Es imposible que yo pueda socializar, las féminas me
desesperan… no hay ninguna clase de complicidad entre “ellas y
yo”. Siempre suelo ser el intolerante, el “chistoso”, el
orgulloso, el ebrio. ¿Y ellas que? No se dan cuenta de sus vidas llenas de
mentiras como Nancy, o de la antipatía que les recorre su bella figura, o
peor aún, que el “mal gusto” que dicen que poseo por recordar
“los nombres” de las que me
jodieron y me hicieron pasar buenos
momentos, simplemente demuestra tanta intolerancia, la cual reclaman. Y no
he dicho que aún quiero a tan
mentadas mujeres, porque sería
una falacia, simplemente soy tan mal tipo que uso sus recuerdos como una
catarsis, que sería de mi sin
aborreceralas-quererlas… no
saldría ni un pequeño texto. En realidad no me importa lo que de sus
vidas hagan mientras yo me bebo la sexta
Bombardier;
cómo hace referencia un gran poema de Hugo Gutiérrez Vega:
No
somos más que un pañuelo agitado por el viento de los
muelles. Nuestro deseo es llegar, pero siempre nos
vamos… Y si, siempre estamos azotando de un lado para otro, yo por
ejemplo, hace cinco años, por estos días dormía en casa de
Ayesha. Nos acurrucábamos en su cama junto con la gata blanca y nos
rodeábamos de cerveza. Así días y días hasta que lo
perdí todo:
a una mujer que no me quería pero lo intentó, mi
mano derecha, la capacidad de querer a alguien más, la cura ante las
resacas, el escribir algo nuevo… si, lo perdí todo. Quizá
fue lo mejor, ahora no soy tan débil y me da igual si me piden que cambie o
me joden con mis defectos, todas, todas… incluso no de forma conciente
buscan mi redención. Y no, nunca pasará.
Bonus
trackTE LO LLEVASTE TODO
Suena
radiohead,
y mi alma pende de un vaso de leche
cortada,
necesito un soundtrack para esta enfermedad
estomacal
o para curar la paranoia;
estoy con la cabeza
baja
y la mirada perdida en el gastado piso de
madera,
solo espero a que mañana pueda caer al lado
tuyo,
muerto
o como sea.
Y aunque
estés muerta,
si…
muerta debajo de la
poesía Jonqui,
frente al tradicional jazz de
Monk,
por la bala que Burroughs desnudó,
muerta a
los pies de Esperanza Villanueva,
en la sangre del
morfinómano,
dentro de los Olvidados de
Buñuel;
no me importa ya,
si estas
muerta
o vives y duermes con alguien
más,
quédate con lo que quieras de mí,
de
todas maneras,
te lo llevaste todo.
Juan
Beat