La concepción freudiana de ciencia

por Pablo Cazau

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Sigmund Freud fue un ardiente defensor del paradigma cientificista de su época y del mismo psicoanálisis como disciplina científica. Para él, las cosmovisiones del arte y la filosofía no entran necesariamente en conflicto con la cosmovisión científica, pero sí se oponen a esta última la religión, el nihilismo intelectual y el marxismo.

Como otros tantos científicos, Sigmund Freud no se preocupó solamente por investigar 'en' su propia disciplina, en este caso el psicoanálisis, sino que también se pronunció 'sobre' ella en tanto ciencia, a través de un discurso epistemológico que, si bien no fue sistemático, mantuvo no obstante cierta asiduidad y no dejó de exhibir la impronta del positivismo.

Junto al Freud neurólogo y al Freud psicólogo existe también, así, un tal vez menos conocido Freud epistemólogo, y sus opiniones a este último respecto pueden ser examinadas desde dos perspectivas diferentes que apuntan, respectivamente, al psicoanálisis 'como' ciencia y al psicoanálisis 'de' la ciencia.
1) El psicoanálisis como ciencia.- En los escritos freudianos podemos encontrar ciertos párrafos epistemológicos, donde el autor aborda explícitamente cuestiones donde se pronuncia acerca de la ciencia en general, o acerca del psicoanálisis como disciplina científica. Esta primera perspectiva es la que abordaremos en la presente nota.
2) El psicoanálisis de la ciencia.- En otros párrafos, Freud aborda la cuestión de los procesos psicodinámicos de origen pulsional que desembocan, vía sublimación, en una producción científica. La psicología del científico constituye otro capítulo importante de la epistemología a pesar de las denuncias de psicologismo de Popper, como cuando enfatiza que "la cuestión acerca de cómo se le ocurre una idea nueva a una persona -ya sea un tema musical, un conflicto dramático o una teoría científica-, puede ser de gran interés para la psicología empírica, pero carece de importancia para el análisis lógico del conocimiento científico" (1). Otro autores rescatan, en cambio, el valor del análisis psicológico del discurso científico para la epistemología, como por ejemplo Gastón Bachelard, cuando se refiere a un 'psicoanálisis del conocimiento objetivo' (2), o aún también un famoso detractor del psicoanálisis como Mario Bunge, cuando alude a una 'psicología de la ciencia' (3). A diferencia de Karl Popper, ellos han rescatado, aunque desde ópticas por cierto diferentes, que el científico es, además de una máquina de pensar, un ser humano.

Mientras que los planteos del "psicoanálisis como ciencia" describen el discurso científico como el producto de un proceso secundario regido por el principio de realidad, el "psicoanálisis de la ciencia" indaga las raíces de aquel discurso en el proceso primario, regido por el principio de placer. Y así, mientras que para Popper sólo se justifica un análisis epistemológico solamente a partir de la aparición del primer razonamiento lógico, para el modelo freudiano este último es la culminación de todo un proceso previo cuyas raíces se hunden en lo inconciente y en el pasado del sujeto.
En la presente nota, dijimos, nos centraremos en la primera perspectiva: qué es ciencia, qué no es ciencia, y qué es el psicoanálisis como ciencia para Freud. La escritura freudiana recorrida en estas notas no es exhaustiva, aunque ha intentado representar decorosamente al todo.

