|
1. Los repertorios mitológicos distinguen
tres clases de Cíclopes bien diferenciados
[2]. Los Cíclopes pastores
de la Odisea [3]; los
semejantes a los dioses [4], es
decir, Brontes, Estéropes y Arges, que
regalaron a Zeus el trueno y el rayo; y, por
último, los que construyeron las murallas de
Micenas.
Nosotros nos ceñiremos a los
Cíclopes pastores, cuya importancia en la
literatura griega ha sido mucho mayor que la de los
otros dos grupos. Ha habido estudiosos que han
postulado un origen comun de los tres tipos,
sosteniendo que todos ellos proceden de una
divinidad del fuego [5].
2. El canto noveno de la Odisea nos ha
transmitido la descripción mas antigua y
completa a propósito de los cíclopes
pastores. Su país está situado en
algún lugar de Occidente al cual han llegado
Ulises y sus compañeros desde el territorio
de los lotófagos.
No se hacen precisiones ni sobre la
situación geográfica ni a
propósito de los días que tardaron en
llegar hasta él: «Desde allí
proseguimos navegando con el corazón
acongojado y llegamos a la tierra de los
Cíclopes, los soberbios, los sin
ley...» [6]. De una lectura
atenta del texto se desprende que Homero retrasa
deliberadamente la acción, pues, tras decir
que han llegado al país de los
Cíclopes, se nos ofrece un largo excurso
sobre una isla próxima a tal territorio, lo
que le sirve al poeta para establecer gran
número de paralelismos y contrastes entre
ambos lugares. Así, podemos suponer que los
Cíclopes viven en el continente, por
oposición a la citada isla. No obstante el
texto homérico no afirma nada en tal
sentido.
Tras un excurso, leemos que Ulises y los suyos,
desde tal isla, después de comer, contemplan
la tierra de los Cíclopes situada a lo lejos
[7]. Es importante señalar
que lo primero que distinguen es el humo: oyen
también sus voces y, asimismo, los balidos
de ovejas y cabras [8].
Un punto destacado del relato homérico es
que la expedición que, desde la mencionada
isla, emprende Ulises hacia la tierra de los
Cíclopes, acompañado de doce de los
suyos, en una sola nave, es un acto voluntario, de
inspección y reconocimiento, pues los
héroes tenían provisiones suficientes
para continuar el viaje. Ulises dijo:
«Quedáos ahora los demás, mis
fieles compañeros, que yo con mi nave y los
que me acompañan voy a llegarme a esos
hombres para saber quiénes son, si
soberbios, salvajes y no justos, o amigos de los
forasteros y con sentimientos de piedad con los
dioses» [9].
Es preciso volver unos versos atrás para
recordar que los Cíclopes son soberbios y
carecen de normas establecidas
[10]: «Confiados en los
dioses inmortales, no plantan con sus manos frutos
ni labran la tierra, sino que todo les nace sin
sembrar y sin arar: trigo y cebada y viñas
que producen vino de gordos racimos; la lluvia de
Zeus se los hace crecer. No tienen ágoras
donde se emite consejo ni leyes; habitan las
cumbres de elevadas montañas en profundas
cuevas, y cada uno gobierna a sus hijos y mujeres y
no se preocupa de otros»
[11].
En este pasaje comienza en la literatura europea
el interés por los Cíclopes pastores,
pueblo mítico que vive en un país
lejano y de modo primitivo. Efectivamente, habitar
en las cimas de las montañas dentro de
cuevas, no tener relaciones de amistad con los
congéneres, no atenerse a leyes divinas, no
sembrar ni arar, no tener naves
[12] son rasgos suficientes que
nos indican el retraso cultural de tales seres.
Sabemos, empero, que habitan un país
idílico donde la tierra les ofrece todo lo
que necesitan sin el menor esfuerzo por su parte.
Es curioso que, sin fatiga alguna, conocieran los
cereales y el vino.
El contraste entre dos planos contrapuestos es
visible en varios detalles dentro del largo pasaje
dedicado a los Cíclopes. Polifemo es
descrito de este modo: «Era un monstruo
enorme, y no se parecía a un hombre que come
pan, sino a una cima boscosa de las elevadas
montañas, que se presenta sola, apartada de
las demás» [13].
Tanto en ese lugar como en otros pasajes del
episodio que estudiamos se ha visto una
fusión de varias versiones anteriores,
más bien que una pluralidad de manos
poéticas [14].
