El pensamiento de Marsilio Ficino Ernst Cassirer: extractos de "The individual and the cosmos in the Renaissance Philosophy" trad. Enrique Eskenazi |
Lo que se requiere de la voluntad y el conocimiento humanos es que estén completamente vueltos hacia el mundo y sin embargo se distingan completamente de él. Voluntad y conocimiento pueden, o mejor deben dedicarse a cada parte del universo; pues sólo yendo hacia el universo entero puede el hombre atravesar el círculo de sus propias posibilidades. Pero esta completa apertura hacia el mundo no debe significar jamás una disolución en él, un perderse a sí mismo místico-panteísta. Pues la voluntad humana se posee a sí misma solo en tanto es consciente de que ningún objetivo aislado le satisfará; y el conocimiento humano se posee sólo en tanto sabe que ningún objeto aislado de conocimiento puede bastarle. Así, este volverse hacia la totalidad del cosmos siempre implica la capacidad de no limitarse a ninguna parte única. La fuerza de esta conversión total está equilibrada por la fuerza de un total regreso. La dualidad de hombre y mundo, "mente" y "naturaleza", se observa estrictamente. Pero por otro lado esta dualidad no deviene un dualismo absoluto del tipo de la escolástica medieval. Pues la polaridad no es una oposición absoluta, sino relativa. La diferencia entre los dos polos es sólo posible y concebible en tanto implica un relación recíproca entre ellos. Aquí tenemos ante nosotros una de las concepciones básicas del platonismo florentino, que nunca fue completamente sumergida o extinguida por las corrientes de ideas opuestas o por la tendencia hacia la "trascendencia" y hacia el ascetismo que gradualmente se volvieron más y más fuertes en esa escuela. Ciertamente, Pico y Ficino están generalmente bajo la influencia de temas neoplatónicos; pero en este caso, el sentido genuino platónico de los conceptos "chorismos" y "metexis" es re-capturado. La "Trascendencia" misma postula y requiere "participación", así como la "participación" requiere y postula "trascendencia". Objetivamente considerada, esta determinación recíproca puede parecer enigmática y paradójica; sin embargo resulta necesaria y singularmente clara, si tomamos como punto de partida la naturaleza del Ego, es decir, del sujeto volitivo y cognoscitivo. En el libre ACTO de querer y el libre ACTO de conocer, se unen aquellas cosas que en la SIMPLE existencia parecen huir siempre la una de la otra. Pues tanto el poder de distinción y el poder de unificación son propiedades de estos actos. Solos pueden distinguir hasta el grado más alto sin, a la vez, dejar que las cosas distinguidas caigan en una absoluta separación.
En este pensamiento, la relación del Ego con el mundo, es decir, la relación del sujeto con el objeto es entendida … como una coincidentia oppositorum. En el Renacimiento el pensamiento astrológico, alimentado en fuentes paganas y árabes, no era menos influyente que el pensamiento cristiano. Y aunque la antigüedad podía usarse contra la tradición medieval cristiana y contra la teología dogmática cristiana medieval, era impotente, al principio, contra el nuevo oponente. En verdad, la antigüedad parecía apoyar la astrología, porque -al menos al comienzo- el sendero a la época "clásica" de la filosofía estaba cerrado para el Renacimiento, Sólo podía considerar esta filosofía disfrazada por su vestidura helenística; sólo podía ver la doctrina de Platón a través del medio del neoplatonismo. Así, con la revitalización del pensamiento antiguo, el antiguo mundo del mito también se acercó al Renacimiento. Incluso en Giordano Bruno uno siente aún que este mundo no ha desaparecido en absoluto; invade el mismo pensamiento filosófico y deviene uno de sus factores determinantes. Y cuando uno busca explicar la relación entre el Ego y el mundo, entre el individuo y el cosmos no a través del pensamiento conceptual sino a través del sentimiento y la emoción artística, la influencia del antiguo mundo del mito se vuelve más fuerte y más profunda. A medida que estas fuerzas emergen más independientemente y se expresan más desinhibidamente e el Renacimiento, las barreras puestas por la Edad Media contra el sistema de la astrología comienzan a caer con más facilidad. La Edad Media cristiana nunca pudo deshacerse de la astrología ni vencerla completamente. Adoptó el sistema astrológico, así como toleró y continuó antiguas concepciones paganas. Los viejos dioses siguieron vivos; pero fueron descendidos a demonios, a espíritus de rango inferior. No importa cuan fuertemente pudiera afirmarse el temor primitivo de los demonios, fue aliviado y contenido en sus límites por la fe en la omnipotencia del Dios único ante cuya voluntad debían inclinarse todas las fuerzas opuestas. Así, aunque el "conocimiento" medieval, en especial la medicina y la ciencia natural, estaba saturado con elementos astrológicos, la FE medieval representaba un constante correctivo contra