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Eoceno
medio: comienza el enfriamiento
Hace 50 Ma, después del Máximo
Térmico del Eoceno Inicial (IETM), la tendencia
térmica se invierte y las temperaturas comienzan a bajar. Durante
todo lo que resta del Eoceno, en casi toda Europa y Asia, el clima pasa
a ser más frío y seco. Empieza a fraguarse la que va a
ser, en una escala geológica larga y a partir del Oligoceno,
un período nevera (ice-house period), en el que todavía
estamos metidos. Es decir, un período en el que en cualquier
estación del año va a haber hielo en los polos. Uno de
los datos más significativos de esta tendencia es la evolución
de la temperatura del fondo del mar, que de unos 12ºC hace 50 millones
de años pasa a sólamente 6ºC al final del Eoceno, hace
unos 35 millones de años( en la actualidad apenas supera los
2ºC).
el
CO2
Se
ha solido creer que la causa inicial de esta tendencia al enfriamiento
fue la reducción de la concentración de CO2 en la atmósfera
que se fue produciendo durante el clima caluroso del Paleoceno y de
principios del Eoceno. Un reciente estudio a partir de las
alquenonas de los sedimentos marinos determina que la concentración
de CO2 era superior a las 1.500 ppm (entre 3 y 5 veces el nivel actual).
Luego bajó con altibajos y era ya a mediados del Oligoceno de
unas 500 ppm (Pagani, 2005).
También
del estudio de la cristalización de diversas variantes de carbonatos
de sodio se deduce lo mismo. La precipitación de trona, en vez
de nacolita, otra variante del carbonato, indica que hubo una disminución
en la concentración de CO2 atmosférico a medida que transcurría
el Eoceno (Lowenstein, 2006)
Según
esta teoría, el clima cálido anterior terminó porque
un gran incremento del plancton oceánico acabó absorbiendo
gran parte del CO2 atmósferico. La existencia en numerosos sedimentos
marinos de una fuerte acumulación de barita (sulfato de bario),
mineral de origen biológico, parece demostrar la gran productividad
oceánica de aquel período inicial del Cenozoico (Bains,
2000).
Acompañando
el descenso del nivel de CO2, se producirían otros efectos de
enfriamiento, como la disminución del vapor de agua o el aumento
del albedo debido a la formación de hielo marino.
También
es posible que el propio clima cálido, que iría acompañado
de más húmedad, acelerara, por meteorización de
las rocas silicatadas, la pérdida de CO2 atmosférico.
Además, al mismo tiempo, debido a una menor actividad volcánica,
disminuyó la intensidad de las emisiones de CO2 a la atmósfera.
el
océano
Sin
embargo, algunos oceanógrafos creen que más importancia
que la pérdida de CO2 debieron tener los cambios en la circulación
oceánica ocasionados por movimientos geológicos de gran
envergadura, que a su vez provocaron cambios en la circulación
atmosférica (Rind, 1992). Una de estas modificaciones importantes
en la circulación oceánica contribuyó a la formación
del manto de hielo de la Antártida, que hizo aumentar el albedo
planetario y contribuyó al enfriamiento global.
referencias:
Bains S et al., 2000,
Termination of global warmth at the Palaeocene/Eocene boundary through
productivity feedback, Nature, 407, 171-174 Lowenstein K. &
R. Demicco, 2006, Elevated atmospheric CO2 and its subsequent decline,
Science, 313, 1928- Pagani M. et al.,
2005, Marked decline in atmospheric carbon dioxide concentrations during
the Paleogene, Science, 309, 600-603 Rind D., 1992, An
uplifting experience, Nature, 360, 414-415
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