Foraminíferos
y clima. Los foraminíferos son animales microscópicos, pertenecientes al zooplancton. Sus conchas de caliza (CO3Ca) permiten estudiar las variaciones isotópicas del oxígeno y del carbono marino, y ofrecen claves sobre las temperaturas del agua, el volumen de los hielos e, incluso, el funcionamiento de las corrientes marinas. Además las variaciones en el habitat marino de sus diferentes especies son también indicativas de la evolución climática. Así mismo, el análisis de la concentración de algunos elementos químicos presentes en pequeñas cantidades en sus conchas es utilizado en la investigación paleoceanográfica y paleoclimática.
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Mediciones
isotópicas del oxígeno Las mediciones isotópicas del oxígeno de las conchas de los foraminíferos fósiles permiten conocer los cambios habidos en la acumulación de hielo en los continentes. El razonamiento se encadena de la siguiente forma.
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| (18O/16O)muestra
– (18O/16O)standard d18Omuestra = —————————————— x 1.000 (18O/16O)standard |
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No es fácil distinguir en escalas de tiempo muy largas cuáles han sido los factores que más han intervenido en las variaciones 18O/16O de los foraminíferos, si la temperatura del agua en que se formaron, o el valor 18O/16O del agua del mar. Este último valor depende directamente de la mayor o menor acumulación de hielo continental. En un determinado período, tanto si la temperatura del mar decrecía, como si se formaban mantos de hielo en los continentes, el valor d18O de la calcita de los foraminíferos aumentaba. Por lo tanto, los valores bajos de d18O de los foraminíferos indican períodos cálidos y los valores altos períodos fríos, sin que se pueda determinar exactamente si la variación es debida a la temperatura o al volumen del hielo continental. Se considera que en general durante el Cenozoico el valor d18O de la calcita disminuye 0,25‰ por cada grado que aumenta la temperatura del agua, y disminuye un 0,1‰ por cada 10 metros que asciende el nivel del mar.
El análisis isotópico de los foramíníferos bénticos en diferentes sondeos oceánicos señala una evolución homogénea a nivel global de d18O, que depende del volumen de hielo acumulado en los continentes y de las temperaturas del agua profunda. Esta homogeneidad permitió a Emiliani (Emiliani, 1955) y a oceanógrafos posteriores parcelar el último millón de años en sucesivos estadios isotópicos marinos (mis: marine isotope stages), según los valores de d18O. Los estadios, que son numerados, se suelen dividir a su vez en subestadios, que suelen estar representados con letras minúsculas. En el Ultimo Ciclo Glacial se distinguen cinco estadios. Comienza con el estadio número 5, dividido en cinco subestadios (el subestadio 5e corresponde al pico del interestadial Eemiense). Los mis 4, 3 y 2 cubren la segunda parte de la glaciación (desde hace ~75 ka). Y el último, el estadio número 1 corresponde al Holoceno.
Variaciones en cantidad y en especies. Las temperaturas de las masas de agua pueden también ser determinadas estudiando las agrupaciones de foraminíferos que vivieron en ellas. Los foraminíferos, de los que hay una gran variedad de especies, son muy sensibles a la temperatura del agua en que viven. De una especie a otra existen claras diferencias en las preferencias de las masas de agua en que se desarrollan, ya sean de tipo polar, subpolar, mixta o tropical. Así, los porcentajes de aparición de cada especie en las muestras fósiles de los sedimentos oceánicos permiten determinar el tipo de agua en que se desarrollaron en cada período. De esta forma se deducen indirectamente las variaciones de temperatura habidas en las diversas regiones oceánicas. Estos cambios de temperatura indican a su vez las variaciones ocurridas en la dirección y en la intensidad de las corrientes marinas, tanto superficiales como profundas.
Elementos traza: magnesio, estroncio, cadmio y boro
Investigaciones sistemáticas en muchos sondeos marinos en diversas latitudes, y en experimentos de laboratorio con cultivos de foraminíferos, han permitido establecer una fórmula que relaciona la ratio Mg/Ca con las temperaturas del agua del mar. Cuanto mayor sea la temperatura del agua, más cantidad de magnesio precipita en las conchas. Así, por ejemplo, se ha podido determinar a partir de varios sondeos en el Atlántico que sus aguas profundas se han enfriado unos 12ºC en los últimos 50 Ma. También este método aplicado a los foraminíferos de la cuenca marina de Cariaco (Venezuela) ha permitido deducir que las fases de la última desglaciación, Younger Dryas incluído, afectaron también al Atlántico tropical (Lea et al., 2003).
