| El
hielo del Artico |
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la
banquisa marina
El
hielo marino del Artico tiene una estructura compleja, consistente
en diferentes tipos de hielo, con diferentes espesores, que puede
variar desde regiones recubiertas por finas láminas de hielo
recien formado, hasta otras zonas en donde la compresión de
hielo origina amontonamientos de hasta 50 m de espesor. Se producen
también unas grandes variaciones estacionales y anuales.
El
espesor medio en el Polo Norte es entre 3 y 4 metros a final del invierno,
pero la variación del espesor de hielo es grande debido a que
la banquisa ártica se mueve. En el corazón del verano,
cuando las temperaturas en el Polo Norte rondan los 0ºC, se está
muy cerca de la descongelación y aparecen grandes calvas por
donde asoma el agua marina.
Aproximadamente
la mitad
del hielo marino del Artico, a diferencia del de la Antártida,
es hielo multianual, es decir hielo que sobrevive al menos un verano.
 
Extensión
media mínima (Septiembre) y máxima (Febrero) de la banquisa
de hielo en el Artico
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el
movimiento del hielo
El
movimiento del hielo, que es de varios metros por día en
el Polo Norte, es variable, ya que está influenciado por
el campo de presión y por los vientos, y ello puede ocasionar
el engrosamiento temporal en unas zonas y su adelgazamiento en otras
(Maslowski, 2000; Kimura, 2000; Tucker, 2001). Existen por regla
general dos grandes estructuras circulatorias: el Giro de Beaufort
y la Deriva Transpolar (ver mapa). Su variabilidad, en cuanto a
intensidad y colocación, es decisiva en los movimientos del
hielo.
Este
movimiento del hielo está ligado a la variabilidad del índice
NAO y del índice AO. Se sabe que estos índices,
que indican la intensidad de la componente zonal de los vientos
atlánticos del oeste que penetran en Eurasia, están
muy relacionados con la extensión de los hielos de la banquisa
ártica (Rigor, 2004). Con valores altos, y una circulación
de vientos fuertes del oeste, la extensión del hielo artico
es menor que cuando los valores son bajos. Ocurre que ensta situación
la deriva transpolar se coloca más al oeste, lo que facilta
que se escape más hielo multianual a través del estrecho
de Fram (Belchansky, 2005).
En
el mapa de arriba se dibujan los principales ríos que desembocan
en el Artico con sus caudales medios
(en km3/año) y las corrientes marinas: cálidas en
naranja y frías en azul. Tanto el Giro de Beaufort como la
Deriva Transpolar son movimientos típicos de la banquisa
helada.
El
Artico pierde agua especialmente a través del estrecho de
Fram y la gana a través del estrecho de Bering. En la zona
subpolar de los Mares Nórdicos se
mezcla el agua salada y cálida venida del Atlántico
con el agua casi helada y más dulce llegada del Artico. En
esta región subpolar se produce agua profunda (NADW),
al igual que en la cuenca marina de Irminger y en la de Labrador.
Los
ríos, al descargar aguas dulces en el Artico, hacen disminuir
su salinidad. De esta forma favorecen la congelación
del Artico y moderan la circulación
termohalina del Atlántico. Las cuencas se alimentan de
la humedad acarreada por los vientos del Oeste. Una mayor evaporación
en el Atlántico Norte y un índice
NAO positivo provocan mayores precipitaciones y una mayor escorrentía.
En las últimas décadas se ha observado un incremento
en las cuencas siberianas pero no así en las cuencas canadienses.
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evolución
de la temperatura
El
hecho más notable de la evolución de la temperatura
en las costas del Artico en el último siglo fue una subida
rápida, superior a 1ºC, entre 1920 y 1940. Después
las temperaturas bajaron entre 1940 y 1970, y finalmente se produjo
una nueva subida desde 1970, que se ha intensificado en los últimos
años.

Anomalía
de la temperatura en las costas del Artico
durante el período 1880-2000 (en azul) con respecto al período
1960-90. Nivel de confianza del 95 % (en amarillo). Temperatura
media en diversos períodos (en verde) (referencia:
Polyakov, 2002)
En
los últimos años, desde 1990, la subida de la temperatura
en el Artico ha sido aún más acusada. En la figura
de abajo se representa la evolución
de la anomalía térmica (diferencia con respecto a
la media del período 1979-1998) en la baja troposfera (0-3000
m) de la zona polar (70ºN-90ºN) según las mediciones del
aparato MSU transportado por satélites. La subida se ha manifestado
especialmente en los meses invernales.
