En el invierno de 1974 yo era una estudiante de 23 años en el seminario de James Hillman en el Instituto Jung de Zurich. Sus lecciones se basaron en los cuatro capítulos de su obra que pronto se volvería un clásico: Re-Imaginando la Psicología (1975): Personificar o Imaginar las Cosas, Patologizar o Entrar en Crisis, Psicologizar o Ver a Través, De-humanizar o Hacer Alma. Con ocasión de estas lecciones la atmósfera en la clase era inusualmente quieta, eléctrica, concentrada. En ese momento el auditorio sólo podría haberse equivocado al tratar de explicar exactamente por qué. En retrospectiva, era uno de los momentos inaugurales de la psicología arquetipal, ese movimiento que ha sacudido y estimulado la comunidad junguiana, ha servido como crítica esencial de la psicología profunda y ha abogado por un re-cordar la experiencia y las perspectivas del alma por parte de la psicología.
Un año más tarde, cuando hablaba con Jim Hillman le insté a que escribiera más específicamente sobre cómo hacer terapia desde el punto de vista arquetipal que estaba elaborando. Estaba ansiosa por oír acerca de los cambios dentro de la hora de terapia, a fin de traducir en la práctica su perspectiva radical. Con considerable irritación dio un chasquido y dijo “¡Eso es lo que Ud. tendrá que escribir!”. Retrocedí, insegura respecto a qué nervio había tocado. ¿Cómo yo, que en ese tiempo ni siquiera era una terapeuta experimentada, iba a escribir sobre las implicaciones de la psicología arquetipal para la terapia? Fue un momento semejante al despertar que provoca el chasquido amoroso de un maestro Zen. Parecía decir: “Si eso es lo que a Ud. le interesa, encuentre modos de figurárselo y escriba sobre ello”. Aceptando su desafío, durante los siete años siguientes trabajé sobre algunas de las implicaciones terapéuticas y ambientales de la teoría arquetipal. Sin embargo, mientras terminaba “Walking Dreams” (Sueños Andantes) y trabajaba en “Huéspedes Invisibles: el Desarrollo de Diálogos Imaginales”, en mi interior crecía un insistente sentimiento de incomodidad, una inquietante intuición de que el foco de interés que estábamos estableciendo firmemente -la psique- había sido confinado inadvertidamente dentro de una falsa frontera.
Independencia
“Y en lugar de imaginar que yo estoy enfermo, mi familia es enferma, uno se da cuenta de lo que R. D. Laing dijo ya hace tiempo y Freud también, por supuesto: es la civilización la que está enferma. La sociedad está enferma. El proceso político está enfermo. Y tenemos que trabajar sobre terapias que están más allá de mi terapia. Eso es revolución” (James Hillman 1992b, pp. 218-219)
A comienzos de los 80' -en medio de la desesperación nuclear, la política de la guerra fría, el deterioro urbano, y la continua injusticia racial y de género- la psicología arquetipal hizo arder su propio contenedor de la psique, una interioridad en el fondo de la persona. Al hacerlo, se alineó con aquellas tendencias de pensamiento en la psicología profunda que habían visto la cultura en la psique y la psique en la cultura, que habían luchado para derrumbar una falsa bifurcación entre interior y exterior (2).
En “Anima Mundi: El Retorno del Alma al Mundo”, Hillman (1992a) hizo la siguiente confesión:
“Mi práctica me dice que ya no puedo distinguir claramente entre la neurosis de uno y la neurosis del mundo, la psicopatología de uno y la psicopatología del mundo. Además me dice que ubicar la neurosis y la psicopatología sólo en la realidad personal es una represión engañosa de lo que se está experimentado efectivamente, realistamente. Esto además implica que las teorías de la neurosis y las categorías de la psicopatología deben extenderse radicalmente si no quieren alimentar las mismas patologías que mi trabajo ha de mejorar" (p.93)
Lo que en ocasiones la psicología profunda había mantenido firmemente apartado del mundo ahora aparecía mezclado con él, apuntando a un sujeto interdependiente, fundido con la cultura, la naturaleza y lo material. Ahora la psique se estaba liberando de nuevo hacia el mundo, donde siempre había residido en tiempos antiguos (3). A través de mi práctica clínica y mi auto-reflexión vi cómo las ideas y los arreglos culturales nos predisponen a tipos particulares de sufrimiento psicológico. Lo que se experimenta más íntimamente sobre uno mismo refleja la colectividad cultural en la que se está enraizado.