1. La cosmovisión científica

La ciencia es un tipo particular de cosmovisión, y, como tal, forma parte de la cultura humana. Veamos primero entonces cómo define Freud cultura y cosmovisión.
La cultura humana incluye dos aspectos, no independientes entre sí: "por un lado, abarca todo el saber y el poder-hacer que los hombres han adquirido para gobernar las fuerzas de la naturaleza y arrancarle bienes que satisfagan sus necesidades; por el otro, comprende todas las normas necesarias para regular los vínculos recíprocos entre los hombres, y, en particular, la distribución de los bienes asequibles" (4).
La cultura humana incluye diversas cosmovisiones. Freud define cosmovisión en general como "una construcción intelectual que soluciona de manera unitaria todos los problemas de nuestra existencia a partir de una hipótesis suprema" (5). Examinemos ahora cómo Freud caracteriza una de estas cosmovisiones, que es la científica. En esta caracterización podremos ver, especialmente en los tres primeros atributos que le asigna al saber científico, la impronta del positivismo de su época.
a) La ciencia es un saber racional.- Señala Freud que "nuestra mejor esperanza para el futuro es que el intelecto -el espíritu científico, la razón- establezca con el tiempo la dictadura dentro de la vida anímica. La esencia de la razón garantiza que en tal caso no dejaría de asignar su lugar debido a las mociones afectivas de los seres humanos y a todo lo comandado por ellas" (6). Freud sugiere aquí el pasaje de un sujeto pulsional a un sujeto epistémico a través de un proceso sublimatorio que encauce su actividad hacia fines desexualizados y socialmente aceptables, aunque preservando, desde ya, el sujeto como entidad deseante.
En esta caracterización de la ciencia como saber racional es donde más claramente puede apreciarse el punto de vista freudiano sobre el psicoanálisis 'de' la ciencia.
b) La ciencia es un saber empírico y verificable.- Esto significa que el conocimiento científico no es una mera especulación, lo que implica que no solamente busca explicar hechos, sino además que las hipótesis así construídas deben aprobar el examen de la realidad.
A propósito de la introducción de conceptos presuntamente especulativos como libido yoica y libido objetal, Freud señala que la ciencia no debe ser una teoría especulativa sino una disciplina construída sobre la interpretación de los hechos, justificando aquellos conceptos teóricos sobre esta base. El fundamento de la ciencia no son las especulaciones sino la observación (7).
De hecho, cuando Freud aborda la relación de la ciencia con la realidad, se apoya en un realismo metafísico, adscribiendo a una teoría de la verdad como correspondencia con lo real con reminiscencias platónicas. Así, el afán de la ciencia "es lograr la concordancia con la realidad, o sea, con lo que subsiste fuera e independientemente de nosotros y que, tal como la experiencia nos ha enseñado, es decisivo para el cumplimiento o la frustración de nuestros deseos. Llamamos 'verdad' a esta concordancia con el mundo exterior objetivo. Ella sigue siendo la meta del trabajo científico aunque dejemos de lado su valor práctico" (8).
c) La ciencia es un saber neutral.- La neutralidad del saber científico apunta básicamente a la necesidad de que el investigador mantenga su objetividad y no se deje influenciar por prejuicios o valoraciones afectivas.
"El pensar científico no es diverso por su esencia de la actividad normal del pensamiento que todos nosotros, creyentes y no creyentes, aplicamos en nuestros menesteres vitales. Sólo en algunos rasgos ha cobrado particular relieve: se interesa también por cosas que no poseen una utilidad directa y palpable, se empeña por mantener cuidadosamente alejados los factores individuales y las influencias afectivas, somete a riguroso examen la certeza de las percepciones sensoriales sobre las que edifica sus inferencias, se procura nuevas percepciones inalcanzables con los medios cotidianos y, variando deliberadamente ciertos experimentos, aísla las condiciones de esas experiencias nuevas" (8).
La neutralidad implica, como dijimos, la posibilidad de sustraerse al influjo de prejuicios. Por ejemplo, cuando Freud aborda el tema de la telepatía, indica que "no atestigua gran confianza en la ciencia creerla incapaz de acoger y procesar lo que resulte verdadero, eventualmente, de las tesis del ocultismo" (9).
d) La ciencia es un saber cambiante.- Nos dice Freud: "En la empresa científica no debería haber espacio para el horror a lo nuevo. Por su carácter eternamente incompleto e insuficiente, la ciencia está condenada a confiar para su salud en nuevos descubrimientos y concepciones. A fin de no sufrir fáciles desengaños, hará bien en abroquelarse en el escepticismo y no aceptar nada nuevo que no haya resistido un riguroso examen. No obstante, en ocasiones este escepticismo exhibe dos caracteres insospechados: se pone rígido frente a lo nuevo que llega, en tanto tiene por sacrosanto a lo ya consabido y creído, contentándose con desestimar aquello, aún antes de someterlo a indagación". En efecto, "sabemos bien que en la historia de la investigación científica las innovaciones tropezaron a menudo con una intensa y obstinada resistencia que luego se demostró injusta, porque la novedad era valiosa y sustantiva" (10).
