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INCENDIO EN LA CASA GRANDE DE ROSENDE


 

La pasada noche del 23 al 24 de noviembre, un terrible incendio arrasó la Casa Grande de Rosende. Así, prácticamente en un instante, se perdían años de trabajo durante los cuales sus dueños, María Jesús García -Paulova- y Manuel Vieitez, se esforzaron en comprar las distintas zonas del pazo a los múltiples herederos, restaurarlo poco o poco, para poder compartir y mostrar a los visitantes cinco siglos de la historia de la que fuera la gran casa sobre la que se articuló la aldea de Rosende.

La fortuna quiso que la única persona que dormía en el ala donde se originó el incendio, el jardinero de la casa, Julio, se despertara en torno a las dos de la madrugada a causa del humo; entendió que su única salida era saltar por la pequeña ventana de su habitación, en una zona de servicio bajo la cubierta. Desde allí, atravesó toda la casa por el tejado y dio la voz de alarma hasta que se despiertan los propietarios, comprobando que los extintores no eran eficaces para apagar el fuego iniciado en el desván.

Avisada toda la casa, y habiendo despertado y puesto a salvo a los huéspedes alojados en las habitaciones del Ala del Escudo, el caos seguía reinando. Los bomberos no llegaban. Los Vieitez y cuantos se encontraban ya entonces en la casa (empleados y huéspedes, junto a los primeros vecinos en llegar), sacaron a toda prisa todas sus propiedades de la vivienda unifamiliar contigua al pazo, la última restaurada. Era ya muy tarde para alcanzar, por ejemplo, unos baúles llenos de legajos que desde el siglo XVI se encontraban en la casa, y nunca encontraron la oportunidad de ser estudiados, por falta de tiempo (¿tiempo = dinero = ¿subvenciones...?)

Todo el pueblo estaba ya en la calle, ayudando como buenamente podía para evitar un desastre mayor, pero aquello parecía el infierno. El fuego pronto se encontraría con las gruesas paredes de piedra que separa las zonas de distintas épocas: el ala del siglo XVIII (la más moderna e interesante tanto arquitectónicamente como por sus muebles centenarios) envuelta en llamas, la del siglo XV (conocida como del Escudo), y por último la zona conformada por la lareira y las dependencias familiares. El principal peligro de propagación en ese momento se encontraba en la cubierta, completamente de madera y con vigas compartidas entre todas las zonas.

En vista a la tardanza de los bomberos, parece ahora que la decisión espontánea –y desperada por parte de los propietarios- de subir al tejado y cortar cubierta con el objetivo de aislar el ala del Escudo fue decisiva, y más aun viendo cómo al poco tiempo se derrumbaba toda la estructura del ala del siglo XVIII; bajo ella: el comedor, las bodegas, los salones, habitaciones (entre ellas la que recibía su nombre de la mítica puerta de El Borracho), el recibidor de entrada…

En vista del estado en que quedó el resto de la casa, tan solo se puede atribuir a un milagro que el fuego respetara las paredes de la centenaria capilla. Entre los desperfectos allí se cuenta “sólo” la caída del techo, con la consiguiente perdida de los valiosos frescos restaurados hace unos años. Afortunadamente, el retablo original de la casa quedó intacto.

Al día siguiente, la imagen de la impotencia recorría todo el pueblo. Ahora sí que las tanquetas de los bomberos locales no escatimaban agua al empapar los restos aún con llamas; retirados los últimos retenes, los vecinos pasaron toda la tarde y toda la noche siguiente con cisternas empapando los últimos rescoldos que contenían una historia de tres siglos. Nada se podía hacer ya, tan sólo mantener fija la mirada en aquellos agentes de la Guardia Civil y peritos de seguros que buscaban entre los escombros las pruebas de una conspiración, cuando lo cierto es que esta se produjo tiempo atrás, a kilómetros de distancia de Rosende...

Mientras, los obreros empezaban a trabajar para asegurar la zona, revisando el cableado que sale de los muros aun en pie, derribando las zonas inestables, asegurando las pesadas chimeneas, cubriendo la capilla para que la lluvia no llegue a las paredes y el retablo, montando una pasarela de madera de la lareira al ala del Escudo… y, al tiempo, conectando de nuevo agua y luz a la zona no afectada por el incendio para que los Vieitez puedan seguir habitando lo que se ha salvado de la casa.

El sábado 26 dieron permiso para desescombrar las zonas ya aseguradas y lejanas al origen del incendio, aún por estudiar. El comedor situado al lado de la bodega y la capilla es el comienzo elegido. Gentes de todas las casas de la zona llegan para arrimar el hombro. Lo cierto es que es un trabajo desagradable y duro, incluso peligroso. Las vigas con largos clavos amenazan a los voluntarios. Las carretillas de escombros han de ser revisadas antes de ser sacadas al exterior. Cualquier resto que sea aún reconocible como parte del mobiliario del gran salón de los desayunos del primer piso, o del salón de las cenas es guardado con mimo: un trocito de porcelana, los cubiertos de acero, el estaño retorcido, un despertador machacado, cristal derretido en una taza, los pies de hierro de las mesas de madera, un candelabro, dos casquillos comprados en un anticuario, restos todos de miles de historias, recuerdos y momentos de dedicación... Es inevitable que, por un instante al menos, se recree en la memoria de quienes pusieron tanto empeño e ilusiones en preservar toda esa memoria, el lugar exacto donde estaba situado todo, lo que para ellos significaba: quizá un viaje, regalos de amigos, herencia familiar... Tan triste final nos provoca un nudo en la garganta.

Sin embargo, es importante para ellos que sepáis que en la mente de Paulova y Manolo, también de sus más cercanos, bullen ya las ideas para empezar a poner de nuevo en pie la que dentro de unos pocos meses será la Nueva Casa Grande de Rosende. Para verla sostenerse con firmeza es seguro que tendrán que pasar, de nuevo, muchos momentos de esfuerzo y rabia. Pero ellos ya saben lo que eso significa, y es su fuerza ahora.

Los amigos y huéspedes que hemos podido disfrutar de la estancia en la Casa Grande de Rosende, ésta nos ha quedado grabada como una experiencia difícil de olvidar y queremos con esta web mantener viva la imagen de la casa e informar del seguro proceso de reconstrucción.