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Eventos
Heinrich, icebergs y circulación oceánica
A lo largo
de la Ultima Glaciación hubo 6 episodios, denominados eventos
Heinrich (Heinrich, 1988), en los que se depositaron en los fondos del
Atlántico, en una zona comprendida entre los 40ºN y los 55ºN,
cantidades anormalmente grandes de detritos rocosos transportados por
icebergs (ice rafted debris). Los témpanos de hielo, al llegar
a aguas más cálidas, se derretían y los materiales
rocosos, que habían arrancado del sustrato continental antes
de su caída al mar y que habían luego transportado consigo,
se soltaban, se hundían y se depositaban en el fondo del Atlántico.
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Las lenguas y mantos glaciares arrancan trozos de la roca madre que acarrean
hasta el mar. Los icebergs los transportan a largas distancias hasta que
el hielo se descongela y los derrubios caen al fondo del océano (ver
mapa). Los episodios Heinrich son momentos de la última glaciación
que corresponden a deposiciones intensas de estos sedimentos en el Atlántico. |
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El investigador
Harmut Heinrich observó que estos niveles de sedimentos, que
se formaron hace 17,5 ka, 22 ka, 30 ka, 38 ka, 45 ka y 65 ka contienen
fragmentos de rocas provenientes de las costas de Europa del Norte,
pero la mayor parte provienen de Norteamérica y en especial de
la Bahía de Hudson. La trayectoria de los icebergs, marcada por
la presencia y el diferente espesor de los materiales sedimentados,
indica que alcanzaron distancias alejadas más de 3.000 kilómetros
de su lugar de origen. Los espesores de los detritos encontrados disminuyen
por lo general de oeste a este, de un grosor de varios metros a sólo
unos centímetros.
Normalmente los eventos Heinrich coincidían, pero no siempre,
con el final de fases de progresivo enfriamiento de unos 10 ka de duración
(Bond, 1992). Coincidían también con la proliferación
en las aguas del Atlántico Norte del foraminífero planctónico
Neogloboquadrina Pachyderma (de cola levógira), típico
de las aguas polares. La teoría más apoyada es que los
mantos de hielo americanos, al crecer demasiado, se desequilibraban
y se producían enormes derrumbes de hielo (surges), que en el
Atlántico formaban grandes flotillas de témpanos a la
deriva. Estos colapsos podían estar también provocados
por la fusión en la base del hielo, causada por el calor del
subsuelo rocoso, el cual iba quedando atrapado debajo del domo de hielo
a medida que este iba creciendo. Se ha indicado también la posibilidad
de que la propia masa de hielo del manto Laurentino, al aumentar de
peso, acabase provocando pequeños seísmos que hacían
derrumbarse al hielo.
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| Trayectoria
de los icebergs en el Atlántico durante las épocas más
frías de la glaciación. Se señala con una línea
blanca la latitud hasta donde llegaban antes de descongelarse por completo
y depositar los derrubios rocosos que acarreaban consigo. |
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Señales
del enfriamiento coincidente con los eventos Heinrich se manifiestan
en el análisis de sedimentos —alquenonas, foraminíferos,
sedimentos lacustres— en lugares muy alejados de la propia zona
por la que se movían los icebergs: las costas de Portugal, el
Mediterráneo Occidental, el nordeste de Brasil, el Golfo de Guinea,
la península de Florida (Broecker, 2001). Incluso parecen afectar,
por complejas teleconexiones oceánicas y atmosféricas,
a la intensidad de los monzones en el este de Asia (Wang, 2001). También
en los mares del sur, en un sondeo cercano a la isla meridional de Nueva
Zelanda, se ha encontrado, mediante el análisis de las alquenonas,
que aumentaba la productividad del fitoplancton durante los episodios
Heinrich del norte, debido probablemente a variaciones en la circulación
oceánica termohalina (Sachs, 2005).
La influencia de los eventos Heinrich en el clima global, o al menos
en el del hemisferio norte, se hacía sentir porque al derretirse
los icebergs de agua dulce disminuía la salinidad de las aguas
superficiales del Atlántico Norte. Disminuía, por lo tanto,
la densidad del agua y se debilitaba el movimiento convectivo de hundimiento
en los Mares Nórdicos. La menor producción de agua profunda
en el Atlántico (NADW), se compensaba con una mayor producción
de agua profunda en la Antartida (AABW), que desde allí se movía
con rumbo norte, cruzaba el Ecuador y avanzaba por el fondo hasta latitudes
muy altas del hemisferio septentrional.
