Humedad atmosférica

Los posibles cambios ocurridos a escala global en la humedad de la atmósfera terrestre durante el transcurso del siglo XX son muy mal conocidos, pues existen poquísimas series de mediciones. Además, el vapor de agua es el único gas del aire que no se reparte espacialmente de forma homogénea, lo que hace aún más difícil cuantificar empíricamente su posible evolución global.

El máximo de humedad se registra en las zonas ecuatoriales y el mínimo en las latitudes altas. Si en un instante toda la humedad de una columna de aire se condensase y precipitase en forma líquida, el espesor de la cantidad recogida sobre los océanos trópicales sería de unos 60 mm y sobre los círculos polares de tan sólo 5 mm (tan baja, o más, que en los desiertos más áridos).

Con el calor, la evaporación aumenta y también aumenta la capacidad de retención de humedad en forma de vapor por parte del aire. De esta forma, si se produce por cualquier causa un incremento de la temperatura del aire —debido al aumento de la radiación solar, al incremento del CO2, etc. — también aumenta la concentración atmosférica de vapor de agua, lo que amplifica, por un mecanismo de feedback positivo, el calentamiento inicial.

Se calcula que, si se mantiene constante la humedad relativa, la concentración global de vapor de agua en el aire aumenta entre un 6 % y un 8 % por cada grado de incremento de la temperatura global de la atmósfera. Si esto es así, durante el siglo XX, el vapor de agua ha debido aumentar a escala global entre un 3 % y un 4 % y según los modelos ha de aumentar al final del siglo XXI un 20% en la baja troposfera y un 100 % en la alta (Soden, 2005).

El vapor de agua es el principal gas invernadero de la atmósfera terrestre. Su presencia provoca por término medio más del 60 % del efecto natural de calentamiento, que es de unos 33 ºC, debido a que es muy eficiente atrapando las radiaciones infrarrojas terrestres en diversas longitudes de onda. Es por eso lógico que las mediciones satelitarias sobre los océanos reflejan en muchas zonas una alta correlación entre la temperatura del aire de la baja troposfera y su contenido de vapor de agua. A mayor temperatura, mayor contenido de humedad, y viceversa (Wentz, 2000).

Además de lo complejo que resulta determinar la evolución de su concentración, otra de las mayores incógnitas de los modelos climáticos es la variación de humedad en los diferentes niveles de la atmósfera. Acertar con esta variable es importante, porque se sabe que el papel del vapor de agua en el cambio climático —y especialmente en los flujos radiativos—, depende, no sólo de su concentración integral en la columna de aire, sino también de su distribución vertical (Hu, 2000).

         

referencias:

Hu H., 2000, The relationship between atmospheric water vapor and temperature in simulations of climate change, Geophysical Research Letters, 27, 3513-3516
Soden B. et al., The radiative signature of upper tropospheric moistening, Science, 310, 841-844
Wentz F.J. & Schabel M. 2000, Precise climate monitoring using complementary satellite data sets, Nature, 403, 414-41

         
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