Tal como era -y aún es- mi inclinación, me preocupaba por las implicaciones que este cambio en el trabajo arquetipal tenía para la praxis. ¿No indicaba eso que también el trabajo psicológico debe situarse en un trabajo cultural y ecológico? Y en ese caso ¿no sería además verdad que el trabajo comunitario, cultural, ecológico es asimismo psicológico? Desde ese tiempo he estado preocupada por las consiguientes cuestiones de la praxis. ¿Cómo ha de moverse un terapeuta dentro del entorno clínico entre lo personal y lo cultural, nutriendo una consciencia de la interpenetración de sujeto, comunidad y cosmos? (Watkins, 1992; Watkins, 2000a). Además ¿cómo un psicólogo arquetipal ha de entrar en la brega del trabajo cultural y ecológico? ¿Cómo podría traducir una sensibilidad psicológica profunda en este terreno diferente? ¿Qué nuevas perspectivas podría ofrecer al trabajo cultural y ecológico un enfoque arquetipal?
Notitia
Después del almuerzo en 1981 propuse a Hillman estas últimas preguntas a propósito del dilema nuclear. Sueños de holocausto nuclear, imaginaciones activas e ideas me habían convocado a tratar con esta amenaza, pero no había estado preparada por la teoría de la psicología profunda y mi trabajo orientado durante tanto tiempo intrapsíquicamente. Hillman usó la analogía de un terapeuta que comienza una hora con un nuevo paciente y dijo algo así como: “Cuando comienzas, te encuentras completamente desvalido. No sabes nada. La persona puede contarte un sueño, y al principio eso sólo lo empeora, puesto que parece extraño e incomprensible. Pero hay cosas que despiertan tu curiosidad. Continúas escuchando, “notando”, no sabiendo qué hacer, y reconociendo tu sentida inferioridad. Lentamente comienzas a ver cosas, veladamente como a través de la oscuridad. Sigues escuchando, notando, y continuando, y gradualmente se hace un camino”.
Eso sí sabía hacerlo, comencé a ver cómo era posible traducir este modo de proceder clínicamente en encuentros con situaciones culturales o ecológicas. Nuevamente, como un maestro, Hillman no estaba aportando la respuesta a mi pregunta particular; estaba compartiendo su fe en lo que llama “el pensamiento del corazón”. Su trabajo está infundido con la paciencia y la tenacidad de esta forma de pensamiento, enseñando a sus lectores, estudiantes y colegas no sólo acerca del contenido de un tema particular, sino acerca de un modo de vivir reflectivamente, imaginativamente, cuestionando, notando (advirtiendo)
Diecinueve años más tarde aún estoy trabajando en lo que Hillman ha llamado “el retorno del alma al mundo”, y la implicación de sus ideas para aquéllos comprometidos en un trabajo cultural y ecológico. Aquí me gustaría proporcionar un mapa de algunas de estas implicaciones para que los psicólogos profundos puedan ver claramente cómo las orientaciones junguianas y arquetipales con las que están familiarizados en la consulta pueden transponerse en tanto trabajan en la comunidad más amplia.
¿Cómo pueden orientarnos las ideas centrales de la psicología arquetipal -notitia, multiplicidad, diálogo, patologizar, ver a través, mantener unidas la reflexión y la acción, el llamado del alma del mundo, la belleza, lo imaginal- en tanto trabajamos con la psique en el mundo? ¿Con qué tradiciones de trabajo cultural y ecológico nos alinean? Por ejemplo tomo el trabajo de estudiantes de doctorado en el programa de psicología profunda del Institute de Graduados de Pacifica, donde he coordinado campos de trabajo ecológicos y de investigación (4) desde 1997, hechos desde una perspectiva psicológica profunda. Estos aprendices adultos llegaban al estudio de la psicología profunda desde una variedad de disciplinas tales como la arquitectura, la planificación urbana, artes, leyes, reforma de prisiones, cine, medicina, trabajo en hospicios, psicoterapia. En sus campos de trabajo y de investigación buscan un enfoque teorético y práctico inspirado por la psicología profunda respecto situaciones de la comunidad y ecológicas, prestando atención a las interfaces entre sufrimiento psicológico y bienestar y patología cultural y transformación. Dadas las limitaciones de espacio de este ensayo, seré sugestiva más que exhaustiva, tanto respecto a las explicaciones de Hillman de los temas que abordaré como al trabajo comunitario y ecológico al que me refiero.
Hillman, como Ibn 'Arabí 700 años antes (Corbin, 1969), describe la acción característica del corazón no como sentimiento, sino como visión. Dice “la individuación comienza notando, prestando atención a los detalles de lo que está aquí efectivamente a fin de que pueda llegar a ser plenamente lo que es” (1992b, p.52) Desde una perspectiva arquetipal, todo trabajo cultural y ecológico está continuamente fundado en lo que Hillman llama “notitia”. Notar involucra un don de atención cuidadosa; atención sostenida, paciente, sintonizada con lo sutil.