El contraste resulta evidente, asimismo, en lo
referente a la isla, no muy distante de la
región de los Cíclopes, adonde
arribaron Ulises y sus compañeros
[15]: en esa isla no había
sembrados ni ganados, sino cabras montaraces. En
cambio, los Cíclopes, sin
proponérselo y sin trabajarlos, conocen el
trigo, la cebada y el vino. Piénsese que
cereales y vino, junto con el aceite, forman la
tríada mediterránea, seguro indicio
de civilización frente a los pueblos
bárbaros. Ademas, los ganados del
Cíclope, como puede entenderse de la lectura
del texto, están ya domesticados: la
domesticidad es un paso importante en la historia
de la humanidad. Otro detalle relevante es que el
poeta afirme que en tal isla no hay cazadores
[16]. Piénsese, en efecto,
que los Cíclopes no practican la caza, al
menos en la Odisea; por el contrario, Ulises
y los suyos sí obtienen abundante caza
usando arcos y venablos. La isla está
descuidada, sin arar ni sembrar, a pesar de que
sería excelente para la vid, la mies y toda
clase de frutos; su puerto es tan excelente y esta
tan protegido, que ni siquiera es preciso echar el
ancla ni atar las amarras de las naves. Los
Cíclopes, en cambio, carecen de naves y no
pueden aprovecharse de las magníficas
condiciones de la isla cercana.
Como hemos visto, los Cíclopes, sin
esfuerzo alguno por su parte, disfrutan de una
situación privilegiada, propia de quienes en
la primera generación eran hijos de Gea y
Urano, y, por tanto, tíos de Zeus. Polifemo,
por su lado, hijo de Posidón, es sobrino de
Zeus [17].
Ulises deja en la isla el resto de la
expedición, y con una sola nave se dirige al
país de los Cíclopes. Nada más
llegar a tierra, ven, junto al mar, una gruta
elevada donde pernoctaban numerosas ovejas y
cabras: «Allí habitaba un hombre
monstruoso que apacentaba sus rebaños, solo,
apartado, y no frecuentaba a los demás, sino
que vivía alejado y tenía
pensamientos impíos»
[18].
Varias características definen a Polifemo
por oposición a los demás
Cíclopes. Destacan entre ellas la soledad,
señalada tres veces en el mismo verso
[19], y, asimismo, el hecho de
practicar el pastoreo, grado cultural mas avanzado
que vivir simplemente de lo que la naturaleza
ofrecía espontáneamente a sus
congéneres.
Pero insistamos en la soledad de Polifemo. Tal
Cíclope vive solo, o sea, soltero, sin
familia, y, además, alejado de los
demás, es decir, sin pertenecer a comunidad
alguna por rudimentaria que fuera. Por
último, no frecuentar a los demás
conlleva no tener trato con ellos, no querer saber
nada de vecindad ni amistad con nadie.
Encontramos aquí un detalle
paradójico, pues un ser que parece
desenvolverse en una etapa cultural más
avanzada que la de los demás, en cambio,
vive en unas condiciones más salvajes que el
resto de los Cíclopes.
Leemos en el pasaje que venimos mencionando
indicaciones acerca de las actividades de Polifemo:
la separación de corderos y cabritillos en
grupos diferentes (añales, medianos,
lechales); las colodras y jarros bien construidos
para el ordeño; la disposición de los
quesos en zarzos son elementos que hacen pensar en
alguien ordenado y meticuloso. Todo ello constituye
una anticipación deliberada que
pondrá de manifiesto, por contraste, toda la
ferocidad del personaje.
Antes que Polifemo llegue a la caverna, los
compañeros de Ulises le piden al
héroe volverse a la nave tras haber cogido
buena provisión de quesos, cabritillos y
corderos [20]. Una vez
más, de modo deliberado, Ulises, llevado por
el enorme atractivo que sienten los griegos
clásicos ante lo desconocido, decide
esperar, ver al amo de todo aquello, confiando en
recibir los dones debidos al forastero que llega de
lejos. Es cierto, con todo, que el oyente avisado
podía conocer de antemano algunos indicios
sobre el sanguinario monstruo, pues los cantos
anteriores nos informan de que Posidón
está irritado contra Ulises porque
éste ha privado del ojo a Polifemo, parecido
a un dios, cuyo poder es el más grande entre
todos los Cíclopes [21].
El uso del vino para embriagar al Cíclope
es un elemento importante y relativamente moderno,
pues ciertos rasgos formularios vienen a subrayar
la gran importancia de tal bebida en el desarrollo
de la acción. Ulises estaba al mando de doce
naves [22], eligió doce
compañeros para ir a la tierra de los
Cícloples [23], y
disponía de doce ánforas de vino
[24], regalo de Marón. La
calidad de ese vino es subrayada por la cantidad de
agua necesaria para hacer una buena mezcla: una
medida de vino por veinte de agua
[25]. Por otra parte se pone el
énfasis en su extraordinario olor: era, en
suma, una bebida divina [26],
pues cuando se percibía su aroma ya no era
agradable irse de su lado [27].
Los Cíclopes conocían el vino
[28], pero de calidad muy
inferior al que Ulises traía
[29]. En realidad, las
excelencias de este vino se contraponen al
salvajismo y fiereza de Polifemo, que no conoce
reglas justas ni divinas [30].
Los contrastes surgen por todas partes. La misma
sensación de orden que Ulises y los suyos
hallan en la cueva del monstruo se repite cuando
éste llega al frente de sus rebaños.
