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Oligoceno:
el hielo recubre la Antártida
Tras el prolongado y suave enfriamiento de la segunda parte del Eoceno,
al inicio del Oligoceno, hace unos 34 Ma, se produjo un bajón
de las temperaturas, en un episodio brusco denominado Oi-1. En la Tierra
acababa así un período invernadero y comenzaba un período
nevera (“ice house period”) en el que desde entonces
hay hielo permanente en alguno de los dos polos.
En
algunas zonas continentales la temperatura media bajó hasta 8ºC
(Zanazzi, 2007). La temperatura del agua del fondo del mar decendió
por debajo de los 3ºC. Como consecuencia del frío se produce
una fuerte extinción de especies marinas (Ivany, 2000).
En
los continentes, muchas zonas de bosque boreal se transforman en áreas
de tundra, y más al sur, paisajes boscosos pasan a ser paisajes
esteparios. Los restos paleontológicos euroasiáticos señalan
grandes cambios faunísticos, con migraciones de animales y extinciones
en masa (Meng & McKenna, 1998). Probablemente el enfriamiento global
hizo disminuir la humedad ambiental y llevó a la aridificación
de gran parte del norte de Asia (Dupont-Nivet, 2007)
Otra
señal más compleja, como la profundización brusca
del nivel de disolución oceánica de las calizas (CCD),
indica también una abrupta variación hace 34 millones
de años en el ciclo del carbono,
ligada a la acumulación de hielo en los continentes. La explicación
consiste en que la bajada del nivel del mar hace que disminuya la sedimentación
de carbonatos en los mares someros costeros, cuyos fondos han quedado
emergidos, y que aumente la masa de carbonatos que descienden hacia
las profundidades en los océanos abiertos. Esto último
hace que la lisoclina, o nivel de disolución de las calizas,
quede en poco tiempo mil metros más abajo, tal y como muestran
análisis geógicos del fondo de los mares (Coxall, 2004;
Tripati, 2005).
hielo
en la Antártida
El enfriamiento global estuvo ligado a la primera gran acumulación
de hielo en la Antártida, que ocurrió inicialmente en
su mitad oriental, ya que su mitad occidental estaba todavía
en gran parte sumergida.
En
este intervalo de transición, Oi-1, el aumento del oxígeno
18 de las aguas marinas (que queda constatado en el estudio de los foraminíferos
bénticos) es prueba de la acumulación de hielo en el continente
y de la disminución del nivel y del volumen del agua marina.
Un cambio en la circulación oceánica fue probablemente
determinante, aunque no todos están de acuerdo (Bowen, 2007).
La Antártida, a pesar de haber estado centrada en el Polo Sur
desde principios del Cretácico, se había mantenido hasta
entonces libre de hielo, pero cuando se aisló de Sudamérica
y de Australia quedó rodeada por una corriente marina fría.
El aislamiento definitivo del continente austral se produjo tras la
apertura del estrecho de Drake, que lo separó de Sudamérica,
y tras la apertura del mar al sur de Tasmania, que lo separó
de Australia (Exon, 2002; Sher, 2006). Entonces, se formó la
corriente fría circumpolar antártica que comenzó
a poner trabas a que llegase hasta allí la influencia térmica
moderadora de las aguas de las latitudes medias y tropicales. Estó
ayudó a que se formase una extensa banquisa invernal de hielo
marino y posteriormente a que comenzase a acumularse hielo en el continente.
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De
todas formas, quizás el origen del enfriamiento de las aguas
cercanas a la Antártida es más complejo.
Según
otra teoría, antes del enfriamiento del Oligoceno, no eran corrientes
superficiales cálidas venidas del norte las que habían
mantenido el calor en la costa de la Antártida, sino el afloramiento
costero de una masa de agua, salada y templada, que también llegaba
desde las zonas tropicales, pero por las profundidades. Esta masa de
agua profunda tenía su origen en las plataformas costeras del
gran mar tropical de Tethys. Allí, debido a la fuerte evaporación,
las aguas superficiales se salinizaban, se hacían más
densas y se hundían, comenzando un recorrido por las profundidades
oceánicas que llegaba hasta latitudes muy meridionales, hasta
aflorar en las proximidades de la Antártida.Pero
a principios del Oligoceno el juego de la tectónica de placas
en el margen meridional del mar de Tethys fue estrechando la separación
entre Africa y Eurasia, y reduciendo poco a poco la extensión
de las plataformas costeras. En consecuencia fue menguando el caudal
de la masa de agua que se hundía allí y que luego emergía
en latitudes australes (Robert, 1992).