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En el
Atántico, con una circulación
termohalina muy debilitada, la Corriente del Golfo no llegaba a
las latitudes altas y se producía en superficie un avance hacia
el sur de las masas de agua polares, que llegaba hasta la costas del
sur de Portugal (Bard, 2000). En el episodio Heinrich1, al comienzo
de la desglaciación, entre hace 18.000 y 16.000 años,
los sondeos frente a la costa del sur de Portugal indican unas temperaturas
más frías incluso que las del Ultimo Máximo Glacial
(McManus, 2004). De esta forma, durante los eventos Heinrich, aumentaba
el gradiente térmico latitudinal entre las zonas tropicales y
las latitudes medias y altas, provocando cambios en los transportes
atmósféricos de humedad (zonales y meridianos), que afectaban
al clima no sólo del Atlantico sino también del Pacífico.
Los eventos Heinrich daban paso posteriormente a una salinización
de las aguas del Atlántico Norte, que era clave en la reanudación
de la circulación termohalina. Ocurría que, tras las descargas
de icebergs, menguaba en muchas partes la masa de hielo de las lenguas
glaciares que desaguaban en la costa. Disminuía el aporte de
agua dulce al mar y, en consecuencia, aumentaba de nuevo la salinidad
del Atlántico Norte. Entonces se reanudaba con rapidez la circulación
de la cinta transportadora oceánica (el conveyor belt)
y se intensificaba la Corriente del Golfo. Se producía una brusca
subida de las temperaturas en las latitudes medias-altas y se entraba
en un cálido interestadial.
Otro de los motivos posibles de esta salinización de las aguas
del Atlántico Norte, que sucedía al evento Heinrich, podía
provenir de la modificación de la circulación atmosférica,
al reducirse la altura del manto Laurentino
tras el colapso de hielo. Durante el período frío anterior,
la altura y volumen que iba ganando el manto Laurentino era responsable
del incremento de los vientos septentrionales y muy fríos que
llegaban al Atlántico canalizados por el valle que separaba el
propio manto Laurentino de Groenlandia (lo que es hoy el mar de Labrador).
Estos vientos gélidos del Artico iban enfriando cada vez más
las aguas superficiales oceánicas del noroeste del Atlántico.
Luego, la reducción de la altura del manto Laurentino provocaba
un retorno a condiciones más parecidas a las actuales, es decir,
a vientos del oeste no tan fríos. El mayor efecto de evaporación
de estos vientos del oeste ayudaba a la salinización de las aguas
superficiales del Atlántico Norte, a su densificación
y a la reinstalación más o menos intensa de las corrientes
termohalinas y de la Corriente del Golfo (Paillard, 1994).
Finalmente,
otro factor de la salinización podía ser un aumento del
transporte aéreo de vapor de agua del Atlántico hacia
el Pacífico, a través del istmo de Panamá, que
se producía cuando la zona de convergencia intertropical (ITCZ)
se desplazaba más al norte que antes durante el verano boreal
y motivaba unos alisios más fuertes (Leduc, 2007).
Es posible que los colapsos de hielo del manto Laurentino y su repercusión
en el enfriamiento del Atlántico Norte influyesen también
en el comportamiento de los otros mantos de hielo (Groenlandés,
Finoescandinavo, Islandés y Británico), cuyos avances
y retrocesos a su vez inducirían otros cambios menores en la
circulación y en el clima del Atlántico (Marshall McCabe,
1998).
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referencias:
Bard E. et al., 2000, Hydrological impact
of Heinrich events in the subtropical Northeast Atlantic, Science, 289,
1321-1324
Bond G et al. 1992, Evidence for massive discharges of
icebergs into the North Atlantic ocean during the last glacial period,
Nature, 360, 245-249
Broecker W. & Hemming S., 2001, Climate swings come
into focus, Science, 294, 2308-2309
Heinrich H. 1988, Origin and consequences of cyclic ice
rafting in the Northeast Atlantic Ocean during the past 130.000 years,
Quaternary Research, 29, 142-152 Leduc G. et al., 2007, Moisture transport
across Central America as a positive feedback on abrupt climatic changes,
Nature 445, 908-911
Marshall McCabe A & Clark P. 1998, Ice-sheet variability
around the North Atlantic Ocean during the last deglaciation, Nature,
392, 373-377
McManus J. et al., 2004, Collapse and rapid resumption
of Atlantic meridional circulation linked to deglacial climate changes,
Nature, 428, 834-837
Paillard D & L.Labeyrie 1994, Role of the thermohaline
circulation in the abrupt warming after Heinrich events, Nature, 372,
162-164
Sachs J. & F. Anderson, 2005, Increased productivity
in the subantarctic ocean during Heinrich events, Nature, 434, 1118-1121
Wang Y. et al., 2001, A high-resolution absolute-dated
late Pleistocene monsoon record from Hulu Cave, China, Science, 294, 2345-2348
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