Primero, separó los machos, que dejó
fuera en el recinto pertinente; luego
ordeñó las ovejas y cabras; y, a
continuación, les puso debajo sus lechales.
Después, cuajó la mitad de la leche,
y la otra mitad la colocó en vasijas para
bebérsela. Aparte de eso, el monstruo
había traído un enorme haz de
leña para calentarse, pues no usaba el fuego
para cocinar los alimentos. Es bien sabido por los
antropólogos que la distinción
crudo/cocido es una nota definidora de la barbarie
frente a la civilización.
Un rasgo importante es que el Cíclope
pasa la vida entre sus animales: pastoreando,
ordeñando y ocupándose de ellos de
diversas formas. Todo eso influye en que
esté especialmente asimilado al mundo
animal, bestial. De hecho, la única frase
amable se la dirige a un carnero al final de la
larga secuencia que nos ocupa
[31].
Por el contrario, son ultrajantes las primeras
frases del monstruo dirigidas a los extranjeros, a
quienes toma por piratas. Ulises le cuenta que son
aqueos que vienen errantes desde Troya; que
pertenecían al ejército de
Agamenón; que han llegado hasta allí
y se acogen a sus rodillas, pidiéndole los
dones de la hospitalidad y mencionándole a
Zeus, protector de los suplicantes. Dura es la
respuesta de Polifemo: los Cíclopes no se
preocupan de Zeus ni de los dioses, porque ellos
son mucho más fuertes.
La contraposición de planos resulta
clara. Por una parte, la actitud de Ulises y los
suyos hacia los dioses [32], la
confianza de los Cíclopes en los dioses
[33], y la mención de
éstos [34]; por otra, las
palabras de Polifemo afirmando que los
Cíclopes no se preocupan de los dioses
[35] y que a él,
personalmente, le trae sin cuidado el odio de Zeus
[36]. Con todo, en cierto
momento, no duda en pedir ayuda de un dios:
Posidón, su padre [37].
Así, pues, el Cíclope parece
debatirse entre sus congéneres y una
rebelión especial contra el poder de Zeus
[38].
Polifemo no muestra ningún interés
por Troya, ni por Agamenón; está muy
lejos del mundo heroico. En el momento en que se
entera de que Ulises y los suyos están
solos, sin posibilidad de ayuda ni escapatoria
alguna (en realidad, el héroe lo
había engañado, pues la nave estaba
en lugar seguro, no destrozada) se manifiesta tal
como es en realidad, sin rebozo de ninguna clase.
Sin decir una palabra, agarró dos hombres,
los golpeó contra el suelo,
reventándoles los sesos, cortó en
trozos sus miembros y se los comió como un
león montaraz, sin dejar ni sus
entrañas ni sus carnes ni sus huesos llenos
de meollo [39]. A
continuación tomó leche pura, sin
mezcla [40].
Dos motivos que contribuyen a perfilar la
naturaleza salvaje del Cíclope son su
actitud ante la petición de los dones de la
hospitalidad y el hecho de beber vino puro. Que
Polifemo, con el mayor descaro, diga que el don que
va a otorgar a Ulises será comérselo
el último rompe totalmente los esquemas del
comportamiento debido hacia los huéspedes,
con lo que se manifiesta un menosprecio absoluto
hacia toda norma de coexistencia civilizada. Por
otro lado, a ojos de un griego, beber vino puro,
sin mezcla alguna, hasta emborracharse, es indicio
claro de brutalidad, de carencia absoluta de todo
refinamiento y de ignorancia total de las normas
más elementales de los simposios.
Interés indudable tiene el instrumento
utilizado para dejar ciego al monstruo. En otras
versiones populares, el héroe se vale del
propio espetón con que el salvaje
caníbal ha asado a los extranjeros. En la
Odisea es un trozo de olivo, que había de
servir al monstruo como bastón, el medio
usado para quitar la vista al Cíclope
[41]. Por cierto, el poema
épico nos habla de un ojo
[42], aunque en ningún
momento se dice que Polifemo tuviera sólo
uno. En el instante en que el héroe se
dispone a quemar el ojo se nos dan varios detalles
anatómicos: se habla de párpados y
cejas, en plural poético
[43].
Cuando Ulises, a las preguntas de Polifemo,
contesta que se llama «Nadie»,
está introduciendo un elemento importante
para que los Cíclopes tomen por loco a su
congénere y se marchen sin prestarle ayuda.
Así, el héroe y los suyos logran
salvar la vida por el momento y preparar su huida.
En el episodio de los Cíclopes, en suma,
podemos ver la existencia de un país que
está a medias, entre la civilización
y la barbarie, lo que le permite al poeta detenerse
en las diferencias entre naturaleza salvaje y
cultura griega, claro preludio del debate
establecido en el siglo V a.C. a propósito
de la oposición entre naturaleza y ley. Hay
excesos por ambas partes: si Polifemo afirma que
los Cíclopes no se preocupan de Zeus ni de
los dioses [44], Ulises, cuando
ya está a salvo, le dirige frases muy
ofensivas al monstruo: ni el que bate la tierra, o
sea, Posidón, le curará el ojo
[45].