Como primer ejemplo, en su trabajo de campo Rosmarie Bogneer (1998, 1999) extendió su práctica de escuchar a los paisajes (eso era parte de su consulta práctica con arquitectos) a la escucha cuidadosa del pueblo de Ketchum Idaho. Para Bogner tal escucha formó la base de un intento de armonizar la morada humana con los ecosistemas del entorno. A medida que intentaba “notar” su pueblo de Idaho, meditó acerca de los edificios, pasando tiempo con ellos y tomando fotos cuidadosamente. Mediante este notar se encontró en ensueño con esas estructuras, escuchando a su sentimiento de haber sido con frecuencia yuxtapuestos locamente con los edificios cercanos, investigando en sus deseos e inquietudes, su sentido de historia. Este tipo de escucha, en la que el notar une fuerzas con el ensueño, fue necesario antes de que pudiera haber una consulta significativa con el proceso de planificación arquitectónica en su pueblo.
De modo semejante, Lali Mitchell (2000), enamorada de un paisaje cercano amenazado por el desarrollo, hizo su aprendizaje de la fuente del arroyo, las criaturas en mengua, la fauna particular, las formaciones de tierra y de roca. En su cuidadoso notar a lo largo del tiempo, profundizó su defensa del valle y su conocimiento de sus peligros se particularizó. Este notar formó la base de su participación con grupos locales para determinar el destino de la tierra- La defensa -lo que en otros contextos puede llamarse “activismo”- fluyó a partir del notar y de la conexión erótica que generó.
Mike Denney (1999), médico, notó que un joven paciente de coma parecía estar afectando espiritualmente a quienes lo cuidaban en una unidad del hospital. Habiendo sido entrenado para suponer que los pacientes en coma eran inexpresivos, se sorprendió al darse cuenta de que los que rodeaban al paciente actuaban como si de hecho hubiera una comunicación. Aprendiendo de la madre del joven, del terapeuta físico y de muchos otros encargados, Denney comenzó a desarrollar la capacidad de sentir el campo sutil de comunicación entre él y su paciente. También él comenzó a tomar parte en la experiencia espiritual de estar-con. ¿Cómo se relaciona esta dimensión espiritual con la medicina? se preguntó. ¿Cómo sanar la hendidura que nuestra obediencia a la ciencia y sus hábitos secularizados ha establecido en las prácticas occidentales de curación?
Ese “morar con” que requiere ese cuidadoso notar (de notitia) abre caminos a las profundidades de un fenómeno y a la participación con él. Como el cuidadoso notar de un amante respecto a su amado, tal atención encuentra modos de acción protectora que no se sobreimponen, sino que surgen del fundamento de la relación engendrada por la atención cuidadosa.
Multiplicidad
La psique tal como la describen Hillman y Jung tiene múltiples voces. Hillman llama “ego heroico” al que intenta negar y silenciar esta multiplicidad y asumir poder y control. El ego heroicamente unificado niega la diversidad y el diálogo, y procede con un monólogo que no entiende su propio punto de vista como una perspectiva. La multiplicidad de la psique emerge espontáneamente, empero, y cuando se la reprime o se la niega, se expresa mediante síntomas y patología. La metodología para entender y curar en Jung y en Hillman requiere intentar poner en suspenso los aspectos dominantes y opresivos del ego, dando espacio para que hable lo silenciado. Uno se vuelve a los márgenes de la consciencia, para saludar e invitar lo silenciado nuevamente hacia la voz.
