Dos conquistas y 13 similitudes: los extraterrestres y los espa–oles

Federico Navarrete

1) El d’a de la independencia, la espectacular escenificaci—n hollywoodense de la conquista de la tierra por extraterrestres con tent‡culos y rayos c—smicos, se parece, sobre todas las cosas, a la ya lejana conquista de MŽxico por otros agresores extraterrestres que ven’an montados en monstruos de cuatro patas y tra’an armas como truenos.

2) Para los pueblos ind’genas de MesoamŽrica, los espa–oles eran literalmente extraterrestres. En su concepci—n, el mundo era un cuadr‡ngulo de tierra, lo que hoy llamar’amos MŽxico, rodeado de mar, y m‡s all‡ de los ocŽanos s—lo exist’a el cielo. Los mexicas se proclamaban due–os de este mundo; sus sœbditos se resignaban a ello. Los espa–oles que llegaron del otro lado del mar s—lo pod’an venir del cielo. Por ello los ind’genas pensaron brevemente que pod’an ser dioses.

3) Si ma–ana llegaran, realmente, visitantes de otro planeta, nuestra cultura estar’a m’nimamente equipada para tratar con ellos, pues ya los hemos imaginado: buenos o malos, verdes o hœmedos, repulsivos o tiernos. En cambio, los mesoamericanos no hab’an imaginado, ni conocido, seres como los espa–oles. Ante este hecho radicalmente nuevo, las profec’as m‡s antiguas fueron desempolvadas, los miedos m‡s atroces encontraron confirmaci—n, las posibilidades m‡s novedosas se abrieron camino.

4) La sorpresa inicial de los ind’genas pronto dio pie a un reconocimiento elemental y fecundo. Las mujeres esclavas regaladas a los conquistadores averiguaron que debajo de sus ropas eran iguales a los hombres de su tierra; los vecinos de los pueblos visitados por ellos establecieron un fruct’fero intercambio de cuentas y baratijas por oro, alimentos y favores. De esta manera empezaron a fluir servicios, dones, amistades, fluidos corporales, genes.

5) El titubeo de Moctezuma ante la amenaza representada por los espa–oles puede entenderse mejor a la luz de la inicial pusilanimidad del presidente ficticio de los E.U.

Ante enemigos tan poderosos, los gobernantes no pueden escapar la Òparadoja de MoctezumaÓ: buscan la paz hasta el final, aun a costa de su propia destrucci—n, porque saben que la guerra provocar‡ peores estragos. Antes de morir lapidado por su pueblo, Moctezuma les advirti— que los costos de la guerra ser’an pagados por los indefensos, los viejos y los ni–os. La destrucci—n casi completa de su ciudad un a–o despuŽs le dio la raz—n. En conclusi—n, Áay del gobernante que se enfrente a una invasi—n extraterrestre!

6) Los espa–oles de CortŽs y los extraterrestres de El d’a de la independencia quer’an subyugar lo m‡s r‡pidamente posible a los nativos. Para lograrlo, ambos ven’an dispuestos y preparados a masacrar, destruir y aterrorizar. Sin embargo, los extraterrestres de quince patas quieren apoderarse de un planeta vac’o, mientras que los espa–oles quer’an apoderarse de una poblaci—n. En cada terr’cola, los extraterrestres ven un obst‡culo a eliminar, en cada ind’gena, los espa–oles un tributario a sojuzgar.

7) Los extraterrestres destruyen, en primer lugar, edificios de gran importancia simb—lica: la Casa Blanca, la Estatua de la Libertad y el Empire State. Los espa–oles realizaron sus grandes matanzas en espacios sagrados: Cholula era el principal santuario de MesoamŽrica, el Templo Mayor era el centro religioso de los mexicas.

El objetivo es el mismo, destruir la certidumbre y seguridad de los enemigos, atacando lo que les es m‡s preciado y que encarna la estabilidad de su mundo: el poder de los dioses en MesoamŽrica, el del Estado y del dinero en nuestro mundo.

8) En ambas conquistas, las armas terribles y espectaculares de los invasores provocan tanto espanto que parecen hundir a los atacados en la impotencia y condenarlos a la derrota.

