Una primera vez siempre la hay, incluso
para cantarle a alguien;
Grissel
no me daba confianza, Aide, era tan fría como mis deseos más
necrófilos; todo comenzó con
Karina. Su
extremo desencanto y los ataques depresivos la hacían vulnerable a las
canciones, conmigo “aprendió” de la soledad de un
tango apasionado
de Piazzolla, del desgarre total de “
Que pena”
cantada por La Niña Pastori. Y así terminó por no quejarse en el
auto; el tango, el flamenco y todas esas canciones que nunca pensó escuchar
las aprendió conmigo. Una vez dio vueltas y vueltas el soundtrack de
Leaving Las Vegas -------
Angel eyes /
That old devil sent / They glow unbearably bright / Need I say / That my love's
misspent / Misspent with angel eyes tonight / ------- Fue cuando muy cerca
de ella comencé a susurrar:
The very thought of you makes my heart sing
/ Like an April breeze / On the wings of spring / And you appear in all your
splendour / My
one and only love … / Y se hizo una costumbre en aquellos
únicos momentos de no pelas, no reproches, no hartazgo… de cierta
manera es triste, solo teníamos ese efímero momento de cercanía
acompañados de cds y cds. Después de susurrarle canciones totalmente
trágicas, solo se quedaba dormida en la colchoneta, otras veces simplemente
lloraba y lloraba hasta acurrucarse cerca de mi y perderse en sus
ensoñaciones.
Ya han pasado 7 años de aquellos susurros,
Karina no cambiará, sigue adoleciendo de los fantasmas de la muerte, de sus
brazos marcados por tijeras; necesita soledad, emborracharse y reír como
loca, quizá también necesita susurros, canciones, viajes incendiarios
en el auto; sin embargo,
ahora tiene una
hija, y lo que debe hacer es cantarle a Camila... susurrarle:
Sola, en el invierno azul la muerte rompió el velo/ sola, que me
quedé sin luz sin vida y sin consuelo / sola, desheredada y sin
dinero / sola, como una estrella que cae del cielo / sola, frente a
un abismo que habita el miedo.../ Aunque, conociendo algo a Karina,
es verdad que como ella lo dice, un día puede caer en el psiquiátrico,
y si, la visitaría y le cantaría:
Qué pena / que se
acabara / qué pena / por la manera / qué pena / que pase el tiempo / y
me siga dando pena / . Es una de esas promesas que significan
todo un “
tren de
relaciones”; sería duro verla en un rincón acurrucada,
como una niña temerosa, perdida, pero si susurrarle, todo eso que
“aprendió conmigo”, ayuda al menos para calmar cierto dolor, lo
haría, no como un compromiso, sino por el recuerdo de efímeros
momentos.
A Ayesha no le canté nunca, le susurraba poemas que
recordaba, y de cierta manera la música
nos
conectaba, nos hacía estar juntos, beber plácidamente en
cualquier lugar por más feo o improvisado que fuese. Desgraciadamente eso
no nos salvó, no hubo canción, simplemente:
/ se nos rompió el amor
/ de tanto usarlo… / Han pasado en canal
11 una vez más “Fallen Angels”, la he visto 15 o más
veces, y siempre espero la escena del jukebox, es así como creo se van
formando los “soundtracks de los largos trenes de relaciones, canción
tras canción intentando comunicar algo, aunque al final solo esas letras y
sonidos se queden acumuladas si bien nos va, en una memoria a largo plazo, o
bien, en cds
ripeados y arrumbados en un sucio mueble arrinconado a la
pared.
©Copyright 2008 Juan Beat