La crítica radical de la psicología arquetipal de una forma colonialista de ego-consciencia, que simula unidad y singularidad, tiene su análogo en la vida cultural y ecológica. Esto no debiera sorprender, ya que todos internalizamos el modelo de relaciones prevaleciente en la cultura dominante en la que estamos ubicados. El ego heroico bien podría llamarse el ego colonizador, para marcar su ubicación en la era colonial, un tiempo marcado por la imposición de la regla por los pocos sobre los muchos (Lorenz y Watkins, 2000)
La multiplicidad de las voces psíquicas puede asemejarse a la multiplicidad de las voces culturales que son negadas y silenciadas por las fuerzas culturales dominantes. Al igual que en el individuo, lo descuidado, no escuchado, reprimido y negado afirma su punto de vista y sentimiento mediante síntomas y patología. Así un psicólogo arquetipal sintonizado con la psique en el mundo escuchará a la multiplicidad de puntos de vista que comprenden las situaciones y acontecimientos. Ha de estar atento a las dinámicas que impiden que ciertas voces hablen o sean oídas, y trabajar para crear situaciones en las cuales lo silenciado puede volver a tener voz y los silenciadores puedan aprender el valor de escuchar. (5)
Por ejemplo Sandra Paul se encontró luchando contra ambas lejos de su tierra, en la comunidad de Carolina del Norte, y contra la alienación entre los grupos culturales que componían su ciudadanía. Mientras que en su comunidad se suele aludir a la belleza de la tierra, con frecuencia se la trata sólo como una comunidad, creando una relación de colonización entre los humanos y la tierra. Para entender mejor la herida separadora entre uno y la tierra, uno y el otro, que ella llevaba -y que sentía que llevaba gran parte de su comunidad- decidió entrevistar a las mujeres mayores. Tuvo cuidado en incluir individuos de cada uno de los principales grupos culturales que formaban su comunidad: Cherokis, afroamericanos, euroamericanos ya asentados desde tiempo y emigrados recientes desde el Norte. La falta de diálogo entre estas mujeres en sus vidas cotidianas se extendía por generaciones tanto hasta la marcha forzada de los cherokis de su tierra, como al exilio forzado de los africanos de su continente y su ulterior dominio bajo la institución de la esclavitud. A medida que las narraciones históricas de sus familias se cruzaban -el tatarabuelo de una de las mujeres euro-americanas era una escolta del ejército que expulsaba a los cherokis, el tatarabuelo de otro un esclavo de los antepasados de una mujer euroamericana- el silencio defensivo presente entre ellas se volvió comprensible.
Además, sus diversas relaciones con la tierra también se hicieron aparentes. El modo que el cristianismo hizo que algunos trataran la tierra como sin vida estaba en agudo contraste con la cosmología centrada en la tierra que sostenían los cherokis. Paul ve claramente que la curación psicológica individual en su comunidad implica acoger el dialogo entre la multiplicidad que la cultura dominante ha suprimido y silenciado. Tal diálogo contiene diversas semillas de posibilidad: para un sentido más profundo de comunidad en el presente, para una curación histórica, y para compartir la sensibilidad ecológica indígena con los colonos que pueden no advertir aún o sentir una relación extática o cargada de dolor con la tierra y sus habitantes no-sólo-humanos.
Diálogo
Tanto en el trabajo junguiano como arquetipal el puente entre lo consciente y lo inconsciente ocurre mediante el diálogo, como en la práctica de la imaginación activa. Tal puente activa lo que Jung llamó la función trascendente. Hillman usa el lenguaje de “alma” para ese espacio que se abre mediante el diálogo.
Cheryl Hashman Sheinman (2000) trabajó con esta idea de diálogo en un gran templo judío conservador de Florida del Sur que estaba dominado por una minoría de voces. Al estimular el diálogo entre miembros de la comunidad, algunas voces comenzaron a oirse por primera vez. Además, a medida que el grupo escuchaba más perspectivas previamente desconocidas, desarrolló la capacidad de comenzar a escuchar la voz del alma del templo. Bohm (1996) habla acerca de ese proceso de diálogo de un grupo grande como un modo para que el grupo aprenda a pensar juntos. También es claro, empero, que tal entrega a la multiplicidad del grupo y tal esfuerzo activo para conectar a través de diversas perspectivas mediante el diálogo puede originar una experiencia del alma que trasciende cualquier voz individual.
De modo semejante, Paul Jones (2000), un planificador urbano en Flagstaff, Arizona, pasó un verano en un pequeño pueblo distinto del suyo, practicando cómo se comienza a notar un pueblo. El verano siguiente fue capaz de traer a casa su práctica de notar. Comenzó a ver cuán pocos se involucraban de hecho en el proceso de planificación de la ciudad. ¿Quiénes quedaban fuera? ¿Cómo experimentaban su pueblo estas gentes en los márgenes? ¿Qué sueños tenían para ella? Se encontró en lugares extraños, teniendo conversaciones y experiencias poco familiares, a medida que se expandía para ver Flagstaff desde otros puntos de vista, que nunca había considerado en sus años de planificador.
El campo de trabajo de Jim Gossett (2000) implica la lucha y sombra de violencia provocada por el nombramiento de un Monumento Nacional cerca del pueblo de Escalante, en Utah. Aquí la emergencia de disputas sobre el entorno y el rápido asalto del ecoturismo había afectado a las comunidades indígenas, familias con siglos de trabajo en la hacienda, y a una comunidad religiosa. No había habido diálogo comunitario para metabolizar los cambios. Gossett, fundándose en el cuidadoso notar y escuchar a los miembros de los diferentes grupos y a su propia resonancia psíquica a ellos y a su tierra, comienza a imaginar modos de usar el diálogo para sortear la división que la violencia amenaza con aumentar.
