| |
|
|
|
|
|
|
|
|
| |
El
clima cálido del Plioceno y la transición al Cuaternario
El
Terciario acaba en el período Plioceno, que transcurre entre
hace 5,4 y 2,5 millones de años (o bien 1,6 millones de años
en la datación tradicional). El clima del Plioceno fue en
su mayor parte mucho más cálido que el actual. Así
lo indican tanto los estudios de pólenes y de fósiles
de animales terrestres, como el análisis de los conjuntos
de foraminíferos marinos.
Al inicio del Plioceno, entre hace 5 Ma y 4 Ma, se frenó el
enfriamiento que había venido ocurriendo en la segunda parte
del Mioceno. Se invirtió la tendencia térmica y ya en
el Plioceno Medio, durante el intervalo comprendido entre hace 4 Ma
y 3 Ma, la temperatura global media era posiblemente unos 3ºC superior
a la actual (Dowsett, 1999). Se ha denominado "Optimo Climático
del Plioceno Medio" al intervalo específico de 300.000
años que va desde hace 3,3 Ma hasta hace 3 Ma.
El
estudio de atolones coralinos y de terrazas costeras indica que el
nivel de los mares se elevaba entonces unos treinta
metros por encima de la cota actual, debido al menor volumen de hielo
acumulado en la Antártida y en Groenlandia.
Todos
los veranos, la banquisa del Océano Glacial Artico se descongelaba
por completo. Bosques de coníferas crecían incluso en
la costa norte de Groenlandia, en donde se han encontrado restos fósiles
de árboles de aquella época (Bennike, 2006). El estudio
de la distribución de las diatomeas fósiles depositadas
en el fondo indica también que la banquisa invernal de la Antártida
era también allí bastante menos extensa que la actual.
El
clima en el Mediterráneo era más cálido, con
5ºC de temperatura invernal por encima de la actual, y con una precipitación
media anual entre 400 y 1000 mm mayor que la de hoy (Haywood, 2000).
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Plioceno Medio, hace 3 millones
de años, poco antes del enfriamiento que daría entrada
al Cuaternario. En los mapas se indican las probables diferencias
de temperatura del agua de la superficie marina con respecto al
presente (ºC) en los meses de Agosto y Febrero (fuente Dossett).
|
|
|
| |
|
|
|
|
|
|
|
|
No
se conocen bien los motivos de este clima muy cálido de mediados
del Plioceno, si bien se cree que estaba sostenido por una robusta
circulación oceánica en el Pacífico y en el Atlántico,
tanto superficial como profunda.
En
el Pacífico tropical, los estudios de foraminíferos
a uno y otro lado del océano indican resultados contradictorios.
Para algunos, paradójicamente, la situación prevalente
en este período cálido era la de la Niña, con
alisios muy fuertes y afloramiento intenso de aguas frías en
la región oriental (Rickaby, 2005). Pero para otros, y esta
es la teoría que ahora parece más cierta según
los datos termométricos revelados por las alquenonas,
ocurría lo contrario: se daba una condición casi permanente
del Niño, con pocas diferencias térmicas entre el oeste
y el este del océano tropical (Wara, 2005) (Fedorov, 2006).
En
la actualidad el agua de la zona occidental asiática del Pacífico
Ecuatorial tiene una temperatura media superficial de unos 29ºC, pero
en la zona oriental americana, la temperatura media es de tan sólo
23ºC, debido al afloramiento en superficie de aguas profundas venidas
de las profundidades (upwelling). Al parecer, durante el
Plioceno, una capa superficial de agua cálida en esta parte
oriental del Pacífico Ecuatorial impedía el afloramiento
de aguas frías. Se daba por lo tanto una situación permanente
semejante a la que hoy tenemos de forma esporádica cuando ocurre
el fenómeno del Niño (Lawrence, 2006).
3.