Las ideas 'especulativas' "no son el cimiento sino el remate del edificio íntegro [de la ciencia], y pueden sustituírse y desecharse sin prejuicio. En nuestros días vivimos idéntica situación en la física, cuyas intuiciones básicas sobre la materia, los centros de fuerzas, la atracción y conceptos parecidos están sujetos casi a tantos reparos como los correspondientes al psicoanálisis" (7).
Que la ciencia es cambiante no significa solamente que una idea A evoluciona hacia una idea B, sino además también que la idea A tuvo sus orígenes en otra anterior. Así, por ejemplo, Freud relativiza el proceso de creación del científico, al sostener que en realidad, una idea que creemos novedosa y personal, resulta ser el producto de una reanimación de ideas anteriores aplicadas a otro material, y donde podemos rastrear indicios de pensadores anteriores que hemos recogido, modificado y desarrollado en sus consecuencias. El mismo Freud reconoce que muchas de sus ideas psicoanalíticas tenían en realidad la apariencia de originales (11).
e) La ciencia es un saber incierto y perfectible.- Para Freud, la ciencia "carece de los caracteres de precisión, inmutabilidad e infalibilidad, tan ansiados por el pensamiento humano" (12). Y así decía el creador del psicoanálisis en un congreso de Psicoanálisis en Budapest, en el año 1918: "Nunca hemos pretendido haber alcanzado la cima de nuestro saber ni de nuestro poder, y ahora, como antes, estamos dispuestos a reconocer las imperfecciones de nuestro conocimiento, añadir a él nuevos elementos e introducir en nuestros métodos todas aquellas modificaciones que puedan significar un progreso".
Se le ha cuestionado a la ciencia que su tarea es lenta y laboriosa, se lucubran conjeturas, se crean construcciones auxiliares que se retiran al no corroborarse, se renuncia a convencimientos prematuros, etc., pero en esta crítica hay una buena dosis de exageración: "no es cierto que marche ciega, a los tropezones, de un ensayo a otro, que permute un error por otro. En general trabaja como el artista: va produciendo su obra, al menos en las ciencias más antiguas y maduras, sobre un cimiento sólido que es modificado o completado, pero no retirado" (13).
Freud describe con mayor detalle esta tarea del científico de la siguiente manera: "Muchas veces hemos oído sostener el reclamo de que una ciencia debe construírse sobre conceptos básicos claros y definidos con precisión. En realidad, ninguna, ni aún la más exacta, empieza con tales definiciones. El comienzo correcto de la actividad científica consiste mas bien en describir fenómenos que luego son agrupados, ordenados e insertados en conexiones. Ya para la descripción misma es inevitable aplicar al material citas ideas abstractas que se recogieron de alguna otra parte, no de la sola experiencia nueva. Y más insoslayables todavía son esas ideas -los posteriores conceptos básicos de la ciencia- en el ulterior tratamiento del material. Al principio deben comportar cierto grado de indeterminación; no puede pensarse en ceñir con claridad su contenido. Mientras se encuentran en ese estado, tenemos que ponernos de acuerdo acerca de su significado por la remisión repetida del material empírico del que parecen extraídas, pero que, en realidad, les es sometido. En rigor, poseen entonces el carácter de convenciones, no obstante lo cual es de interés extremo que no se las escoja al azar, sino que estén determinadas por relaciones significativas con el material empírico, relaciones que se cree colegir aún antes que se las pueda conocer y demostrar. Sólo después de haber explorado más a fondo el campo de fenómenos en cuestión, es posible aprehender con mayor exactitud también sus conceptos científicos básicos y afinarlos para que se vuelvan utilizables en un vasto ámbito, y para que, además, queden por completo exentos de contradicción. Entonces quizás haya llegado la hora de acuñarlos en definiciones. Pero el progreso del conocimiento no tolera rigidez alguna, tampoco en las definiciones. Como lo enseña palmariamente el ejemplo de la física, también los 'conceptos básicos' fijados en definiciones experimentan un constante cambio de contenido" (14). Así por ejemplo, la representación espacial del aparato psíquico es una representación auxiliar como hay tantas en las ciencias, que Freud llega a calificar incluso de una ficción sujeta permanentemente a revisiones (32).
En suma, "el pensamiento científico es todavía muy joven entre los hombres, y elevado el número de problemas que no puede todavía resolver. Una cosmovisión edificada sobre la ciencia tiene, salvo la insistencia en el mundo exterior real, esencialmente rasgos negativos, como los de atenerse a la verdad y desautorizar las ilusiones" (15).