Patologizar
“El mundo siempre está siendo redescubierto mediante la patología... El mundo se ha llenado de síntomas” (Hillman, 1992b, p.4)
Aún más que Jung, Hillman vuelve nuestra atención hacia lo patológico, lo sintomático. Nos dirige a inclinarnos hacia lo herido, lo torcido y lo deforme, a escuchar lo que nos dicen. No debemos movernos rápidamente para erradicar el síntoma, sino aprender su mensaje. Para ello se requiere nuestra participación al lado de eso que sufre; aprender de eso que de otro modo podríamos tratar de dominar, escuchar su crítica y su visión implícita. Hillman se vuelve directamente hacia la patología, particularmente atento a sus ideas como críticas de la consciencia “normal” o dominante.
Por ejemplo Matthew Green (2000), en su trabajo cultural inspirado arquetipalmente con muchachos adolescentes en su mayoría latinos en Oceano, California, tuvo que escuchar incluso más allá del trabajo que le había sido asignado: la prevención del embarazo adolescente. Si bien tal objetivo parecía bien intencionado, era impuesto desde fuera de la comunidad de muchachos, así como desde arriba. Otros síntomas de estos muchachos incluían la pobreza, el uso de drogas, un alto nivel de abandono escolar y afiliación a pandillas. Green (2000) reflexiona:
“Me he dado cuenta de que este modelo, que se base en la estrategia de hallar la 'causa' y luego desarrollar la mejor 'solución' para erradicarla, nunca pregunta una cuestión esencial: "qué puede estar diciendo la epidemia de embarazo adolescente no deseado respecto a nuestra sociedad, nosotros mismos, la comunidad en la que viven los adolescentes, acerca de los adolescentes mismos? Sin preguntar esta cuestión siento que nunca podemos llegar a un acuerdo con el dilema del embarazo adolescente no deseado. Hasta que escuchemos lo que intenta decir, continuará diciéndolo de esta manera o de otras nuevas, a pesar de todos nuestros esfuerzos de prevención. Inadvertidamente el modelo sirve para ocultar, e incluso negar, la esencia del dilema. Más trágicamente aún, las estructuras y las acciones de estos programas propuestos por este modelo nos inhiben de darnos cuenta y de experimentar plenamente la realidad de quién y qué somos como sociedad. Lo que advertimos es que nuestra estrategia de intentar “erradicar” el problema sin oír lo que nos dice, nos aliena de experimentar el alma” (p.9)
Aquí Green intenta actuar la metodología de Hillman de “ver a través” del modo en que se plantea inicialmente el “problema”. Al seguir a Hillman prestando atención a lo patologizado, Green trabaja cuidadosamente para escuchar los deseos y esperanzas de los muchachos, más que imponer sobre ellos el deseo de la oficina estatal.
Trabajando al lado de ellos para crear su objetivo de un centro de adolescentes y promover ocasiones donde los adolescentes pueden disfrutar de torneos de handball, danza, rap, Djing y arte Graffiti, Green escucha las historias que cuentan así como las historias que parecen presentar, aun sin contarlas. Trabajó con su propia resistencia a escuchar las letras de sus canciones rap sin moralizar, y para oír de igual modo a las narrativas de los conflictos de pandillas. “Intenté suspender mi visión para ellos y en cambio ver lo que su visión podría estar diciéndome”. ¿Cómo habían llegado a vivir a Oceano estas familias? ¿Cuáles eran sus historias de inmigración y lucha? ¿Acerca de qué era ese sentimiento de vergüenza que encontraba en los muchachos? Los hombres adultos y los adolescentes comenzaron a encontrarse en círculos o concilios, permitiendo que la comunidad escuchara profundamente a los intereses e historias de cada uno de sus miembros. La elección de esta forma reclamaba una tradición indígena que sus antepasados usaban en tiempos pre-coloniales. Está a punto de promoverse un proyecto de historia oral para la comunidad. A medida que los muchachos se movilizaban para estas actividades, fueron abiertamente rechazados por muchos en la comunidad mayor, haciendo más palpables las dinámicas de opresión de sus historias y de sus existencias. Un muchacho le dijo: “Matthew, no sabes cómo es vivir esto diariamente”. Las palabras de Hillman fueron una guía para él: “El estudio de las vidas y el cuidado de las almas significa sobre todo un encuentro prolongado con lo que destruye y es destruido, con lo que está roto y duele -es decir, con la psicopatología” (Hillman, 1975, p.56)
“Ver a través”
“Primero es el momento psicológico, un momento de reflejo, asombro, sorpresa, iniciado por el alma que interviene y contrabalancea aquello que estamos haciendo, escuchando, leyendo, mirando. Con lenta sospecha o súbita intuición nos movemos a través de lo aparente a lo menos aparente. Usamos metáforas de luz -un centelleo, un lento amanecer, un relámpago- a medida que las cosas se clarifican. Cuando la misma claridad se ha vuelto obvia y transparente, pareciera crecer dentro de ella una nueva oscuridad, una nueva pregunta o duda, que requiere un nuevo acto de intuición que penetre nuevamente hacia lo menos aparente. El movimiento se vuelve un regreso infinito que no se detiene a respuestas coherentes o elegantes. El proceso de psicologizar no puede detenerse en ninguno de los lugares de reposo de la ciencia o la filosofía; es decir, el psicologizar no se satisface cuando se han encontrado condiciones necesarias y suficientes o cuando se ha establecido la comprobabilidad. Sólo se satisface por su propio movimiento de ver a través” (Hillman, 1975, p. 140)
Hillman afirma que “siempre estamos en el abrazo de alguna idea”, que “nuestra lucha con las ideas es una lucha sagrada”, “que el hacer alma ocurre tanto mediante la ideación como en las relaciones personales o la meditación” (1975, pp. 121, 115). De hecho, su opus es un asombroso don que nos enseña en cada ocasión cómo vivir en relación con las ideas: amándolas, criticándolas, dándolas vuelta, viendo a través de ellas, siendo devotos de ellas, animados por ellas, sacrificando a ellas, cuidándolas y atendiéndolas.