Enfriamiento final y transición al Cuaternario
Tras
este intervalo muy cálido del Plioceno Medio se produjo el
último empuje del frío.
Durante
cortos y sucesivos períodos fríos empezó a acumularse
hielo en el norte de América y de Europa, y los icebergs hacían
acto de presencia en el norte del Atlántico. La variabilidad
del clima se agudizó, propiciada por los ciclos
astronómicos de Milankovitch, y en especial por el ciclo
de variación de la oblicuidad del eje, de 41.000 años
de duración.
Para
la formación de los mantos de hielo sobre Norteamérica
y Eurasia se necesitaba que las nieves que caían durante el
invierno fuesen muy intensas. La corriente del Golfo, reforzada por
el cirerre del istmo de Panamá, pudo venir en ayuda de esto
último. El calor de las aguas incrementó la evaporación
invernal y la humedad atmosférica necesaria para que las precipitaciones
de nieve fuesen abundantes en Canadá y Escandinavia. Además,
en invierno, en el norte del Atlántico, el contraste de temperatura
entre la masa de aire atlántica —más cálida,
gracias a la corriente del Golfo— y la masa de aire muy frío
que salía del continente intensificó la ciclogénesis.
Los intensos temporales producían fuertes nevadas tanto en
el nordeste de Canadá y de Estados Unidos, como en Escandinavia.
La abundante acumulación de nieve resistía el deshielo
estival y cuando las condiciones astronómicas eran favorables
crecían y avanzaban los mantos glaciales.
Una
nueva teoría oceanográfica alternativa explica que la
acumulación de hielo continental en Norteamérica fue
posible gracias a que las aguas subárticas del Pacífico
atravesaron entonces períodos de marcada diferencia estacional
de temperaturas, muy frías en invierno y muy cálidas
en verano. Así, durante el final del verano y el otoño,
el calor de las aguas y la evaporación intensa facilitarían
fuertes nevadas y la formación de mantos de hielo en el noroeste
del continente americano (Haug, 2005).
Recientemente
se ha publicado la hipótesis de que el enfriamiento global
comenzó cuando empezó a fallar la situación permanente
de El Niño que había dominado durante la época
anterior en el Pacífico Tropical. Esto habría ocurrido
cuando el nivel que separa las aguas cálidas superficiales
de las frías profundas (la termoclina) se elevó, adelgazándose
en el este del Pacífico la capa de aguas cálidas y permitiendo
el afloramiento de aguas frías más profundas, tal y
como ocurre actualmente en una situación normal sin Niño.
El enfriamiento de las aguas océanicas profundas de todos los
océanos vendría determinado a su vez por una mayor producción
de agua fría profunda en el Atlántico Norte, acelerada
por una circulación termohalina más intensa (Fedorov,
2006).
|
|
|
4.
El cierre del istmo de Panamá y la congelación
del Artico
La
gran modificación de las corrientes oceánicas que culminó
a finales del Plioceno consistió en el cierre total de la comunicación
que existía entre el Atlántico y el Pacífico
por América Central. El cierre del paso fue un proceso gradual
que comenzó hace 13 millones de años y que probablemente
se terminó hace 4 millones de años, cuando la sutura
entre las dos Américas, norte y sur, permitió la emigración
de mamíferos terrestres en ambos sentidos.
La
explicación geológica es que la placa tectónica
del Caribe, al avanzar hacia el este, creó el istmo de Panamá
y juntó las dos Américas. El cierre tuvo una inmediata
repercusión oceánica y modificó probablemente
el clima del Atlántico Norte al desvíar hacia allí
todo el caudal de la corriente ecuatorial, reforzando la Corriente
del Golfo.
Según
una paradójica teoría, las aguas cálidas transportadas
por la Corriente del Golfo ayudaron, por extraño que parezca,
a la iniciación de las glaciaciones en las altas latitudes
del hemisferio norte (Driscoll, 1998). Aunque a priori podría
pensarse que el refuerzo del transporte de las aguas tropicales hacia
el norte del Atlántico debería haber provocado lo contrario
a una glaciación, quizás lo que provocó fue la
formación de los grandes mantos de hielo de Norteamérica
y de Europa del Norte.