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Pero
la subida de temperaturas no ha sido homogénea en todas las
regiones (ver figura aquí).
En casi todas partes ha subido pero la zona central de la costa
siberiana ha registrado más bien una tendencia a la baja.
En
cuanto a Alaska, lo más destacado es un brusco calentamiento
registrado hacia 1976.
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Temperatura
media anual en ºC en Alaska (estaciones de Fairbanks, Anchorage,
Nome y Barrow). Las líneas horizontales verdes representan
las medias de los períodos 1954-1976 y 1977-1994.
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causas
del calentamiento
factores
antrópicos
El
reciente aumento de las temperaturas del Artico puede ser debido,
al menos en parte, al aumento de los gases invernadero, no sólo
del CO2 sino también del metano y del ozono troposférico.
Se produciría además en el mar un efecto de retroalimentación
positiva al irse deshelando la banquisa y disminuir así el
albedo (la reflectividad de la luz y la pérdida de energía
al espacio). Por otra parte la reducción de la banquisa ha
podido facilitar que el mar transfiera con más facilidad
su calor al aire, al disminuir el aislamiento térmico de
la capa de hielo.
En
las costas continentales del Artico, el albedo también disminuiría
poco a poco al ser sustituído un paisaje de tundra por otro
boscoso más oscuro.
La subida térmica de los últimos años puede
también estar relacionada con el alargamiento en varios días
de la estación veraniega libre de hielos. La disminución
del albedo debido a este motivo es de unos 3 W/m2 por década
(Chapin, 2005).
Pero
el calentamiento del Artico puede haber sido no sólo debido
al incremento global del CO2 y de los otros gases invernadero, sino
también al efecto invernadero provocado por la suciedad del
aire, es decir, por los aerosoles llegados desde regiones muy pobladas
de latitudes medias como Estados Unidos, Europa, Rusia y China.
El calentamiento que provocan los bajos estratos nubosos (arctic
haze) producidos por estos aerosoles puede notarse sobre todo
en invierno, ya que retienen en la atmósfera las radiaciones
infrarrojas terrestres que se escapan al espacio. La nubosidad en
el Artico juega un importante papel de calentamiento. Se ha calculado
que las nubes emiten hacia la superficie unos 60 W/m2 de radiación
infrarroja y el incremento de a concentración de aerosoles
ha hecho aumentar esa cifra en 3,4 W/m2, qu es máyor que
los 2,4 W/m2 atribuidos al incremento de los gases invernadero (Ritter,
2005; Lubin, 2006; Garrett, 2006).
También
el ozono troposférico transportado hacia el Artico desde
los cielos contaminados de las zonas industrializadas de las latitudes
medias y altas del hemisferio norte, ha podido ser un factor importante
(Shindell, 2006).
factores
naturales
La
temprana iniciación de la subida térmica en el Artico
sugiere que factores naturales, como la suciedad procedente de las
erupciones volcánicas, las variaciones en las corrientes
oceánicas o los cambios astronómicos en la insolación,
han debido tener tanta importancia, al menos entonces, como los
efectos derivados de las actividades humanas (Polyakov, 2002; Moritz,
2002; Overpeck, 1997).
Entre
los factores atmosféricos naturales se señala un posible
cambio en la circulación de vientos que haya propiciado una
mayor entrada de masas de aire templadas desde el suroeste, debido
a un reforzamiento tanto de la baja de Islandia como la de las Aleutianas,
lo que vendría refelejado en un valor alto de los ó
índice NAO y AO.
Esta
circulación atmosférica puede además haber
influído en el movimiento del hielo marino, provocando una
mayor salida de témpanos del Artico hacia los mares Nórdicos
a través del estrecho de Fram y una mayor entrada de agua
cálida del Atlántico a través del Mar de Barents.
Lo vemos a continuación.
