Los intelectuales de la cuarta cultura

Publicado originalmente en "Revista das letras"


home


    De repente sólo hablamos de la "nueva economía", de la expansión del sector industrial que produce y comercializa exclusivamente conocimientos, y olvidamos a sus artífices: Los pensadores-empresarios que constituyen lo que he denominado “la cuarta cultura”.
    ¿Por qué “cuarta cultura”? John Brockman, famoso agente literario y gurú intelectual de Nueva York, niega la integración de las "dos culturas" —"literaria" y "científica"— que predijese C.P. Snow. Su "tercera cultura" prescinde de los humanistas, acusándolos de ignorar los temas importantes; pero yo no puedo estar de acuerdo: Las ciencias "humanas" se han vuelto más "naturales" a la vez que las "naturales" más "humanas". Hoy se investiga la relación de la arquitectura del cerebro con la estética musical, el modo de conseguir que un ordenador responda a nuestras emociones, la influencia del arte clásico en la percepción de una imagen por resonancia magnética... Los neurobiólogos citan a Valéry, a Spinoza y a los maestros Zen, mientras los poetas tratan de construir fractales de palabras y los artistas visuales exploran el cuerpo reproduciendo operaciones quirúrgicas. Resulta impensable, en tales disciplinas, un científico que no sea un humanista o un humanista que no sea un científico.
    Frente a quienes dictan que imágenes y sonidos convienen a quien no se defiende bien con las palabras, los intelectuales de la cuarta cultura manejan la información audiovisual con la misma soltura que la escrita. Las imágenes han dejado de ser patrimonio exclusivo de los artistas visuales o la cultura pop, y han generado una lengua común que no requiere otra gramática.
    Pero lo que mejor define al nuevo intelectual es su relación con la economía: El pensador tradicional ejercía su influencia a través de la docencia universitaria, las conferencias, la publicación de artículos y libros o el compromiso político; sin embargo, despreciaba el mercado por considerarlo vulgar e injusto. En los últimos años, la relación de los intelectuales con el mercado ha cambiado radicalmente, y al cambiar ha revolucionado la economía, creando y desarrollando las nuevas industrias “humanamente intensivas”: Industrias de la información, pero también del encanto y la seducción, de la salud y el bienestar, del ocio y la aventura, de la formación y los contenidos.
    Los nuevos humanistas científicos reconocen que la empresa es compatible con el pensamiento riguroso y que el mercado no es necesariamente más injusto que cualquier otra actividad humana. Los intelectuales gestionan ahora sus conocimientos: Se convierten en empresarios en lugar de poner su talento a disposición de los empresarios. Es el único modo de gestionar con eficiencia, porque hoy el productor debe adelantarse al cliente: Crear no sólo el producto, sino el espacio comercial/cultural para colocarlo en el mercado. El empresario actual se parece más a un artista, señalando una esquina del mundo hasta entonces recóndita, que a un psicólogo que investiga los deseos del público.
    De nuestra actitud e iniciativa depende el aprovechamiento que la sociedad española pueda hacer de sus nuevos intelectuales. Es una especie que sólo puede crecer en verdadera libertad cultural y económica: Hasta que se den esas condiciones, deberán seguir formándose y fundando empresas en el extranjero mientras aquí florece el monopolio.

1999


Sobre la tumba del marinero no crecen rosas

La cultura del apocalipsis

Guerras de sucesión

Formas narrativas de la cultura contemporánea

Galicia ya no vive aquí

Ciencia y ficciones

Patólogo interior

Emocionante

Los intelectuales de la cuarta cultura

Por qué no abjuro

Droga y literatura

Más allá del turismo sexual

Materializar el realismo

Meterse en Ríos

El otoño del patriarca

Ciborgianos

Villasanta desde Compostela

Cervantes Reloaded