Realmente, Polifemo es un caso especial entre
los suyos. En el canto primero de la Odisea
se afirma que aquél tiene el poder supremo
enke los Cíclopes [46].
Por otro lado, Aristóteles se preguntaba ya
por qué había que considerar a
Polifemo un Cíclope, pues no le
correspondía serlo ni por su padre ni por su
madre [47]. Pero el caso es que,
en la literatura europea, tal Cíclope
figurará ya para siempre como el primer ser
gigantesco vencido por la astucia humana.
3. Hesíodo menciona a los Cíclopes
en varios pasajes [48].
Precisamente en un escolio leemos que los
Cíclopes eran, en verdad, semejantes a los
dioses, y que Crates había insistido en que,
aun nacidos de inmortales, crecieron como mortales,
pues, según un catálogo, resultaron
muertos por Apolo [49].
4. Píndaro nombra a los Cíclopes
en algunas secuencias [50]: en
una de ellas [51] se nos habla
del pórtico ciclópeo de Euristeo,
alusión evidente a los Cíclopes
constructores. Muy breve es la cita que hallamos en
Baquílides [52].
5. Entre los tragicos, Eurípides es el
único que se ocupa de los Cíclopes
pastores, en especial de Polifemo
[53]. También saca a
colación las murallas ciclópeas de
Micenas [54] y a los
Cíclopes forjadores del rayo de Zeus
[55].
La Comedia contribuyó en buena medida a
fijar los rasgos de un personaje como Polifemo,
caracterizado desde la Odisea con ciertos
rasgos cómico-burlescos: emborracharse tras
haber empleado la fuerza bruta; comer y beber en
exceso; eructar; andar a tientas; tener un solo
ojo; ser fanfarrón.
Del Cíclope de Epicarmo se nos han
conservado algunos fragmentos en que se nos habla
de las grandes dimensiones del recipiente usado por
el monstruo para beber y, asimismo, se mencionan
los sabrosos compañeros del héroe de
muchos recursos [56].
La comedia ática empleó en varias
ocasiones el tema del Cíclope. Por ejemplo,
Cratino, en sus Ulises, nos presenta al
monstruo como licencioso, glotón y bebedor.
El Cíclope llama Marón al vino
[57], y habla de asar, tostar y
cocer a los camaradas de Ulises, dando todo tipo de
detalles acerca de las salsas con que los va a
preparar y sobre la manera de comérselos.
Aristófanes parodió el ditirambo
de Aristóxeno donde aparece el
Cíclope entonando una canción de amor
[58].
Nicócares, por su lado, nos ofrece un
pasaje donde Galatea rechaza al Cíclope,
llamándole «mal educado»
[59].
Otros autores cómicos escribieron otras
tantas comedias tituladas Cíclope, que,
aunque perdidas para nosotros, son muestra del
interés por el tema [60].
7. El Cíclope euripídeo
[61] es el único drama
satírico completo que nos ha legado la
literatura griega [62].
Anteriormente habían tratado el tema otros
trágicos [63].
Eurípides se toma las grandes libertades que
le permite tal género literario en lo
referente a escenografia y duración de la
obra. El detalle más destacado quizás
es que Ulises puede entrar y salir libremente de la
cueva. El país de los Cíclopes
aparece situado al pie del Etna, en Sicilia,
lugares mencionados en la obra catorce veces. Tal
insistencia en la localización
geográfica ha sido relacionada con el hecho
de que la obra hubiera sido escrita en los
alrededores del 411 a.C., es decir, dos años
después del espantoso desastre ateniense en
Siracusa.
Aunque no faltan situaciones cómicas,
grotescas, propias del género, aparece en la
obra un tono intelectual y sofístico
evidente. El Cíclope tragón y bebedor
de la comedia sustituye ahora, con un cierto
carácter científico, los dioses por
la riqueza, la comida y la bebida
[64]. No le importaban nada los
cabos ni los promontorios marinos mencionados por
Ulises; le domina un hedonismo basado en comida,
bebida y sexo. Era una idea antigua que aparece en
poetas griegos arcaicos; nuevo, en cambio, es el
perfil de tipo sofístico: Zeus es comer y
beber [65]. Junto a eso, otra
característica del monstruo es su gran
hostilidad hacia las leyes, siguiendo la
línea de los grupos más conservadores
y reaccionarios de la Atenas del momento
[66]. Polifemo critica
abiertamente a quienes han hecho las leyes,
complicando, dice, la vida de los hombres. Es
verdad que los Cíclopes homéricos
carecían de normas establecidas
[67]; pero es a fines del V a.C.
cuando los grupos extremistas sostuvieron que eran
los hombres débiles y la mayoría los
que decretaban las leyes [68].