ellos. La fe ni negaba ni los eliminaba; simplemente los subyugaba al poder de la Divina Providencia. En virtud de este yugo, la astrología pudo permanecer sin ser molestaba como un principio de sabiduría mundana. Hasta Dante la aceptaba en este sentido; en efecto, en el Convivio da un sistema completo de conocimiento que corresponde en cada detalle al sistema de la astrología. Las siete ciencias del Trivium y el Quadrivium se asignan a las siete esferas de los planetas: la gramática corresponde a la esfera de la Luna, la dialéctica a Mercurio, la retórica a Venus, la aritmética al Sol, la música a Marte, la geometría a Saturno y la astronomía a Saturno. El primitivo Humanismo no cambió la actitud hacia la astrología … pero a medida que avanzamos en el Renacimiento, sentimos más y más que el avance del espíritu mundano y la cultura mundana fortalece la tendencia hacia las doctrinas básicas de la astrología. En vida de Ficino, generalmente tan ordenada y equilibrada, hay un momento de inquietud y de constante tensión interior como resultado de su ambigua posición moral e intelectual respecto a la astrología. También acepta el punto de vista eclesiástico cristiano; también subraya que los cuerpo celestiales pueden ejercer poder sobre los cuerpos de los hombres pero que no pueden ejercer presión sobre la mente o sobre la voluntad. Desde esta posición también lucha contra cualquier intento de predecir el futuro por medio de la astrología … Y sin embargo es evidente que esta convicción teórica, que luchó por alcanzar, no cambia la esencia de su sentimiento sobre la vida. Ese sentimiento está aún dominado por la creencia en el poder de las estrellas, sobre todo por la creencia en el poder maléfico de Saturno, el planeta ascendente en el propio horóscopo de Ficino. El sabio no debiera intentar escapar del poder de su estrella. Sólo una cosa le queda por hacer; canalizar este poder hacia el bien fortaleciendo en sí mismo las influencias benéficas que vienen de su estrella y, siempre que sea posible, rechazando las dañinas. La posibilidad de dar una forma a la vida se base en esta capacidad e configurarla en unidad y perfección DENTRO del círculo prescrito. Nuestra lucha ni puede ni debiera ir más allá de este límite. En el tercer libro de su obra DE Triplici Vita, que tituló De Vita Coelitus Comparanda, Ficino desarrolló un sistema completo y detallado para configurar la propia vida de acuerdo a las determinaciones y el poder de las estrellas. La visión astrológica del mundo siempre había estado ligada a la idea del microcosmos. En efecto, la astrología parecía no ser sino la simple consecuencia y realización de esta idea. La presentación de Ficino del sistema de la astrología en su obra De Vita Triplici comienza con la idea de que así como el mundo no es un agregado de elementos muertos sino más bien un ser animado, no puede haber en él meras "partes" que posean una existencia independiente junto a y fuera del mundo. Lo que exteriormente aparece como una parte del universo se entiende, cuando se la capta con más profundidad, como un ORGANO que posee su lugar definido y su función necesaria en el todo complejo de la vida del cosmos. La unidad de este complejo universal de actividades debe necesariamente articularse mediante una multiplicidad de órganos. Pero esta diferenciación no significa un aislamiento de la parte del todo; más bien significa un expresión siempre renovada del todo, un aspecto particular de su auto-presentación. Por el otro lado, la integridad del cosmos, esta concordia mundi, no sería posible si no existiera un orden jerárquico además de su mutua interpenetración. La actividad del universo no sólo mantiene una forma definida, sino que también muestra en todas partes un definida dirección. El camino conduce de arriba hacia abajo, del reino inteligible hacia el reino sensible. De las esferas celestiales arriba, fluyen hacia abajo continuamente corrientes, y estas sostienen los seres terrenales y siempre los vuelven a fructificar. Este tipo de física emanatista presentada por Ficino aún está completamente de acuerdo con las antiguas presentaciones, especialmente con el Picatrix, el manual clásico de magia y astrología helenística tardía. Pero no podía sostenerse mucho más, pues su fundamento más sólido se destruyó cuando el pensamiento filosófico del Quattrocento completó su decisiva crítica del concepto de cosmos graduado. En la nueva cosmología, que comienza con Nicolás de Cusa, no hay "arriba" o "abajo" absolutos y, por tanto, no puede haber sólo una dirección de influencia. La idea del organismo del mundo se expande aquí de tal modo que cada elemento del mundo puede con igual derecho considerarse el punto central del universo. Esta relación de dependencia hasta aquí unilateral entre el mundo inferior y el superior, toma ahora más y más la forma de una relación de pura CORRELACIÓN. Y con ello el tipo de fundamento de pensamiento