 

2. La ciencia frente a otras cosmovisiones

En la 35° Conferencia, Freud clasifica las cosmovisiones en ciencia, filosofía, arte, religión, nihilismo intelectual y marxismo, e indica que mientras las tres últimas se oponen a la científica, el arte y la filosofía no entran en conflicto con ella. Veamos cómo compara Freud la cosmovisión científica con las demás, sobre la base de ciertas semejanzas y/o diferencias.
a) Ciencia y arte.- Para Freud, el arte no entra en conflicto con la ciencia, como puede hacerlo la religión cuando por caso establece la prohibición de pensar (6). "El arte es casi siempre inofensivo y benéfico, no pretende ser otra cosa que una ilusión" (16). Inclusive, Freud destaca algunos puntos en común entre ambas actividades, cuando dice que el científico "trabaja como el artista con el modelo de arcilla: modifica sin descanso el esbozo grosero, le agrega y le quita material hasta conseguir un grado satisfactorio de parecido con el objeto visto o representado" (13). Mutatis mutandis, el científico va también modificando sus teorías hasta obtener representaciones cada vez más precisas de lo real.
b) Ciencia y filosofía.- "La filosofía no es opuesta a la ciencia, ella misma se comporta como una ciencia; en parte trabaja con iguales métodos, pero se distancia de ella en tanto se aferra a la ilusión de poder brindar una imagen del universo coherente y sin lagunas, imagen que, no obstante, por fuerza se resquebraja con cada nuevo progreso de nuestro saber. Desde el punto de vista del método, yerra sobreestimando el valor cognitivo de nuestras operaciones lógicas y, tal vez, admitiendo otras fuentes del saber, como la intuición" (16).
c) Ciencia y religión.- El tema de la religión, su relación con la neurosis obsesiva y su confrontación con la actitud científica fue un tema dominante en el pensamiento de Freud, lo que le valió no pocos cuestionamientos por parte de la comunidad religiosa.
"La religión es un poder inmenso que dispone de las emociones más potentes de los seres humanos", y ocupaba el lugar de la ciencia cuando esta apenas si comenzaba a existir (17). Las raíces de este poder están, al menos en parte en una universal inclinación de los seres humanos hacia la credulidad y la milagrería, a huír de la monotonía de las leyes del pensamiento y del examen de realidad, y a refugiarse en el placer y las seducciones de lo sin sentido (18).
La religión -cuyos orígenes remotos están en el animismo- cumple para Freud tres funciones básicas: a) satisface el humano apetito de saber al darle noticia sobre el origen y la génesis del universo, compitiendo así con la ciencia; b) asegura protección y dicha última en los veleidosos azares de la vida, un territorio donde la ciencia no puede competir, Así, En "El malestar en la cultura", Freud refiere que la religión impone un camino único para ser feliz y evitar el sufrimiento, para lo cual reduce el valor de la vida y delira deformando el mundo real intimidando a la inteligencia, infantilizando al sujeto y produciendo delirios colectivos. No obstante ello, tampoco logra eliminar totalmente el sufrimiento; y c) satisface una demanda ética al promulgar preceptos, prohibiciones y limitaciones sobre las acciones humanas, mientras que la ciencia se conforma con indagar y comprobar (17).
Indaguemos ahora en las comparaciones freudianas entre religión y ciencia y donde podremos apreciar netamente la oposición entre ambas cosmovisiones.
Por empezar, Freud muestra a la religión como un dogma que divide a los hombres, mientras que la ciencia es un principio unificador. En efecto, la razón "es uno de los poderes de los que con mayor justificación podemos esperar un influjo unificador sobre los hombres y -por lo tanto- cuyo gobierno son tan dificultosos. Imagínense lo imposible que sería la sociedad humana si cada quien tuviera su propia tabla de multiplicar y sus particulares unidades de longitud y peso" (6).