Sin esa cuidadosa atención a las ideas, dice, la psique se vuelve hacia las ideologías. En efecto, la ruptura de normas de conocer mediante el “ver a través” se relaciona fundamentalmente con romper los aspectos opresivos de la existencia humana (ver Belenky, 1986). Cuando no se ve a través de las ideas, el sentimiento de realidad que generan se experimenta como natural e inevitable. Es el proceso de ver a través el que nos libera para crear con ideas, en lugar de ser meramente una víctima de ellas. Este ver a través nunca está acabado, de una vez y para siempre, sino que es un proceso continuo. Hillman nos convoca a que situemos nuestras ideas y prácticas dentro del contexto histórico y cultural del cual brotan, ver cada idea como una perspectiva entre muchas -cada una con sus propias consecuencias.
En el contexto de sus clases de escritura creativa en una cárcel estatal Suzan Still (1998, 1999) se comprometió con un proceso continuo de ver a través de las ideas por las cuales funciona el sistema de encarcelamiento. Vio en la idea y en la política de “sobre-familiaridad” con los reclusos una sombra del liberalismo americano. Habiéndosele prohibido responder a las cartas de sus estudiantes, incluso de llamarlos por sus nombres, protesta contra un sistema de deshumanización progresiva que se enfoca en tratar a los hombres, cuyos poemas la conmueven hasta las lágrimas, como meras ventajas de las que aprovecharse. Siguiendo las implicaciones de las corporativizaciones recientes del sistema penal americano y la modificación del trabajo en la prisión, Still expone el incentivo de provecho que surge de los fracasos de rehabilitar a los reclusos. Mayor permanencia en la cárcel y mayor reincidencia significan mayores beneficios corporativos, a la vez que reinscriben instituciones de esclavitud y apartheid bajo la rúbrica del castigo. Mientras intenta ver a través de las ideas arquetipales que estructuran nuestras prisiones, encuentra las fantasías de la sombra del Senex: “imaginaciones alrededor de cómo controlar, suprimir, reprimir, inhabilitar, castigar, humillar, despotencializar, despersonalizar y deshumanizar” (Still 1998, p.15)
Reflexión y acción
“Las ideas nos permiten visualizar y por medio de la visión podemos conocer”
“Pero cuando una intuición o idea se ha absorbido, la práctica cambia visiblemente. La idea ha abierto el ojo del alma. Viendo diferentemente, hacemos diferentemente. Entonces se toma implícitamente cuidado del 'cómo'” (Hillman, 1975, pp.121-122)
A medida que Still escucha los poemas ardientes como lava de sus estudiantes, su ver a través se enciende con un potencia liberadora, imaginando con sus amigos poetas cómo nuestra cultura podría revertir sus inclinaciones asesinas del alma draconianas, para crear un sistema de justicia que merezca ese nombre.
Para Hillman acción e ideas “no son enemigos inherentes, y no debieran vincularse como un contraste” (Hillman, 1975, p. 116). Ve la reflexión como una actividad, y la acción siempre como actuación de una idea. Hillman habla de nuestra necesidad de traer el alma a la acción, y la acción al alma. El tipo de ver a través de las ideas con el que trabaja Suzan Still incorpora movimientos hacia una ética de participación con sus estudiantes, y hacia su visualización activa conjunta de un sistema penal que no flagela la misma piel del alma.
