Botón de ancla 3 (y colorín colorado)
El segundo fin de semana fue tanto o más interesante que el primero. Cambiamos de profesor (si bien también oriental) a peor según mi juicio, a mejor según el de Elena.

Éste último era mucho mas sargento que el primero, y contribuyo a disolver sin dejar rastro, cuan azucarillo en el proceloso océano (espero que entre los lectores de la presente no haya firmes defensores de la Homeopatía, cuya creencia y convicción de que disolviendo cualquier porquería en agua muchas veces hace mas profundo y duradero efecto en el cuerpo humano, sanando mucho mejor nuestras botanas y dolencias, nunca me dejo de parecer paradójica y atolondrada) mis ya menguantes ganas de bregar en un cascarón de nuez por las muchas veces admonida, peligrosas y arteras aguas de la bahía de San Paquito.

Así pues, finalizado el fin de semana de clases, en las que el tiempo tampoco acompañó, (mejor dicho, el buen tiempo no acompañó. El malo se nos pego con el encono y la perseverancia de una ladilla famélica) yo di por finalizados mis servicios en la Marina, colgué los aparejos y dirigí mis pasos a la siempre mas prudente tierra firme. Ni siquiera hice la más mínima intención de presentarme a un examen de capacitación marinera que hacían voluntariamente, y que sin duda hubiera cateado, por lo que me ahorré, amén del admisión fee del examen, la vergüenza, la frustración y el escarnio.
|