CRITICA
| NARRATIVA |
Vidas posibles en la sociedad virtual
Hay novelas que nos acercan al hombre, al ser
humano, si bien encarnado en personaje literario.
Este tipo de ficción provoca nuestro reconocimiento,
pues sentimos la semejanza entre la pasta humana
de los seres de ficción y la propia. Existen, en
cambio, narraciones donde la situación, las
relaciones entre los personajes, predominan en el
relato sobre la atención prestada a lo personal. En
éstas, el autor presenta el tejido social que une a los
seres de ficción en vez de su intimidad. Son novelas
situacionales que requieren del autor mayor cuidado en el diseño de la trama,
la manera en
que los personajes se tratan los unos con los otros, que en su individualidad. La
novela de
Germán Sierra (La Coruña, 1960) pertenece al segundo tipo.
Tanto los méritos de la presente narración como sus dificultades de
construcción provienen
de su carácter de novela situacional. La obra cuenta la vida de un grupo de
personajes a
ambos lados de la frontera de la treintena en la época actual. Todos son protagonistas
o,
mejor dicho, se reparten entre ellos el protagonismo: un escritor (Alex), un director
de
programas de la «tele» (Gus), una periodista (Violeta), un político
(Alberto), una modelo
(Laura) y varios otros. Sus preferencias sexuales vienen también distribuidas
en los diversos
y posibles gustos, desde el usual al amarre masoca y el lesbianismo. Sierra los sitúa
en un
escenario múltiple, global, Londres, Amsterdam y una ciudad de provincias
española. Todo
muy fluido, muy de hoy.
Los personajes comparten el ejercicio de profesiones alejadas del contacto con lo
palpable,
sus mundos gozan de la solidez de los signos propia del universo virtual. Viven en
una
especie de moderna tercera dimensión. Si la primera es donde encontramos a
las gentes
que laboran en contacto con la materia, los trabajadores manuales, la segunda los
que viven
de manipular los signos, como los abogados o los escritores, los de la tercera parecen
ser
una nueva categoría cuyo trabajo se proyecta en la realidad, como es la publicidad,
la
pasarela o la televisión, actividades todas ellas bastante perecederas. La
situación básica
de la novela sitúa a los personajes anteriormente mencionados en la filmación
de un
programa de televisión publicitario, financiado por una entidad autonómica,
cuyo impacto
apenas durará una semana.
La problemática latente en el trasfondo de la novela me parece válida,
que la posesión de
dinero, una de las metas de la época posmoderna (las dos últimas décadas
del siglo), no
concede la felicidad. De hecho, la mayor dificultad del hombre actual es saber qué
le gusta,
el aprender a reconocer sus deseos. Por ello, la única urgencia actual proviene
de la
necesidad de replantearnos preguntas tan básicas como qué nos hace
felices.
Sierra tiene mucho a su favor en este segundo intento narrativo, el que escribe con
una
palabra vigorosa y moderna, muy apta para encontrar la frase que abre la ventana
de la
realidad a percepciones innovadoras, y de ellas hay, muy en especial en la primera
parte de
la obra. Posee además un acertado instinto para hacer un corte transversal
de la realidad
que permite intuir la vida en esa tercera dimensión del presente.
Germán Gullón