Desde la perspectiva de la psicología arquetipal el activismo social puede fundarse en notar, reflexionar, ver a través, en ensueño y en diálogo. La patología no es excluida mediante una erradicación prematura, sino que se la escucha con paciencia esperando su intuición. Mientras la voluntad y la disciplina del ego suelen ser necesarios, están al servicio del campo erótico de la interconexión generada por estas prácticas. “También el amor” dice Hillman, “puede ser un método de psicologizar, de ver en y a través, de profundizar cada vez más” (1975, p. 136)
La llamada del alma del mundo
Atentamente notando el mundo, nos encontramos particularmente sintonizados a ciertas cuestiones, problemas y situaciones. Como destacadas por nuestro temperamento, historia, heridas y pasiones, particulares aspectos del alma del mundo nos llaman hacia ellos. El camino de individuación es en parte un fino sintonizar con los modos en que somos llamados y obligados. Tanto sus serpenteos y sus insistentes sentidos reflejan los modos en que el mundo ha entrado en nosotros, insinuándose en nuestras historias y nuestras narraciones. El tipo de activismo que describe Hillman surge menos de intención egoica que de la lenta dilación de uno que poetiza Walt Whitman; ese ritmo de inhalación simpatética del mundo en uno, y la exhalación creativa y erótica de uno hacia el mundo que señala nuestra pertenencia (ver Hyde, 1979) (6)
Belleza
“Así, la cuestión del mal, como la cuestión de la fealdad, se refiere primariamente al corazón anestesiado, el corazón que no tiene reacción a lo que enfrenta, transformando así el variopinto y sensual rostro del mundo en monotonía, mismidad, unidad. El desierto de la modernidad.
Pero el modo de percibir del corazón es a la vez un percibir y un imaginar: para percibir penetrantemente tenemos que imaginar, y para imaginar con precisión tenemos que percibir.
Los novelistas William Styron y George Orwell, y la filósofa social Hannah Arendt, al escribir sobre el mal totalitario y los crímenes sistemáticos nazis en particular, han llegado por su parte a la conclusión de que el mal no es lo que uno espera: crueldad, perversión moral, abuso de poder, terror. Estos son sus instrumentos o sus resultados. Pero el mal más profundo de un sistema totalitario es precisamente aquello que lo hace operar: su eficiencia monótona unilateral, programada; formalismo burocrático, el servicio diario estupidizante, estándar, aburrido, perfección a la letra, generalidades, uniforme. Sin pensamiento y sin sensibilidad. Eichmann”
(Hillman, 1992a, pp. 64, 108, 62)
Hillman describe el “notar” como la base de la psicología profunda clásica; el notar las imágenes de los sueños, los sentimientos corporales, las omisiones y lapsus. Este mismo notar debe, nos dice, extenderse al mundo, del cual hemos retirado nuestra atención. Cuando comenzamos a notar el mundo, nos vemos sacudidos por la fealdad y la belleza. Hillman, a diferencia de Jung, conecta esta respuesta estética con lo moral.
En el trabajo de Deborah Mac Williams (1998, 1999) la devoción a la belleza del lugar la llevó a un intenso dolor por la profanación del lugar mediante el anonimato y la fealdad de sus pasajes comerciales, y el desarrollo descuidado en la mayoría de nuestras ciudades y pueblos. Se dio cuenta que tratar esta profanación depende de confrontar nuestra respuesta entumecida a nuestro entorno urbano. Mac Williams hizo que sus cooperadores salieran de los coches y caminaran por lo feos pasajes, poco amistosos, que usualmente suelen recorrer sin darse cuenta. Usando arcilla, imágenes y palabras, estos participantes lucharon para dar forma a sus reacciones a los inertes espacios de asfalto a los que están cediendo sus pueblos. Aquí surge una defensa de la belleza del lugar a partir de notar lo feo, del duelo por la pérdida de lo bello. En este contacto con “lo que es” -y al acoger los sentimientos de disgusto, impotencia y dolor que surgen- Mac Williams encuentra el movimiento del ensueño para incorporar lo que es deseado, ofreciendo un camino hacia la creación en el mundo.
Fue a través de lo imaginal que llegué a la obra de Hillman, y es a la primacía de lo imaginal a lo que mis estudiantes y yo retornamos continuamente. Liberados del subjetivismo, descubrimos que lo imaginal registra y amplifica las llamadas del mundo, despertándonos a través de la imagen y la percepción a lo que sufre y a lo que es bello. Con exigente especificidad, las imágenes que surgen libremente indican el modo en que el alma percibe las realidades cotidianas entre las cuales vivimos. Con sus escuetas interpretaciones, lo imaginal se abre paso a través de nuestra negación, disolviendo nuestra distancia del dolor y la pérdida.