Los Cíclopes habitan en grutas
[69] y ninguno de ellos respeta a
nadie en nada [70]; o sea, el
cuadro homérico sigue vigente a grandes
rasgos. De su aspecto fisico se nos dice que tienen
un solo ojo [71] situado en medio
de la frente [72]. En cuanto a
Polifemo, Eurípides modifica algo su
genealogia cuando afirma que es hijo de
Posidón y de la Tierra
[73]. Los Cíclopes, por
otro lado, como en Homero, no practican la
agricultura ni conocen el pan
[74], pero, ademas, ignoran el
vino [75], lo que supone un
estadio cultural más atrasado que el
ofrecido en la Odisea.
Pero en el drama euripídeo encontramos
algunas innovaciones. El Cíclope tiene
rebaños de cabras y ovejas, como en Homero,
pero, ademas, de vacas [76]. Del
ganado no se ocupa Polifemo, sino sus esclavos, los
sátiros [77], mientras
él se dedica a cazar con perros
[78]. Estamos ante un personaje
singular con cierto poder económico: ganado
menor y mayor, esclavos, etc. De los
Cíclopes, en conjunto, tenemos ahora
más innovaciones. No son vegetarianos como
parece ser el homérico, sino que, aparte de
leche y queso, comen carne de sus rebaños
[79]. Polifemo gusta de mezclar
leche de oveja y vaca cuando no las bebe por
separado [80]. No se preocupa
mucho por cuestiones de alimentación, porque
sabe que la tierra, quiéralo ella o no, por
fuerza, pare hierba y le engorda los ganados
[81].Además, el
canibalismo es ahora una característica de
todos los cíclopes [82].
La escena de antropofagia tiene una importancia
especial. Si el Cíclope homérico es
un ser salvaje que come como un león y no
deja nada de sus víctimas, el
euripídeo esta lleno de refinamiento. Las
comidas impías le son servidas por Sileno
[83]. En su relato
[84], Ulises nos hace saber la
antropofagia del Cíclope, que devora a los
griegos como si se tratara de un sacrificio.
Ha ordenado previamente que le traigan los
cuchillos de despedazar [85] y
que amontonen un haz de leña y le prendan
fuego. En ambos casos los sátiros
actúan como servidores. El monstruo habla
así: «Pues inmolados al punto,
llenarán mi vientre, comiendo yo carne
caliente a la brasa gracias a mi trinchador; y la
restante, cocida y blanda, de una caldera. Que
estoy harto de comida de monte. Basta ya de
banquetearme con leones y ciervos. Mas, en cambio,
hace mucho tiempo que me privo de comer
hombres» [86].
Notamos, pues, que este Cíclope, de un
lado, está en un estadio cultural mucho mas
avanzado que el odiseico, porque utiliza el fuego
para cocinar los alimentos, y no se come la carne
cruda; pero, de otro modo, es mas cruel y
sanguinario. El orden seguido está claro:
primero, asar; después, cocer. En el pasaje
anterior al arriba citado hallamos un contexto
paradójico: el trinchador, el
Cíclope, en vez de repartir a los
demás la carne troceada, como era norma en
los festines, se la ofrece a sí mismo
[87]. Tanto este rasgo, no
compartir con los demás su comida, como el
detalle de comer carne de león, son aspectos
que subrayan el extraordinario salvajismo y la
ferocidad sin límites del personaje.
El texto que estudiamos contiene varias palabras
en íntima relación con el lenguaje
sacrificial; se habla de vasijas sacrificiales
(sfageîa), apropiadas para recibir la sangre
de las víctimas [88]; de
la mandíbula de las hachas
[89]; del cocinero de Hades
[90]. En tan horripilante escena,
el monstruo actúa con enorme sangre
fría, según el rito previsto y
consabido [91]. Decíamos
que el orden y distribución están
perfectamente preparados: asa la carne, y, de otra
parte, cuece los miembros troceados en una caldera
[92].
El Coro menciona el infame banquete donde el
monstruo asa, cuece y toma los alimentos desde las
brasas: disfruta, roe y corta
[93]. Tras ese inhumano
festín, Ulises le ofrece vino varias veces.
A diferencia del relato homérico, en
Eurípides, Polifemo, lleno de vino, no se
duerme, sino que quiere irse de juerga con sus
hermanos. El de muchos recursos le deja la bebida a
su alcance y entera disposición,
diciéndole que gracias a ella
obtendría prestigio y placer
[94].
Ulises decide privarle de la vista, pero, a
diferencia de la Odisea, no es con el fin de
poder escapar del antro una vez que el
Cíclope removiera el enorme pedrejón
que bloqueaba la entrada; en Eurípides se
trata, en cambio, del deseo de venganza, pues la
caverna tiene ahora acceso libre.
Tenemos otros rasgos innovadores. Una vez
empapado de vino, Polifemo muestra sus
inclinaciones sexuales: «Disfruto más
con los muchachitos que con las mujeres»
[95]. Sileno subraya la
pederastia del Cíclope, cuando se queja con
amargura de ser el Ganimedes de tan terrible
monstruo [96]. Tal detalle, en
los años en que la obra fue escrita,
podría tomarse como un rasgo de refinamiento
del siniestro antropófago.