En "El porvenir de una ilusión", Freud sostiene que la religión es una ilusión y que la ciencia no lo es, aún cuando ésta última busque aumentar nuestro saber sobre el mundo y aumentar nuestro poder y organizar nuestra vida (19). Y es que mientras la religión se considera dueña de la verdad, la ciencia es conocimiento meramente provisional: "la gente se queja de la incerteza de la ciencia porque hoy proclama una ley que la próxima generación discernirá como error y reemplazará por otra, de validez igualmente efímera. Pero eso es injusto y en parte falso. Las mudanzas de las opiniones científicas son desarrollo y progreso, no ruina" (19).
Cuando el principio de placer es sustituído por el principio de realidad, "se abandona un placer momentáneo, pero inseguro en sus consecuencias, sólo para ganar por el nuevo camino un placer seguro, que vendrá después" (20). La religión se atuvo al pie de la letra a este principio, pudiendo imponer una renuncia absoluta al placer a cambio del resarcimiento en una vida futura. Freud sostiene aquí que por esa vía no lograron derrotar al principio de placer, y fue la ciencia en obtener ese triunfo, aunque ella brinda también un placer intelectual y promete una ganancia práctica final.
Freud hace mención de tres fases en la historia de las cosmovisiones: la animista, la religiosa y la científica, indicando que puede seguirse a través de ellas la evolución de la 'omnipotencia de las ideas' que había observado en los obsesivos. Dice así que "en la fase animista se atribuye el hombre a sí mísmo la omnipotencia; en la etapa religiosa la cede a los dioses, sin renunciar de todos modos muy seriamente a ella, pues se reserva el poder de influír sobre los dioses de manera de hacerlos actuar conforme a sus deseos En la concepción científica del mundo no existe ya lugar para la omnipotencia del hombre, el cual ha reconocido su pequeñez y se ha resignado a la muerte y sometido a todas las demás necesidades naturales" (21).
"De los tres poderes que pueden disputar a la ciencia su territorio [religión, arte, filosofía], el único enemigo serio es la religión" (16).
La ciencia ha cuestionado la cosmovisión religiosa desde diversos ángulos, pero la última contribución corrió por cuenta del psicoanálisis "cuando señaló que el origen de la religión se situaba en el desvalimiento infantil, y todos sus contenidos derivaban de los deseos y necesidades de la infancia persistentes en la madurez" (22). También refiere Freud que "el espíritu científico engendra una actitud determinada frente a las cosas de este mundo" y, frente a la religión, ha socavado la fuerza probatoria de los documentos religiosos y ha pesquisado los errores que contienen (23).
d) Ciencia y nihilismo.- Correlato del anarquismo político, el nihilismo intelectual parte de la ciencia pero bien pronto la intenta destruír sobre la base de que no existe ninguna verdad, ningún conocimiento cierto sobre el mundo exterior y, por tanto, no interesa a qué opinión adhiramos, y no teniendo nadie derecho de imputar errores a los demás. Freud cuestiona esta cosmovisión al señalar que las acciones humanas están guiadas por conocimientos y, si estos no fuesen importantes, daría lo mismo hacer un puente de cartón que hacerlo de acero (24).
e) Ciencia y marxismo.- Freud cuestiona esta cosmovisión al señalar que "no puede admitirse que los motivos económicos sean los únicos que presiden la conducta de los hombres dentro de la sociedad" (25). Así "no se entiende cómo se podrían omitir factores psicológicos toda vez que se trata de las reacciones de seres humanos vivientes, pues no sólo estos han participado en el establecimiento de tales relaciones económicas, sino que, aún bajo su imperio, los seres humanos no podrían hacer otra cosa que poner en juego sus originarias mociones pulsionales: su pulsión de autoconservación, su placer de agredir, su necesidad de amor, su esfuerzo hacia la ganancia de placer y la evitación de displacer" (25).