Según
esta teoría, el aumento de la temperatura del Atlántico
Norte incrementó la evaporación. De esta forma se hicieron
más húmedas las masas de aire atlánticas que
los vientos del oeste de las latitudes medias transportaban hacia
el interior del continente euroasiático.
|
|
|
|
|
|
Por
lo tanto, las precipitaciones en Siberia aumentaron y, con ellas,
el caudal de los ríos siberianos que descargan en el Artico.
Con
la llegada de un mayor caudal de agua dulce, las aguas del océano
polar perdieron salinidad y, en consecuencia, se facilitó su
congelación, ya que el agua dulce no requiere de temperaturas
tan bajas como el agua salada para helarse. En un efecto de retroacción
positiva la congelación de las aguas superficiales del Artico
hizo aumentar el albedo en una región muy vasta y además
aisló el océano de la atmósfera, disminuyendo
la transferencia de calor del agua al aire.
Un
factor que también pudo influir en la dulcificación
de las aguas del Artico fue la apertura del estrecho de Bering, a
través del cual comenzó a penetrar en el Artico agua
menos salada proveniente del Océano Pacífico. Del estudio
de los sedimentos marinos de aquella zona se ha deducido que una primera
apertura del estrecho, por hundimiento tectónico de Beringia,
pudo haberse producido hace 5 Ma.
|
|
|
|
Otra
teoría sobre la congelación del Artico sostiene que
antes del cierre del istmo, la Corriente del Golfo se adentraba más
profundamente en el Artico que después del cierre. De esta
forma, el Artico permanecía descongelado, al menos en verano.
Ocurriría
que, cuando el paso del istmo de Panamá estaba aún abierto,
una parte del caudal de agua muy salada de la corriente ecuatorial
del Atlántico se escapaba al Pacífico, en vez de dirigirse
al norte. Eso hacía que la salinidad y la densidad de la corriente
superficial del Golfo y de la Deriva Nordatlántica no fuese
tan alta, lo cual facilitaba que se adentrase en el Artico. Pero cuando
el istmo se cerró aumentó el origen tropical del caudal
de la corriente y también aumentó su salinidad. Desde
entonces, la masa de agua que transporta, muy salada y densa, se densifica
aún más por enfriamiento al avanzar hacia el norte y
se hunde antes de alcanzar propiamente el Artico.
Una
inconsistencia de esta teoría es que al parecer el cierre
del istmo de Panamá ocurrió bastante antes, hace unos
4 millones de años. Algunos modelos tampoco parecen indicar
que el cierre del istmo de Panamá fuera la causa de la glaciación
del Artico, sino más bien lo contrario, que ésta se
produjo por otras razones y venciendo el handicap del ese cierre
(Klocker, 2005).
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
| |
En el Plioceno (izquierda), cuando
el paso de Panamá estaba abierto, gran parte de la corriente
ecuatorial del Atlántico pasaba al Pacífico. La Corriente
del Golfo era más débil pero lograba entrar en el Artico,
manteniéndolo descongelado todo el año. Al cerrarse el
istmo de Panamá (derecha) la corriente del Golfo se reforzó,
pero al acarrear aguas más saladas y, por lo tanto, más
densas, se hundían por enfriamiento (como en la actualidad) en
los Mares Nórdicos y de Labrador (elipses). Se representa con
línea morada la corriente profunda de retorno que se dirige al
sur desde los lugares nórdicos de hundimiento. En rojo, las corrientes
superficiales cálidas y en azul las frías.
|
|
|
| |
|
|
|
|
|
|
|
|
| |
5.