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evolución
de la banquisa marina
Durante
la primera mitad del siglo XX la extensión media estacional
de los hielos marinos del Artico permaneció inalterada. Sin
embargo, en las últimas décadas del siglo XX la extensión
mínima que alcanza la banquisa tras el deshielo del verano
ha tendido, aunque muy irregularmente, a ser menor. También
el máximo de invierno ha tendido a disminuir (Kukla, 2004;
Meier, 2005). De todas maneras la variabilidad sigue siendo muy
grande (Stroeve, 2005). Por otra parte, los cambios ocurridos son
diferentes en unas zonas y otras: en las dos últimas décadas
la extensión del hielo marino disminuyó en los mares
de Barents y Kara, pero no mostró tendencia o aumentó
en el mar de Bering y en partes del mar de Beaufort y del Archipiélago
Canadiense.

Extensión
de las banquisas de hielo en el hemisferio norte (izquierda)y en
el hemisferio sur durante el período 1972-2002, en millones
de kilómetros cuadrados. En el Artico oscila anualmente entre
los 15 millones de km2 de finales de invierno y los 5 millones de
km2 a finales del verano
fuente:
http://arctic.atmos.uiuc.edu/cryosphere/
Los
estudios empíricos realizados sobre la posible disminución
del grosor de la banquisa del Artico, basados en las mediciones
con sonar realizadas por los submarinos norteamericanos que cruzan
en misiones militares el Polo Norte, muestran unos resultados contradictorios.
En uno de ellos, comparando las mediciones con sonar efectuadas
durante los cruceros del período 1958-1976 con el del período
1993-1997, se indica que ha habido un adelgazamiento considerable
del grosor medio del hielo anual del Oceano Glacial Artico, que
habría pasado de tener 3,1 metros a tener sólo 1,8
metros durante el verano (Rothrock, 1999). Otro estudio, también
basado en la comparación de las mediciones tomadas en dos
travesías efectuadas respectivamente en 1976 y 1996 apunta
también a un adelgazamiento (Wadhams, 2000). Sin embargo,
estudios no muy anteriores, por ejemplo uno basado también
en las mediciones de submarinos durante el período 1977-1992,
indica que existe una gran variabilidad interanual, pero no una
tendencia ni al engrosamiento ni al adelgazamiento de la banquisa
(Shy, 1996). Otros estudios más recientes también
muestran desacuerdos, ya que algunos indican una fuerte disminución
de los hielos (Comiso, 2002) y otros que la tendencia es incierta
y la variabilidad interanual muy grande (Winsor, 2001; Laxon, 2003).
Al
parecer es la extensión del hielo multianual la que más
se ha reducido, por razones aún poco claras que algunos relacionan
con el índice AO. Un índice alto supondría
mayor desaparición de esta capa de hielo, quizás debida
a una mayor emigración de hielo hacia el Atlántico
a través del estrecho de Fram. Un estudio de mediciones desde
satélites durante el período reciente 1978-1998 parece
indicar una disminución sustancial, de hasta un 14 %, del
área cubierta por el hielo multianual (Johannessen, 1999).
El estudio indica, sin embargo, que la variabilidad es grande y
que 20 años de mediciones son insuficientes para establecer
una tendencia a medio o largo plazo. Otro estudio que analiza el
período 1979-2004 también indica una disminución
del hielo multianual desde comienzos de la década de los
90, aunque con excepciones como la del año 1996 en la que
el hielo se recuperó totalmente. Al parecer existe una región
central en el Artico con una cobertura de hielo densa y persistente,
que está rodeada por regiones muy fluctuantes (Belchansky,
2005).
Por
otra parte, la intensificación de los vientos del oeste ha
podido contribuir a una entrada mayor de agua cálida y salada
en el Artico, proveniente del Atlántico a través de
los mares de Noruega y Barents, durante los últimos 20 años
(Polyakov, 2005). El agua del Artico bajo el hielo está fuertemente
estratificada y se compone de tres niveles (superficial, intermedio
y profundo). El agua proveniente del Atlántico compone principalmente
el nivel intermedio con temperaturas por encima de los 0ºC. A principios
de los 90 el índice AO presentó unos valores muy positivos,
que luego han tendido a disminuir, y es posible que entonces penetrase
en el Artico una cantidad anómala de agua caliente que a
lo largo de años posteriores haya ocupado toda la cuenca.
El perfil térmico del agua bajo el polo norte indica una
calentamiento en esa década, que últimamente, en el
2004, se ha visto truncado (Moon, 2005).
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referencias
Belchansky
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Antón
Uriarte Cantolla |
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Historia
del Clima |
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