Además lo imaginal va más allá de lo dado, más allá de las concepciones de uno y de las representaciones de lo que es. Se aventura en un espacio más culturalmente prohibido que expresa lo que el alma desea más profundamente. Hillman, como Ibn Arabí, describe el corazón como el locus del deseo, la oración y lo imaginal, así como de la sensación y la percepción. El intenso anhelo del corazón origina imágenes como semillas, esperando inseminar diferentes modos de ser en el mundo. Por esta razón Hillman (2000) ahora añade la Justicia a la Belleza y la Vocación como teloi fundamentales del alma.
Cuando se percibe mediante el corazón, la presentación imaginada de “lo que es” conduce a anhelos e imaginaciones de lo que podría ser (7). Es por esta razón que el trabajo cultural en cualquier continente escucha atentamente a las imágenes -la poesía, la música y el arte- que comunican con pasión e intensidad lo que se está viviendo. Sabemos que tal escucha puede con gracia traer al ser imágenes de lo deseado más profundamente, imágenes utópicas hacia las cuales se orienta una comunidad en sus aspiraciones. Tal escucha intensa es como el fuego que rompe la vaina resistente de las semillas, liberando un potencial de otro modo aprisionado.
Brent Blair (2000), y director y actor teatral, trabajando con muchachos adolescentes encerrados en el Central Juvenile Hall, este de Los Angeles, les ofreció la oportunidad de deconstruir y reconfigurar el mito de Orfeo, permitiendo que este cuento evocara las luchas y tragedias de sus viajes a la oscuridad que habían vivido en nuestra cultura y nuestras prisiones. “Al final”, dice Blair, su trabajo dramático fue “un testimonio de la inefabilidad del espíritu humano para despertarse a sus potencialidades, en medio de una atmósfera tal de derrota” (p. 1).
Si hay una constante en la comunidad y campo de trabajo ecológico que está surgiendo del Instituto de Graduados Pacifica, inspirado por la obra de Hillman, es la fe y el fundarse en lo imaginal. Los alumnos escuchan la llamada de imágenes que conectan la historia personal con el contexto cultural; imaginaciones que les libera de modos de trabajo que no estén iluminados por el alma; imaginaciones que exigen atención y que compelen hacia un testimoniar compasivo y hacia las acciones que brotan de ello.
Coda
La psicología profunda, mediante la crítica apasionada y la contribución de Hillman, ha comenzado a curar la bifurcación que hiere y que a veces ha promovido: interno/externo, personal/cultural, pensamiento/corazón, imaginación/acción. La profundidad ha sido reimaginada para incluir no sólo lo inferior y lo interior sino la profundidad de “lo de en medio”. A partir de las corrientes de los escritos de Hillman que han continuado desde esas lecturas de re-imaginación de hace treinta años, se ha visto afectado y continúa siendo cambiado el trabajo de varias generaciones de psicólogos, más allá de las fáciles identificaciones con una escuela de ideas u otra, más allá del confinamiento del alma al interior de lo humano, o de lo imaginal a la subjetividad.
Vivo en toda la obra de Hillman hay un cuestionamiento penetrante, haciendo explotar los términos en los que de otro modo buscaríamos seguridad falsamente. Hay una devoción a la belleza, que nos despierta y estimula el corazón. Hay un firme rechazo a girar la vista ante lo difícil, ante lo sufriente. Acogido en el lenguaje de “notar” hay un cuidado hacia “lo que es” y “lo que podría ser” que nos devuelve al mundo; un mundo humano y un mundo otro de lo humano, completamente interdependientes, acabadamente intermezclados. En nuestro retorno hallamos que el alma siempre había estado allí.
Finalmente, Jim, te imagino leyendo esto. Rápidamente sabes dónde se han extraviado mis interpretaciones, donde inadvertidamente pongo palabras mías en tu boca. Pero antes de que llegues lejos en ese camino, ¿no estás contento de que no te haya preguntado cuáles era las implicaciones de tus escritos para el trabajo cultural y ecológico?!
Hace unas pocas primaveras en 1999, noté que mis alumnos logran seducirte para que tocaras el tema de la praxis en su comunidad y en los campos de trabajo e investigación ecológicos. Replicaste:
“Piensen como si estuvieran navegando. En ese caso, nunca se está en el curso. Uno siempre está rectificando. Sólo a través de estas constantes correcciones uno encuentra su curso. Uno debe preguntarse, "¿Soy demasiado personal aquí, pensando sólo en mi propio 'crecimiento'? ¿Soy demasiado como un 'misionero' allí, trayendo 'luz' a las gentes?" El movimiento, un movimiento a través de ello, es parte de lo esencial... En cualquier momento a medida que viajas en un círculo, puedes pensar, 'Ya lo tengo'. Fijas entonces el punto y fácilmente te puedes salir de la tangente. El plan es la sensibilidad...”
Mary Watkins
traducción Enrique Eskenazi
©2007
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