astrológico debe transformarse gradualmente aún cuando los presupuestos generales de la astrología permanecen vigentes. En Alemania esta transformación toma lugar más claramente en la filosofía de la naturaleza de Paracelso. Así, aún cuando la visión astrológica general del mundo permanece sin cuestionar, podemos observar el caro intento de conquistar un nuevo sitio para la subjetividad DENTRO de la misma visión del mundo. Aquí Paracelso sólo recoge las idea de un hombre a quien él -generalmente tan parco en alabanzas a sus predecesores- llamaba "el mejor doctor italiano". Ficino evidentemente merece el cumplido por sus tres libros De Vita, en los que intenta presentar una estructura completa de la medicina sobre una base astrológica. Sin embargo en esta obra Ficino modifica de un modo peculiar la doctrina de las radiaciones estelares que mediante su influencia gobiernan todo el estado físico y moral del hombre. Seguramente hay un lazo, dice Ficino, que uno cada hombre a "su" planeta desde el momento de su nacimiento; y ese lazo es indestructible. Continuamente se queja de la influencia que sobre él y el curso de su vida ejerce la mala estrella ascendente en su horóscopo. Esa facilidad y certeza en la conducta en la vida que Júpiter aporta tan liberalmente sobre los demás, le está negada a él, "hijo de Saturno". Y sin embargo este reconocimiento del destino astrológico no implica que deba renunciar para siempre a su independencia en la configuración de su propia vida. La resignación cansada y dolorosa con la que Ficino se entrega a la voluntad del destino gradualmente cede a un tono nuevo y más libre. Seguramente el hombre no puede escoger su estrella, como no escoge su naturaleza física y moral, ni su temperamento. Pero el libre de ejercitar su elección dentro de los límites prescritos por su estrella. Pues cada constelación contiene dentro de su círculo una multiplicidad de posibilidades de vida diferentes, incluso contradictorias, y deja abierta a la voluntad la elección final entre ellas. Saturno no es sólo el demonio de la inercia y de la melancolía estéril y auto indulgente; es también el genio de la observación intelectual y la meditación, de la inteligencia y contemplación. Esta polaridad, que está en las mismas estrellas, halla su reconocimiento y su expresión más clara y visible precisamente en el sistema de la astrología. Ahora despeja el camino para la libre voluntad humana. Entre el alma y el cuerpo hay no sólo una relación de conexión, sino también de completa "concinnidad", o continua proporción, como dice el Cusano. Una concepción completamente opuesta se ofrece en las doctrinas de Averrores y de ciertos neoplatónicas. Pero el neo-platonismo renacentista de la Academia Florentina se pone, característicamente, completamente del Cusano en este problema decisivo. En la Theologia Platonica así como en sus cartas Ficino combate constantemente la doctrina de la unidad del "intelecto activo". En esta batalla se basa en la experiencia inmediata que siempre nos muestra nuestro ego y nuestro pensamiento en forma individual. No puede existir diferencia esencial, empero, entre la naturaleza del yo y aquello que es dado a nosotros en nuestra conciencia inmediata. Este proceso busca concretar los fundamentos teóricos y las condiciones de la subjetividad. Pero además de ello, hay otro proceso, uno que nos aclara por primera vez las fuerzas actuales que, en último análisis, determinan y dominan todo este movimiento intelectual. Ficino construye su doctrina del alma y su doctrina de la inmortalidad individual no tanto sobre su visión del conocimiento humano como sobre su visión de la voluntad humana. El pivote actual de la psicología de Ficino es la doctrina de Eros. Se vuelve el punto central de todos los esfuerzos filosóficos de la Academia Florentina. Como revelan las Disputationes Camaldulenses de Cristoforo Landino, la doctrina de Eros constituía el tema eterno, inagotable, de la conversación académica. Este tema central es la fuente de toda la influencia ejercida por la Academia en la vida intelectual, en la literatura, y en las artes plásticas visuales del Quattrocento. Y a la vez ocurre aquí una constante acción recíproca. … Ficino y Pico parecen querer sólo reproducir, lo más fielmente posible, la teoría Platónica del Eros. Ambos pensadores se basan directamente en El Simposio de Platón, al cual Ficino escribió un comentario muy detallado. Y sin embargo, acaso en ningún sitio emerge tan claramente la particularidad y el carácter especial del "platonismo cristiano" como en este tema … Para Ficino sólo la naturaleza puramente espiritual del hombre hace de él un "ser independiente" en sentido estricto y lo eleva por encima de la esfera de las meras cosas. La libertad del hombre, en la cual emerge su verdadero Ego, presupone la posibilidad de la liberación del alma respecto al cuerpo. |
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