3. El psicoanálisis como ciencia

El psicoanálisis, entendido como rama especial de la psicología (psicología de lo profundo o psicología de lo inconciente), no es una cosmovisión en general sino una cosmovisión científica, es decir, está ubicada por Freud dentro de la ciencia. La contribución del psicoanálisis a la cosmovisión científica es haber extendido la investigación al ámbito de lo anímico (5).
Al ubicar Freud el psicoanálisis dentro de la cosmovisión científica, le adscribirá también los rasgos del saber científico en general: racional, empírico, verificable, neutral, cambiante, incierto y perfectible.
En efecto, para Freud el psicoanálisis, incapaz de crear una cosmovisión particular, adhiere a la cosmovisión científica (15), y a la hora de evaluar su cientificidad, no vacila incluso en compararlo -en cuanto a procedimientos y actitudes- con la física, modelo de ciencia de su época.
Aparece manifiestamente el modelo positivista de ciencia sustentado por Freud, en afirmaciones tales como "el psicoanálisis basa sus afirmaciones en un cierto número de hechos" (26); "el psicoanálisis no es hijo de la especulación sino el resultado de la experiencia; y por esa razón, como todo nuevo producto de la ciencia, está inconcluso" (27); "el psicoanálisis ha construído, sobre la base de una gran cantidad de observaciones e impresiones, algo como una teoría" (28); "el psicoanálisis es un método de investigación, un instrumento neutral, como lo es, por ejemplo, el cálculo infinitesimal. Si con ayuda de este último un físico llegara a la conclusión de que transcurrido cierto lapso la Tierra desaparecerá, es evidente que se vacilará en atribuír al cálculo las mismas tendencias destructivas y en proscribirlo por ellas" (29); o "nuestra ciencia abarca un cierto número de hipótesis, aunque es difícil saber si deberían ser consideradas como postulados o como producto de nuestras investigaciones" (26).
Los postulados generales a los que probablemente Freud se refiere son los puntos de vista económico, dinámico y tópico, e indica que ellos no son en rigor premisas del trabajo psicoanalítico sino mas bien el resultado de observaciones de los hechos de la vida anímica: "por ello, la superestructura teórica del psicoanálisis es todavía incompleta y se encuentra en un proceso de permanente transformación" (30).
Si tuviéramos que ubicar al psicoanálisis, de acuerdo a Freud, dentro de las cosmovisiones por sucesivas inclusiones, podríamos decir lo siguiente: dentro de las cosmovisiones encontramos la cosmovisión científica, dentro de está encontramos diversas ciencias y, entre ellas, la psicología; finalmente, dentro de la ciencia psicológica hay varias teorías, una de las cuales es precisamente el psicoanálisis.
En "Algunas lecciones elementales de psicoanálisis" sostiene que el psicoanálisis es una parte de la psicología y que a su vez ésta es una ciencia natural pues lo psíquico corresponde a procesos naturales, aunque hace la salvedad de que el psicoanálisis no equipara lo psíquico con lo conciente sino con lo inconciente: "el ser conciente no puede ser la esencia de lo que es psíquico. Es sólo una 'cualidad' de lo que es psíquico, y desde luego una cualidad inconstante, que se halla muchas más veces ausente que presente. Lo psíquico, sea cualquiera su naturaleza, es por sí mísmo inconciente" (26).
En otros escritos, Freud aclara que "el psicoanálisis es una rama de la psicología, no de la psicopatología ni de la medicina, aunque pueda aplicarse con fines médicos. De hecho, la electricidad y los rayos X también tuvieron aplicación médica pero la ciencia de origen es la física (31). En efecto, "no debe maravillar que el psicoanálisis, que en su origen sólo pretendía explicar fenómenos anímicos patológicos, terminase por desarrollar una psicología de la vida anímica normal. Se obtuvo la justificación para ello cuando se halló que los sueños y las operaciones fallidas de las personas normales poseen idéntico mecanismo que los síntomas neuróticos" (30).
