UN HORROR YA OLVIDADO... ¿OTRA VEZ NECKLACING?




La terrible situación de la población de Zimbabwe está alterando la frágil estabilidad social de Sudáfrica.
Las relaciones entre ambos países siempre han sido difíciles.
Sudáfrica ha confundido la verdadera solidaridad con sus vecinos; sus actuaciones han supuesto más apoyo al dictador que ayuda a la población.
Unos tres millones de ciudadanos de Zimbabwe han buscado refugio en la vecina Sudáfrica.
Huyen de la pobreza creada a pulso por las políticas de Robert Mugabe y de la violencia.
La llegada masiva de emigrantes de Zimbabwe ha elevado considerablemente la presión en el township de Alexandra (en Jo’burg norte) dónde las masas de sudafricanos negros sufren también condiciones de pobreza, desempleo y encuentran graves dificultades para alojarse.
En Alexandra comenzaron a darse las primeras reacciones violentas contra los emigrantes de Zimbabwe, esta violencia se ha generalizado a toda la zona centro de Johannesburgo y al área de Gauteng en general.
¿Necklacing?
Durante la época de disturbios en los townships a comienzos de la década de los noventa la violencia política en Sudáfrica alcanzó sus más altas cotas y quizás la manifestación más bárbara de la misma fueron los llamados “neklacing” (del inglés neklace: collar) que consistía en linchar a una persona colocándole un neumático viejo alrededor del cuello impregnado de gasolina al que prendían fuego mientras la multitud bailaba repitiendo “necklace”, “necklace”, “necklace”.
El “neklacing” fue practicado principalmente por elementos radicales partidarios del Congreso Nacional Africano (agrupados como SDU o unidades de auto-defensa) y era un “castigo” normalmente reservado para los considerados “colaboracionistas” por su connivencia bien con las autoridades blancas o bien con el movimiento zulú Inkhata.
La transición a la democracia y la aplastante victoria del CNA en los procesos electorales hizo que aquellos episodios de “necklacing” fueran rápidamente olvidados y que cualquier mención de dicho término fuese considerado políticamente incorrecto.
Desde aquellos años tan duros no se había vuelto a ver en Sudáfrica escenas de violencia generalizada “black on black” y desde luego no se había vuelto a ver a una multitud de sudafricanos negros quemando viva a una persona.
Qué triste es pensar que sean razones exclusivamente económicas las que hayan abierto la espita del odio racial y hallamos vuelto a ver el crepitar del fuego en la carne humana tantos siglos después de la inquisición.
Por supuesto, estos brotes irracionales de violencia no se corresponden con el sentir general del pueblo sudafricano que siempre ha mostrado su solidaridad hacia los problemas de sus vecinos del norte.
Esa solidaridad a nivel institucional se ha administrado mal, puesto que los esfuerzos económicos y diplomáticos del gobierno de Thabo Mbeki han contribuído más a perpetuar que arreglar los problemas de Zimbabwe, ya que dieron cobertura al atroz régimen de Robert Mugabe contribuyendo, por tanto, a que la situación económica degenerase aún más y se degradasen los derechos civiles de sus habitantes.
No fue ese el caso de los sindicatos de estibadores portuarios de Sudáfrica que fueron ejemplo de solidaridad activa para todo el mundo libre.
Hace unos meses llegó a las aguas sudafricanas del puerto de Durban un barco chino cargado con 77 toneladas de armas ligeras destinadas a Zimbabwe (recordemos que Zimbabwe no tiene costa). La firme negativa de los estibadores a descargarlas originó un problema internacional que terminó con la imposibilidad de que esa mercancía llegase a manos del dictador Mugabe.

Posted: mar - mayo 20, 2008 at 11:00 a.m.           |


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