Sea
cual sea el origen de su formación, el aumento del hielo en la
Antártida no ha sido lineal sino que es muy posible, que a lo
largo de estos últimos 30 o 40 millones de años haya sufrido
avances y retrocesos, especialmente en las cuencas glaciares de su parte
occidental. En efecto, la base del hielo en esta parte occidental de
la Antártida está en muchos sitios a un nivel más
bajo que el nivel del mar, lo que habrá podido facilitar deshielos
temporales de esa región. De hecho en esta zona occidental de
la Antártida se han encontrado en los sedimentos del fondo, bajo
la base del manto actual de hielo, fósiles de diatomeas que debieron
vivir en aguas abiertas, libres de hielo, correspondientes probablemente
a intervalos más calidos que el actual (Scherer, 1998).
Otra
indicación del posible deshielo temporal del occidente de la
Antártida y de que la zona pudo estar cubierta por el mar durante
algunas épocas de los últimos millones de años,
es la aparición, en los sedimentos que yacen debajo del manto
de hielo, de un isótopo del Berilio, el Be10, que los rayos cósmicos
producen en la atmósfera al chocar con el aire y que luego es
absorbido por partículas marinas superficiales que se sedimentan
con él. De haber existido una capa de hielo perenne desde su
inicio en el Oligoceno, el Be10 no habría podido llegar nunca
al fondo y sedimentarse.
azufre volcánico
Otros factores que se han barajado para explicar el enfriamiento del
Oligoceno son la disminución del CO2 que fue ocurriendo a lo
largo del Cenozoico por causas poco claras (DeConto & Pollard, 2003)
y la actividad volcánica.

Según
la teoría volcánica, hace unos 30 millones de años,
en las tierras fronterizas de Somalia y Etiopía, en el cuerno
de Africa, enormes coladas de basalto cubrieron una superficie de una
extensión semejante a la de España (500.000 km2) con un
espesor de hasta 2.000 metros de lava en algunos lugares. Tales episodios,
que debieron durar con intermitencias casi 1 millón de años,
arrojaron enormes cantidades de SO2 a la Atmósfera y coincidieron
con un recrudecimiento del frío, el avance de la glaciación
de la Antártida, la mayor bajada del nivel del mar durante el
Cenozoico y la extinción de numerosas y significativas especies
(Hofmann, 1997).
calentamiento
final
La
curva isotópica del oxígeno de
los foraminíferos muestra que el Oligoceno acaba de todas
formas con un evento de calentamiento (Late Oligocene Warming Event),
hace unos 25 millones de años, que conllevó probablemente
un cierto deshielo y una subida del nivel del mar con transgresiones
marinas asociadas.
referencias:
Bowen G. 2007, Paleoclimate:
Whenthe world turned cold, Nature, 445, 607 Coxall H. et al.,
2004, Rapid stepwise onset of Antarctic glaciation and deeper calcite
compensation in the Pacific Ocean, Nature, 433, 53-57
DeConto R. & D. Pollard, 2003,
Rapid Cenozoic glaciation of Antarctica induced by declining atmospheric
CO2, Nature, 421, 245-248 Dupont-Nive G. et
al. 2007, Tibetan plateau aridification linked to global cooling at
the Eocene-Oligocene transition, Nature, 445, 635-639
Exon N. et al., 2002, Drilling reveals climatic consequences
of tasmanian gateway opening, EOS, 83,23, 253-259
Hofmann C. et al. 1997, Timing of the Ethiopian flood
basalt event and implications for plume birth and global change, Nature,
389, 838
Ivany L. et al., 2000, Cooler winters as a possible
cause af mass extinctions at the Eocene/Oligocene boundary, Nature,
407, 887-890
Meng J. & McKenna M. 1998, Faunal
turnovers of Palaeogene mammals from the Mongolian Plateau, Nature,
394, 364-367
Robert C. y Chamley H. 1992, Late
Eocene-early Oligocene evolution of climate and marine circulation :
deep sea clay mineral evidence, in The Antarctic Paleoenvironment: a
perspective on global change, part one, ed. AGU, 97-117
Sher H. & E. Martin, 2006, Timing and cimatic consequences
of the opening of Drake Passage, Science, 312, 428-430
Scherer R.P. et al., 1998, Pleistocene collapse of
the West Antarctic Ice Sheet. Science. 281(373), 82-85.
Tripati A. & H. Elderfield, 2005,
Deep-sea temperature and circulation changes at the Paleocene-Eocene
thermal maximum, Science, 308, 1894-1898 Zanazzi A. et al.,
2007, Large temperature drop across the Eocene-Oligcene transition in
central North America, Nature, 445, 639-643
Antón
Uriarte Cantolla
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