Sin embargo, Freud no caracterizó al psicoanálisis simplemente como una teoría, sino también como un método de investigación y como un procedimiento terapéutico basado en aquel método y en aquella teoría (33).
Thomä y Kächele (34) reunieron en tres puntos las opiniones de Freud acerca de la relación entre teoría psicoanalítica, método de investigación psicoanalítico y terapia psicoanalítica, los que podemos sintetizar de la siguiente manera:
a) En 1918, Freud sostenía que los tratamientos breves y exitosos no aportaban conocimiento nuevo. Son infecundos para el avance del conocimiento científico porque nada nuevo se aprende de ellos, pues se sabía todo lo necesario para su solución. Sólo del análisis dificultoso se puede aprender, y sólo allí puede investigarse.
b) En 1927, Freud afirmaba que desde siempre, existió en el psicoanálisis una inseparable unión entre investigar y curar: mientras el conocimiento aportaba el éxito, el tratamiento aportaba nuevo saber, y así el procedimiento analítico es el único donde puede conservarse esta "preciosa conjunción".
Cabría complementar este punto destacado por Thomä y Kächele con cierta afirmación freudiana de 1912 donde aclara que investigar y curar no son procesos simultáneos sino sucesivos.
En efecto, sugiere que hay un tiempo para investigar y un tiempo para aplicar el conocimiento, es decir, para curar, e indica que mientras el tratamiento de un caso no esté cerrado, no es bueno elaborarlo científicamente. Para él, "la conducta correcta del analista consistirá en pasar de una actitud psíquica a la otra al compás de sus necesidades; en no especular ni cavilar mientras analiza, y en someter el material adquirido al trabajo sintético del pensar sólo después de concluído el análisis" (35).
c) En 1933 Freud señaló finalmente que aunque el psicoanálisis se inició como terapia, bien pronto se convirtió también en una teoría, es decir, en una estructura conceptual dotada de un cierto "contenido de verdad".
Finalmente, consignemos algunas impresiones freudianas acerca de las dificultades que hubo que sortear para que el psicoanálisis pudiese poco a poco ser admitido dentro de la comunidad científica.
En sus comienzos, el psicoanálisis fue combatido desde dentro de la ciencia misma, aunque siguen subsistiendo ciertas resistencias. Incluso, muchos pensadores parece molestarles la idea de sexualidad, la de inconciente o la de simbolismo, pero ninguno de ellos basa sus críticas o desautorizaciones en un reexamen de los hechos, pareciendo primar aquí simpatías o antipatías personales (36).
Si bien "la relatividad de nuestro conocimiento es un reparo que puede oponerse a toda ciencia, no sólo al psicoanálisis" (37), hay quienes invocan esta circunstancia para cuestionar los aportes teóricos del psicoanálisis por cuestiones simplemente de gustos personales. "El que tenga en alta estima al pensamiento científico buscará, mas bien, los medios y los métodos que le permitan restringir en todo lo posible ese factor de la arbitrariedad estética personal allí donde todavía desempeñe un papel excesivo" (37).
A la astronomía no se la desdeña porque no pueda explicar al cosmos más allá de ciertos límites, pero a la psicología sí, como si a esta disciplina se le pidieran no progresos en el saber sino satisfacciones de otra índole, lo que revelaría para Freud la "constitucional ineptitud del ser humano para la investigación científica" (38).
"La multitud es ella misma cómoda, exige un solo motivo como explicación, no agradece a la ciencia sus resultados provisionales, quiere tener soluciones simples y saber allanados los problemas" (39). Freud cuestiona así a quienes tienden a aceptar la psicología individual de Adler -que "nada tiene que ver con el psicoanálisis"- porque no admiten complicaciones, ven que no introduce conceptos nuevos de difícil comprensión, nada sabe de lo inconciente y elimina de un solo golpe el problema de la sexualidad.