El Cíclope hace una torpe alusión
a la masturbación [97], en
un contexto en que esta mostrando su menosprecio
hacia Zeus y los demás dioses
[98]. No celebra sacrificios en
honor de ningún dios, sino de su propio
vientre, «la más grande de las
divinidades» [99]. Orgullo,
arrogancia y blasfemia van de la mano, como rasgos
definidores de su modo de ser.
Polifemo admite la existencia de dioses
[100], se llama a sí
mismo dios e hijo de dios [101],
pero, frente a eso, rompe el orden establecido y,
al modo de un sofista, intenta definir la divinidad
[102]. En otros pasajes, el
Cíclope se muestra como un ser civilizado
que saluda a los griegos y les pregunta qué
ciudad les ha educado [103];
conoce la guerra de Troya y la critica
[104], censura duramente la
perfidia de Helena [105];
está al tanto de los mitos (Radamantis, las
Gracias, Ganimedes, Dárdano)
[106]; no se deja engañar
por los tópicos imperialistas atenienses
[107] ni por las añagazas
de Ulises [108].
En el Cíclope euripídeo se
insinúan ciertos aspectos que serían
luego desarrollados por los cínicos a partir
del siglo IV a.C., especialmente la teoría
según la cual la vida de los animales debe
servir de modelo a la conducta humana. Polifemo, en
efecto, a pesar de su apariencia civilizada, vive y
actúa como un animal.
8. A fines del siglo V, Timoteo escribió
un ditirambo llamado Cíclope en el
que habla de mezcla de vinos, «sangre de Baco
mezclada con lágrimas de las
Ninfas»[109].
En la misma época, Filóxeno de
Citera trató, el primero, los amores del
Cíclope y Galatea en un ditirambo titulado
Cíclope o Galatea
[110]. Sobresale un fragmento
[111] en que Ulises trata de
convencer a Polifemo para que le deje salir del
antro, porque le va a enseñar ciertos
filtros eróticos con que ganarse el amor de
la Nereida.
El tema del Cíclope enamorado y rechazado
se hizo popular en la literatura posterior.
9. Si pasamos a la prosa, podemos comprobar que
Tucídides recoge la opinión
común de su época, según la
cual son localizados en occidente los pueblos y
lugares citados en la Odisea IX-X
[112]. Efectivamente, el
historiador menciona con reservas tal
teoría, expresada ya por Hesíodo
[113], indicando que se trata
del criterio de los poetas.
Los Cíclopes, gentes que culturalmente se
desenvuelven en unas condiciones rudimentarias, y
que políticamente se comportan de modo
anárquico, fueron motivo común entre
los cínicos. Diógenes Laercio
[114] afirma que
Antístenes escribió varios tratados
sobre el tema: Cíclope (o Acerca
de Ulises), Acerca del uso del vino (o
Acerca de la embriaguez, o Acerca del
Cíclope).
Aristóteles se ocupó de Polifemo,
como Cíclope singular
[115] y, asimismo, de la
enemistad entre el Cíclope y los feacios,
descendientes también de Posidón
[116].
10. Durante la época helenística
el tema de los Cíclopes pastores, y
especialmente el de Polifemo, aparece con relativa
frecuencia. Vamos a hacer una selección de
los autores y textos más relevantes. Valga
lo dicho también para el periodo imperial
que examinaremos a continuación.
Calímaco nos cuenta que Polifemo
inventó un excelente encantamiento para el
amado, en un contexto alusivo a la pederastia
[117]. Menciona, asimismo, a los
Cíclopes compañeros de Hefesto,
localizados en la isla de Lípari
[118].
Es Teócrito entre los poetas de esta
época el que más utiliza tal motivo
literario, pues Galatea, una Nereida, era
considerada divinidad en Sicilia. En el tema de los
amores de Polifemo con Galatea comienzan a darse
ahora, en diversas dosis, los motivos grotescos y
patéticos ya aludidos
[119]. Galatea menosprecia a
Polifemo, le arroja manzanas y le llama
«aborrecible en amores (dusérota) y
cabrero» [120]. El
Cíclope, por su lado, lo intenta todo para
atraerse a la Nereida. Teócrito nos ofrece
un Polifemo enamorado hasta la locura
(orthaís maníais) de Galatea, pues el
monstruo ya no se preocupa de otra cosa más
que de su amor por ella. Sentado desde el alba, se
consume cantando con terribles heridas en su
corazón. Encuentra remedio a sus males
mediante el canto, contemplando el mar
[121].