En la pel’cula, los terr’colas se salvan gracias a que aprenden a utilizar la tecnolog’a de los extraterrestres. Los mexicas, en cambio, no quisieron aprender a manejar las armas de fuego de los espa–oles, pues las consideraban objetos m‡gicos y terribles. Esta diferencia quiz‡ se deba a que ellos no tuvieron la fortuna de capturar una nave enemiga 40 a–os antes de la conquista, como lo hizo la CIA.

9) Un contraste particularmente ir—nico entre ambas conquistas es el papel que en ellas juegan los virus. El arma m‡s mort’fera que trajeron los conquistadores espa–oles fue el virus de la viruela que provoc— una devastadora epidemia en toda MesoamŽrica y debilit— fatalmente a los mexicas.

En la invasi—n extraterrestre, en cambio, un virus terr’cola (de computadora) provoca el colapso de su sistema de defensa y permite que los terr’colas ataquen y destruyan a sus naves.

10) Si los estrategas extraterrestres hubieran estudiado las haza–as de Hern‡n CortŽs, su conquista hubiera sido m‡s exitosa. Lo primero que debieron aprender es la utilizaci—n de intŽrpretes como la Malinche. Sin duda el bando de los invasores de allende la atm—sfera hubiera ganado en eficacia, y en fotogenia, con la colaboraci—n de una mujer fatal (seguramente latina) dispuesta a vengarse de un mundo que la hab’a tratado injustamente.

11) Los extraterrestres tambiŽn hubieran podido conseguir el apoyo de no pocas naciones y pueblos para destruir la hegemon’a norteamericana y occidental, pues en nuestro siglo XX tambiŽn valdr’a el viejo razonamiento tlaxcalteca de m‡s vale nuevo por conocer que viejo por detestado.

Claro que se podr’a acusar de traidores a estos aliados de los invasores, como se ha hecho con los que ayudaron a CortŽs, pero la acusaci—n ser’a igualmente insostenible. Los tlaxcaltecas no deb’an ningœna lealtad a los mexicas, pues nada los un’a a ellos y s’ ten’an muchas razones para odiarlos; en nuestros d’as, la idea de humanidad es un recurso ret—rico que no oculta las profundas diferencias que nos enfrentan.

12) Para muchos pueblos mesoamericanos, la ca’da de los mexicas no fue una derrota, sino una causa de celebraci—n. DespuŽs de todo el ejŽrcito que as—lo la ciudad de MŽxico fue en su mayor’a ind’gena. Igualmente, estoy seguro que muchos nos negar’amos a considerar la destrucci—n de la Casa Blanca como una derrota de la humanidad.

Que los extraterrestres probablemente resultar’an peores dominadores que los norteamericanos es otro cantar, como lo fue el hecho de que los espa–oles lo fueron peores que los mexicas en lo econ—mico y en lo religioso, aunque mucho m‡s benignos en cuanto a la guerra y al sacrificio humano.

13) Esto nos conduce a la principal diferencia entre El d’a de la Indepencencia y la conquista de MŽxico. A los norteamericanos, evidentemente, les ha gustado verse retratados Òpateando culos extraterrestresÓ en esta f‡bula nacionalista. A los mexicanos, evidentemente, no nos gusta vernos reflejados en la realidad de la conquista, el alba sangrienta de lo que hoy llamamos MŽxico, y por ello hemos inventado tantos mitos, como el nacionalismo azteca, el mestizaje y la conquista espiritual, para disimular ese rostro nuestro, tan feo como el m‡s feo extraterrestre.

 

NOTA:

ÀPor quŽ 13 similitudes? La conquista de los mexicas se consum— el 13 de agosto de 1521, d’a de San Hip—lito, que luego se convirti— en la principal fiesta civil de la sociedad criolla. El trece, nœmero sagrado mesoamericano, se convirti— as’ en el trece cristiano. Elegir cuatro, en honor del 4 de julio que El d’a de la independencia pretende convertir en la fiesta civil de toda la humanidad, no s—lo me pareci— poco atractivo, sino mucho m‡s limitante.