 

Pablo Cazau. Licenciado en Psicología y Profesor de Enseñanza Media y Superior en Psicología (UBA). Buenos Aires, Setiembre 2000.

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Notas

(1) Popper Karl, "La lógica de la investigación científica", Madrid, Editorial Tecnos, 1967, pág. 30.
(2) Bachelard Gastón, "La formación del espíritu científico", Buenos Aires, Siglo XXI editores, 2° edición.
(3) Bunge Mario, "La investigación científica: su estrategia y su filosofía", Barcelona, Ariel, 1971, página 50.
(4) Freud S., (1927) "El porvenir de una ilusión", AE, XXI, 6.
(5) Freud S., (1933) "35° Conferencia: En torno a una cosmovisión", AE, XXII, 146.
(6) Freud S., (1933) "35° Conferencia: En torno a una cosmovisión", AE, XXII, 158.
(7) Freud S., (1914) "Introducción al narcisismo", AE, XIV, 75.
(8) Freud S., (1933) "35° Conferencia: En torno a una cosmovisión", AE, XXII, 157.
(9) Freud S., (1933) "30° Conferencia: Sueño y ocultismo", AE, XXII, 51.
(10) Freud S., (1923) "Josef Popper-Lynkeus y la teoría del sueño", AE, XIX, 227.
(11) Freud S., (1925) "Las resistencias contra el psicoanálisis", AE, XIX, 281.
(12) Freud S., (1926) "Pueden los legos ejercer el análisis?", AE, XX, 179.
(13) Freud S., (1933) "35° Conferencia: En torno a una cosmovisión", AE, XXII, 161.
(14) Freud S., (1915) "Pulsiones y destinos de pulsión", AE, XIV, 113).
(15) Freud S., (1933) "35° Conferencia: En torno a una cosmovisión", AE, XXII, 168.
(16) Freud S., (1933) "35° Conferencia: En torno a una cosmovisión", AE, XXII, 148.
(17) Freud S., (1933) "35° Conferencia: En torno a una cosmovisión", AE, XXII, 149.
(18) Freud S., (1933) "30° Conferencia: Sueño y ocultismo", AE, XXII, 31.
(19) Freud S., (1927) "El porvenir de una ilusión", AE, XXI, 53.
(20) Freud S., (1911) "Formulaciones sobre los dos principios del acaecer psíquico", AE, XII, 228.
(21) Freud S., (1913) "Tótem y tabú", BN, II, 558.
(22) Freud S., (1933) "35° Conferencia: En torno a una cosmovisión", AE, XXII, 155.
(23) Freud S., (1927) "El porvenir de una ilusión", AE, XXI, 38.
(24) Freud S., (1933) "35° Conferencia: En torno a una cosmovisión", AE, XXII, 163.
(25) Freud S., (1933) "35° Conferencia: En torno a una cosmovisión", AE, XXII, 165.
(26) Freud S., "Algunas lecciones elementales de psicoanálisis", BN, III, 443.
(27) Freud S., (1913) "Sobre psicoanálisis", AE, XII, 211.
(28) Freud S., (1917) "Una dificultad del psicoanálisis", BN, II, 1108.
(29) Freud S., (1927) "El porvenir de una ilusión", AE, XXI, 36.
(30) Freud S., (1926) "Psicoanálisis", AE, XX, 254.
(31) Freud S., (1926) "¿Pueden los legos ejercer el análisis?", AE, XX, 236.
(32) Freud S., (1926) "¿Pueden los legos ejercer el análisis?", AE, XX, 182.
(33) Laplanche J. y Pontalis J., "Diccionario de psicoanálisis", Barcelona, Labor, 1981, 3° edición, pág. 316.
(34) Thomä H. y Kächele H., (1985) "Teoría y práctica del psicoanálisis", Barcelona, Herder, 1989, pág. 412.
(35) Freud S., (1912) "Consejos al médico sobre el tratamiento psicoanalítico", AE, XII, 114.
(36) Freud S., (1933) "34° Conferencia: Esclarecimientos, aplicaciones, orientaciones", AE, XXII, 128.
(37) Freud S., (1914) "Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico", AE, XIV, 57.
(38) Freud S., (1932) "Prólogo a las Nuevas Conferencias de introducción al psicoanálisis", AE, XXII, 6.
(39) Freud S., (1933) "34° Conferencia: Esclarecimientos, aplicaciones, orientaciones", AE, XXII, 132.

Ediciones consultadas

Freud S., Obras Completas (24 tomos), Buenos Aires, Amorrortu Editores (AE), 1995.
Freud S., Obras Completas (3 tomos), Madrid, Editorial Biblioteca Nueva (BN), 1968

 

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