En el Idilio XI teocríteo aparecen los
motivos del Cíclope pastor, la leche, el
queso, las ovejas, corderos y terneras; Polifemo
tiene viñas y disfruta de agua fresca
procedente de la nieve del Etna. Hay, en cierto
modo, una vuelta al modelo homérico, pero
estamos en otra época de gustos literarios
bien distintos, con clara predilección por
las variantes raras e inéditas. Polifemo se
ha enamorado de Galatea cuando ésta
llegó con la ninfa Toosa, madre del
monstruo, a coger flores de jacinto; él le
había indicado el camino. El Cíclope
afirma saber por qué lo detesta Galatea; el
ojo único en mitad de su frente, su ceja
peluda que va de una a otra oreja, su nariz
aplastada, producen miedo a la Nereida. Polifemo
desea besarle la mano, si ella no quiere que lo
haga en la boca; adelgaza día a día,
llamando a la amada; se queja a su madre, una
ninfa, por haberle parido sin branquias. En verdad
poco ha heredado el monstruo de su padre
Posidón, dios del mar, pues ni siquiera sabe
nadar para poder ir en pos de Galatea. Pero
Polifemo sabe adaptarse: afirma que quizás
encuentre otra Galatea más hermosa, y que
hay chicas jóvenes que desean estar con
él.
Licofrón hace alguna mención del
Cíclope en su estilo tan difícil y
retorcido [122].
Dentro de los prosistas, Polibio menciona de
pasada la entrada de Ulises en la caverna del
Cíclope (XXXV 6).
11. No es nuestro propósito detenernos en
todas las menciones de los Cíclopes pastores
en la literatura imperial. Haremos, pues, algunas
calas para ver cómo evoluciona el
tratamiento literario del Cíclope en el
periodo tardío.
Plutarco recoge como lugar común el
episodio de Ulises y el Cíclope:
«¿Quién no preferiría ser
Ulises en vez de Cíclope?»
[123]. Otras varias citas
muestran lo conocido y popular que era el relato
homérico [124].
Luciano, por su parte, presenta a Polifemo como
enamorado de Galatea, loco por ella, con aspecto
salvaje y peludo. La Nereida lo protege, afirmando
que tales cualidades son viriles, y que el ojo le
va muy bien a su frente; está contenta de
tenerlo como admirador, pues es buen músico.
Doris, en cambio, le reprocha porque huele a
cabrón, se come la carne cruda y usa como
lira el cráneo de un ciervo con cuernos
[125]. El monstruo afirma que
Ulises le ha dado una droga con el vino, y expone
ante Posidón, su padre, todas las
añagazas del héroe
[126]. Sobresalen algunos
motivos: la borrachera, los deseos de fornicar,
etc. Tenemos una innovación: Ulises aparece
tomado a sueldo por Polifemo
[127].
En Pseudo-Apolodoro [128]
leemos un resumen bastante acertado del relato
homérico en lo referente al Cíclope.
Hay algún detalle innovador: Ulises y sus
compañeros, mientras esperan en la caverna
del Cíclope, sacrifican algunos cabritos del
monstruo y celebran un festín
[129]. Es de interés el
comentario de J.G. Frazer dedicado a Ulises y
Polifemo, con importante bibliografia, a pesar de
los años transcurridos
[130].
Ateneo recoge en varios puntos de su obra
huellas del relato homérico; el enorme
Cíclope borracho vencido por una persona
pequeña [131]. Es
decisiva su aportación especialmente en sus
citas de fragmentos de los cómicos.
Dión Crisóstomo nos presenta un
Cíclope fuerte y enorme de cuerpo, pero loco
[132]. Escilas y Cíclopes
le habrían servido a Homero para encantar a
los insensatos [133].
Pausanias habla de los feacios que habitan cerca
de los dioses, por donde vivían
Cíclopes y Gigantes
[134]. Hallamos en él
mención de los Cíclopes constructores
de las murallas de Tirinto [135]
y de Micenas [136], así
como de una cabeza de Medusa que se encontraba en
Corinto [137].
Filón alude al Cíclope que se come
trozos crudos de hombres [138];
la tierra de los Cíclopes es pura
ficción mítica, dice, pues el fruto
no se produce de no ser sembrado y trabajado
[139].
Filóstrato [140] se
refiere a Polifemo que se alimentaba de hombres al
modo de los leones salvajes, pero que en aquel
momento (nyní) se abstenía de
tal alimento para no parecer glotón ni
desagradable, dado que estaba enamorado de Galatea;
aun así, no puede ocultar su verdadera
naturaleza voraz, feroz, y salvaje por mucho que
toque la flauta. Que la tierra, sin ser arada ni
sembrada, nutría a los más salvajes y
más carentes de leyes es motivo literario
recogido en Filóstrato también
[141].