Aridificación de Africa Oriental
Otro
cambio climático importante del Plioceno fue que el clima
de Africa Oriental se hizo más árido, lo que provocó
importantes cambios paisajísticos —expansión
de las sabanas— y faunísticos —proliferación
de los bóvidos—, lo que pudo haber sido un catalizador
en la evolución de los homínidos (Kerr, 2001).
El
comienzo de períodos áridos y fríos, que se
inicia a final del Mioceno y que se manifiesta más claramente
desde hace unos 2,8 Ma, puede estar relacionada con un enfriamiento
de las aguas del Océano Indico. Este enfriamiento
pudo deberse a la emersión tectónica de nuevos territorios
isleños en Indonesia, como la isla de Timor, y el avance
hacia el norte de Nueva Guinea, por lo que se habría ido
cerrando la entrada en el Indico de agua acarreada por la corriente
muy cálida del Pacífico Sudecuatorial, primando desde
entonces la entrada de agua traída por la corriente más
fría del Pacífico Norecuatorial. Este enfriamiento
del Indico, motivado por el cambio en las corrientes oceánicas,
modificaría a su vez la circulación atmosférica
y la capacidad higrométrica del aire en aquella región,
y estaría en el origen del aumento de la aridez en Africa
Oriental (Cane, 2001).
Otra
teoría más reciente (Sepulchre, 2006) atribuye la
aridificación al levantamiento tectónico de la región,
lo que habría llevado a una reorganización de los
vientos y a la reducción de la entrada de aire húmedo
del Indico en la región. Según estos investigadores
el proceso de cambio topográfico y desviación de los
vientos habría comenzado ya en el Mioceno final, hace unos
8 millones de años.
|
|
|
| |
referencias:
Bennike O., 1998, Late Cenozoic
wood from Washington Land, North Greenland, Geology of Greenland
Survey Bulletin 180, 155-158
Cane M. & Molnar P., 2001, Closing
of the Indonesian seaway as a precursor to east African aridification
around 3-4 million years ago, Nature, 411, 157-162
Dowsett H. et al.,1999, Middle Pliocene paleoenvironmental
reconstruction: PRISM2, USGS open file, report 99-535
Driscoll N.W. & Haug G.H. 1998, A short circuit
in thermohaline circulation: a cause for Northern Hemisphere Glaciation
?, Science, 282, 436
Fedorov A.V., 2006, The Pliocene paradox (mechanismsfor
a permanent El Niño), Science, 312, 1485-1489
Haug G.H. & Tiedemann R. 1998, Effect of the
formation of the Isthmus of Panama on Atlantic Ocean thermohaline
circulation, Nature, 393, 673-676
Haug G.H., 2005, North Pacific seasonality and the
glaciation of North America 2.7 million years ago, Nature, 433, 821-825
Haywood A. et al, 2000, Regional warming: Pliocene
(3Ma) paleoclimate of Europe and the Mediterranean, Geology , 28-12-1063/1066
Kerr E., 2001, Evolutionary pulse found, but complexity
as well, Science, 293, 2377
Klocker A. et al., 2005, Testing the influence of
the Central American seaway on orbitally forced Northern Hemisphere
glaciation, Geophysical Research Letters, 32, L03703
Lawrence K. et al., 2006, Evolution of the Eastern
Tropical Pacific through Plio-Pleistocene glaciation, Science,
312, 79-83
Rickaby R. & Halloran P., 2005,
Cool La Niña during the warmth of the Pliocene?, Science, 307,
1948-1952 Sepulchre P. et al., 2006, tectonic
uplift and Eastern Africa aridification, Science, 313, 1419-1423
Wara M., 2005, Permanent El Niño-like conditions
during the Pliocene warm period, Science, 309, 758-761
Antón Uriarte Cantolla
|
|
| |
|
|
|
|
|
|
|
|
| |
Historia
del Clima |
|
|
|
|
|
|
|
| |
|
|
|
|
|
|
|
|