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Una vez conocida la variación de temperatura de las aguas mediante el análisis del magnesio, se puede calcular la parte del valor de d18O de los foraminíferos bénticos que corresponde a este factor, y el resto corresponderá a las variaciones isotópicas del agua del mar, dependientes a su vez de la mayor o menor acumulación del hielo continental durante el transcurso de esos 50 millones de años. En definitiva, conjuntando el análisis del Mg con el de d18O se puede saber cuándo ha habido glaciaciones en los últimos 50 Ma (Nurnberg, 2000). Gracias al análisis del Mg, sondeos en el Pacífico Ecuatorial han determinado que las temperaturas allí en el Ultimo Máximo Glacial eran unos 3ºC inferiores a las actuales. Y comparando la evolución de estas temperaturas con la evolución de d18O , se ha llegado a la conclusión sorprendente de que durante los últimos ciclos glaciales los cambios térmicos en el Pacífico Ecuatorial precedieron a la acumulación de hielo en los mantos continentales en unos 3.000 años. Esto indica que el Pacífico Ecuatorial debió jugar un papel activo en las glaciaciones del planeta (quizás, afectando al intercambio de calor entre el mar y el aire, y también al intercambio de vapor de agua y de CO2 (Lea, 2000). Uno de los problemas del método del Mg/Ca es que, gracias al estudio de erizos marinos fósiles, se ha descubierto que la proporción Mg/Ca del agua del mar ha variado mucho a lo largo del Fanerozoico (Dickson, 2002)
Estroncio Con respecto a otro elemento traza importante, el estroncio, se ha comprobado que la intensidad del monzon asiático durante la glaciación se manifiesta en la concentración marina de sus isótopos. El estroncio se encuentra en pequeñas cantidades en la calcita de foraminíferos y en los corales. El estroncio, disuelto en el océano, está compuesto de dos isótopos, cuya ratio, 87Sr/86Sr, es indicativa de un mayor o menor drenaje de las corrientes fluviales. Las rocas silicatadas de granitos y gneisses tienen una mayor ratio 87Sr/86Sr. El sistema Ganges-Bramaputra tiene por eso altos coeficientes de 87Sr/86Sr que, en épocas de fuerte erosión y escorrentía, modifican al alza la partición isotópica del agua oceánica. Además se observa una correlación entre los niveles de 18O y los del 87Sr en los corales y foraminíferos, lo que corrobora la idea de que en los períodos fríos disminuye la fuerza de los monzones y, en consecuencia, los procesos erosivos del Himalaya (Dia, 1992) . En los últimos 40 millones de años la ratio 87Sr/86Sr del agua marina ha aumentado de 0,7078 a 0,7092, debido probablemente al levantamiento del Tibet, que a su vez es un factor fundamental en la tendencia al enfriamiento general del planeta.
Un indicativo químico
del funcionamiento de las corrientes profundas es el cadmio que se encuentra
también en pequeñas cantidades en los caparazones de los
foraminíferos bénticos. La cantidad de cadmio que se encuentra
en sus conchas depende de la cantidad de cadmio disuelto en el agua. Ahora
bien, la cantidad de cadmio disuelta en el agua es similar a los de los
nutrientes esenciales, los fosfatos y los nitratos. De esta forma el cadmio
de los foraminíferos fósiles nos puede también indicar
el mayor o menor recorrido de las aguas profundas, y darnos claves sobre
la circulación general termohalina. En la actualidad el alto contenido
de PO4 y Cd en las profundidades del Pacífico
con respecto al agua profunda del Atlántico es atribuído
a esta circulación, que va acumulando cadmio y nutrientes en su
recorrido. La reducción de esta diferencia interoceánica
durante los períodos más fríos puede indicar que
la formación de NADW y la circulación
termohalina era entonces menos intensa. Boro También los esqueletos de los foraminíferos incorporan boro equivocadamente. La composición isotópica de este boro depende de la proporción de borato y ácido bórico existente en el agua, que a su vez depende del pH. Y el pH oceánico depende, entre otras cosas, de la cantidad de CO2 disuelto en el agua en forma de ácido carbónico, en consonancia, a su vez, con la concentración de CO2 atmosférico. Así, el estudio isotópico del boro de las conchas de los foraminíferos fósiles permite determinar, con más o menos precisión, la evolución del CO2 oceánico, y atmosférico (Pearson, 2000). De todas formas, los resultados son discutidos pues no concuerdan con los obtenidos utilizando otras técnicas recientes de estudio del pH en los tiempos glaciales, también basados en el análisis de las conchas de los foraminíferos (Anderson, 2002). referencias: Anderson D. Et al., 2002, Increase in the Asian Southwest
monsoon during the past four centuries, Science, 297, 596-599 |
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