La cultura del apocalipsis


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    No me refiero simplemente al famoso libro editado por Adam Parfrey (Apocalypse Culture, Feral House, 1987; con dos reediciones posteriores aumentadas y corregidas) sino a lo que éste, y otros libros, películas y manifestaciones culturales nos enseñan acerca de nuestro tiempo. Explican, por ejemplo, por qué las imágenes de la atrocidad del 11 de Septiembre y la gamberrada bacteriológica postal nos suenan a déja vu. Acerca del libro de Parfrey escribió J.G. Ballard: "Estoy convencido de que el relato de la catástrofe, sea quien sea el que lo cuente, representa un acto constructivo y positivo de la imaginación, un intento de confrontar el vacío aterrorizador de un universo manifiestamente insensato desafiándolo en su propio juego, reconstruír la nada provocándola de todos las maneras que puedan concebirse."
    La cultura del apocalipsis, cuyos relatos esenciales nos acompañan en la historia desde San Juan a Torrente Ballester, desde El Bosco hasta Terminator, y cuya versión contemporánea son las novelas de Ballard, DeLillo y Burroughs, no ha sido reconocida hasta ahora como un componente esencial de la civilización contemporánea lo que ha impedido que se tomasen las medidas adecuadas para enfrentarnos al malestar que ello supone. Ha sido calificada de "marginal" o "underground" sin querer darnos cuenta de que es en realidad un síntoma del miedo general a las consecuencias de nuestros conocimientos. Ha sido acusada de inducir comportamientos en lugar de tratar de analizarlos (las repetidas campañas contra la violencia en la televisión o los videojuegos son un ejemplo de ello). Y no ha sido analizada y llevada a sus consecuencias críticas por miedo a tener que enfrentarnos a creencias demasiado arraigadas en nuestras sociedades y consideradas inofensivas e incluso útiles comercial y políticamente: las creencias en lo irracional.
    Lo que ha producido una mayor oleada de terror en los Estados Unidos tras los atentados de Septiembre ha sido la constatación de que sus autores (y quienesquiera que sean los autores de la supuesta "guerra biológica") eran personas integradas en la sociedad y técnicamente competentes; siendo necesario, para explicar sus acciones recurrir a una forma particular de fundamentalismo religioso.
    Y sorprende y asusta porque muchos habían creído que la posibilidad del bienestar económico y la competencia técnica harían desaparecer por sí mismos el fundamentalismo y, en consecuencia, la sociedad no se había preocupado en exceso de diseñar estrategias específicas contra ese fenómeno a pesar de ser evidente en muchas manifestaciones sociales. Muchos de los miembros de la secta japonesa que utilizó gases tóxicos en el metro de Tokio hace unos años poseían una importante competencia técnica en diversas áreas de la ciencia y, sin embargo, fueron incapaces de extrapolar los métodos de conocimiento que habían aprendido en su campo particular de la ciencia y pudieron ser atraídos por un gurú y seguir sus órdenes sin dudar. Algunas sectas muy populares, como la Cienciología, atraen a jóvenes brillantes que no son capaces de desarrollar un pensamiento crítico para enfrentarse a los dogmas de la secta. El Instituto Creacionista norteamericano, que rechaza la teoría de la evolución, cuenta con muchos doctores e ingenieros entre sus filas.
    La superstición y la pseudociencia cuentan con un gran poder de amplificación en los medios de comunicación; no sucede lo mismo con el pensamiento racional. Apenas nos preocupamos del efecto que pueda producir en nuestras sociedades democráticas; sin embargo, no es otro que favorecer la aparición de núcleos totalitarios que, una vez arraigados son enormemente difíciles de erradicar. No nos consolemos ahora pensando que "ellos" son diferentes porque son musulmanes. La cultura global es un hecho, y el "ellos" ya no existe. "Ellos" son "nosotros": Son la extrema derecha religiosa y el nacionalista devoto, el místico de la ecología y la señora que se cree lo que le dice el tarot, el histérico del "Corpiño" y quien espera ser abducido por los extraterrestres. Lean a Ballard. Vean "El club de la lucha". Y después reflexionen si la civilización es un estado irreversible o es algo que debemos construír cada día, con cada uno de nuestros actos.

2002

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