Mario Satz: El bien y el ombligo

A orillas del Mar Negro dos estudiantes de Talmud-Torá se sentaron a hablar sobre las gracias y desgracias del cuerpo humano. El más alto y delgado se llamaba Izi Roziner y el más bajo Eli Tamides.
-Continúo pensando que lo más hermoso del ser humano son sus ojos-dijo Izi.
-¿Y qué me dices del ombligo?-le preguntó Eli.
La tarde era silenciosa, con un vuelo de gaviotas contra el cielo gris y lejanos sonidos de barcos. La primavera había dado paso al verano y tras el calor de sus noches el otoño enrojecía las primeras hojas. Pronto llegarían las primeras y minúsculas naranja de China y la tía de ambos, Elke, podría hacer compota para endulzar el té.
-Después de los ojos pondría obviamente a las manos, en las que anidan caricias y talentos.
-Me parece que el ombligo merece una reflexión más detenida-insistió Eli, incómodo porque no era la primera vez que su primo, que era un poco sordo, no lo tomaba en cuenta.
-Tras las manos pondría los pies, sin los cuales aquéllas no van a ningún sitio-continuó, orgulloso de su elección, Izi Roziner.
-Sin embargo-elevó su voz Eli tamides-, el bien más obvio está en el ombligo.
-Veo que insistes en ello-se giró Izi, mirándolo a la cara con una pizca de soberbia.- Antes de dejarte hablar querría hacerte saber que manos, pies y ojos sirven a la acción, acentúan nuestra posición en el espacio presente, mientras que el ombligo, ya lo sabes, apenas si es una huella del pasado.
-Si, ¡pero qué huella!
Izi Roziner se inclinó, recogió una piedra y la arrojó al mar. Si él era un poco sordo su primo tenía fama de testarudo.
-Explícate, pues-le dijo-.Cuéntame por qué para ti es tan importante el ombligo.
-Porque no sólo es el centro embriológico de nuestro ser sino que su mismo nombre anuncia la bondad de nacer y desarrollar ojos, manos y pies.
-¿No puedes ser más explícito?-preguntó Izi.
-En tabur, el ombligo(1 ) está tob , el bien-respondió Eli-¿Y qué es el bien sino el justo medio entre el mal y la indiferencia? El mal que nos infligimos a nosotros mismos y la indiferencia que solemos sentir por los otros.
Izi Roziner reflexionó unos instantes y reparó en que su primo tenía razón. Incapaz de reconocerlo, por envidia o por celos le dio la espalda para que no se le notara el gesto adusto y volvió a arrojar otra piedra al agua, tras lo cual preguntó:
-¿Y qué me dices de la lengua?
-Que es más inocente cuando pregunta que cuando responde.



Mario Satz

de Alrededor de una Nuez

(1) Pensar el cuerpo es, para la Kábala, indivisible de pensar en los nombres de sus órganos y miembros. Así, efectivamente y en ombligo, tabur subyace tob, el bien. Reflejo notable de que para la cosmología bíblica nacer, venir al mundo, es un hecho positivo, al revés que en el pensamiento clásico griego que desconfía de la ensomatosis o encarnación.

 

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