre enormes extensiones encharcadas, favorece la metanogénesis
en los barros de las tierras inundadadas.
También
la prolífica cabaña mundial de animales rumiantes,
en cuyos estómagos, por fermentación entérica,
se produce ese gas ha contribuido al incremento: entre el 5 y el
10 % de la masa del alimento de una vaca se transforma en metano.
En Nueva Zelanda, el metano producido por vacas y ovejas es el principal
componente de la emisión de gases invernadero: un 40 %. Y
en Irlanda el metano de procedencia ganadera supone el 15 % de las
emisiones del total de gases invernadero (Dennis,
2004).
Otro
factor emisor de metano es la quema de vegetación,
especialmente la quema de maleza en las sabanas tropicales que se
realiza en la práctica agrícola, así como los
incendios forestales.
Recientemente
se ha descubierto que también las hojas vivas
de los árboles y de las plantas emiten metano. El porcentaje
con respecto a las emisiones totales de metano puede ser importante:
de un 10% a un 30% de la fuente global, que es de unos 600 millones
de toneladas. Son las regiones de bosques tropicales las que más
contribuyen, entre 40 y 160 millones de toneladas (Keppler, 2006).
Otros cálculos rebajan mucho estas cifras y las estiman entre
10 y 60 millones de toneladas. El debate está aún
abierto y se complica por el hecho de que algunas plantas parecen
emitir hasta 4.000 veces más que otras (Schiermeier, 2006).
En
definitiva todavía no se conoce con precisión cual
es la concentración global de metano en la atmósfera,
que parece ser mucho mayor sobre las selvas y las grandes ciudades.
Según
el investigador Peter Bergamaschi, las emisiones de metano del Reino
Unido están mal calculadas y son el doble de la que los británicos
suministraron cuando ratificaron el Protocolo
de Kioto. Los franceses por su parte, habrían omitido
una tercera parte de sus emisiones (Pearce, 2006).
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referencias:
Bousquet P. et al., 2006, Contribution
of anthropogenic and natural sources to atmospheric methane variability,
Nature, 443, 439-443
Brook E.et al., 2000, On the
origin and timing of rapid changes in atmospheric methane during
the last glacial period, Global Biogochemical Cycles,vol.14, 2,
559-572
Dennis C., 2004, Vaccine targets gut reaction to
calm livestock wind, Nature, 429, 119
Dlugokencky E.J. et al. 1998, Continuing decline
in the growth rate of the atmospheric methane burden, Nature, 393,
447
Ferretti D. et al., 2005, Unexpected changes to
the global methane budget over the past 2000 years, Science, 309,
1714-1717
Gauci V. Et al., 2005, Long-term suppression of
wetland methane flux following a pulse of simulated acid rain, Geophysical
Research Letters, 32, L12804
Keppler F. et al., 2006, Methane emissions from
terrestrial plants under aerobic conditions, Nature, 439, 187-191
Kerr R., 2004, An early start for greenhouse warming?,
Science, 303, 306-307
Lelieveld J. et al., 2005, Low methane leakage
from gas pipelines, Nature, 434, 841-842
Lelieveld J, 2006, A nasty surprise in the greenhouse,
Nature,443, 405-406
Pearce, F.,2006, New Scientist, 22 Junio 2006
Ruddiman W.F. 2003, The anthropogenic greenhouse
era began thousands of years ago, Climatic Change, 61, 261-293
Schiermeier Q., 2006, The methane mistery, Nature,
442, 730-731
Simpson I. et al., 2002, Implications of the recent
fluctuations in the growth rate of tropospheric methane, Geophysical
Research Letters, 29, 10, 117, 1-4
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figuras
y textos
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