Dentro de la poesía de época
imperial, Quinto de Esmirna, siglo IV d.C., hace
alusión al Cíclope devorador de
hombres [142]. Una centuria
más tarde, Nono nos habla del canto amoroso
del Cíclope [143], pero
Galatea recibe consejos para olvidar tales
canciones aunque fueran dulces
[144]. La Nereida teme por la
vida del Cíclope y le pide a Posidón
que lo salve [145]; está
enamorada de Polifemo y lo echa de menos
[146] y, aunque ella es una
divinidad marina, está casada con alguien de
tierra firme. Se cierra así un proceso
circular: el ser monstruoso, horrible, detestado
por todos, es ahora un héroe amado por una
Nereida, con la que esta casado para siempre
[147].
|
[1] Trabajo realizado dentro del
PB 92-0576 de la CICYT. Hemos aprovechado bastantes
datos de nuestra publicación «Les
Cyclopes et leur pays dans la littérature
grecque», en Peuples et pays mythiques,
F. Jouan-B. Deforge (ed.). Paris, 1988, 57-71 (Una
primera redacción de este articulo fue
leída el l8-1-1994 dentro del curso de
Cultura Clásica organizado por el ICE
de la Universidad de Alcalá de Henares).
[2] Cf. J. Glenn, «The
Polyphemus Folktale and Homer's Kyklopeia»,
TAPA 102, 1971, pp. 133-185, con abundante
bibliografia; S.L. Schein, «Odysseus and
Polyphemus in the Odyssey», GRBS 11,
1970, pp. 73-83. C. Calame, «Mythe grec et
structures narratives: Le mythe des Cyclopes dans
l'Odyssée», Il mito greco (Atti
Conv. intern. Urbino, Maggio 1973), B. Gentili-G.
Paoni (ed.) Roma 1977, pp. 369-391. Pueden leerse
con interés también estos dos
titulos: J.A. García Armendáriz,
«Cíclopes y ojancos», Cuadernos
de etnología y etnografía de
Navarra 17, 1985, pp. 95-110; F. Bader,
«Introduction a l'étude des mythes i.e.
de la vision. Les Cyclopes», en Studi
indeuropei, E. Campanile (ed.), Pisa 1985, pp.
9-50.
[3] Od. IX 105-566.
[4] Hesiodo, Th. 139-146.
[5] Cf. G.S. Kirk, El mito. Su
significado y funciones en las distintas culturas,
trad. esp., Barcelona, 1973, 195-203, donde se
recogen distintas hipótesis en un eapitulo
tilulado «Los cíclopes»
[6] Od. IX 105 ss. En
Od. Vl 5 ss. se dice que «los feacios
antes habitaban la espaciosa Hiperea cerca de los
Cíclopes, hombres soberbios que los
dañaban continuamente pues eran superiores
en fuerza». (Cf. Homero, Odisea,
trad. esp. J.L. Calvo, Madrid, 1988. Seguimos, en
general, esta versión).
[7] Od. IX 166.
[8] Od. IX 167. Es
importante señalar que el texto griego
transfiterado es kapnòn t'autôn te
fthongén / oíon te kaì
aigôn, donde se aplica el término
fthoggé, como sonido que se oye desde lejos,
emitido por seres desconocidos, y también
por animales. Cf: Od. XI 41-44 donde
fthóggos se dice de las sirenas y IX 257,
del Cíclope.
[9] Od. IX 172-176.
[10] Od. IX 106:
uperfiálov athemíston.
[11] Od. IX 107-115.
[12] Od. IX 125.
[13] Od. 190-192.
[14] Cf. D . L. Page The
Homeric Odyssey, Oxford,1955 1-20,
concretamente el capítulo «Odysseus ad
Polyphemus», donde se detiene en las diversas
leyendas recogidas y resumidas en la Odisea. Por
otro lado, siguen siendo importantes otros estudios
anteriores: W. Grimm, Die Sage von Polyphem,
Berlín, 1857; O. Hackman, Die
Polyphemsage in den Volküberlieferung,
Helsinki. 1904.
[15] Od. IX 116-171.
[16] Od. IX 120
[17] Od. IX 529
[18] Od. 1X 187-189
[19] Od. IX 188;
«solo» (oîos), «a lo
lejos» (apóprothen), «no con
otros»
[20] Od. IX 224-227
[21] Od. I 68-75, donde
se nos confirma que Polifemo es hijo de
Posidón y de la ninfa Toosa. Véase
Od. II 19.
[22] Od. IX 159
[23] Od. IX 195
[24] Od. IX 204
[25] Od. IX 209-210
[26] Od. IX 205.
[27] Od. IX 211.
[28] Od. IX 201.
[29] Od. IX 358.
[30] Od. IX 214-215. cf.
Od. II 19.
[31] Od. IX 447-460.
[32] Cf. Od. IX 176.
Zeus (Od. IX 262, 270, 294, 552); Zeus y los
demás dioses (Od. IX 479); Atenea
(Od. IX 317); un dios (IX 339); un demon (
Od. IX 381); Apolo (Od. IX 198 y
201).
[33] Od. IX 107.
Véase también Od. IX 111 y
358: «la lluvia de Zeus».
[34] Od. IX 411 con
referencia al «gran Zeus»; IX 412,
súplicas a Posidón.
[35] Od. IX 275.
[36] Od. IX 277.
[37] Od. IX 528.
[38] Thymós:
Od. lX 278.
[39] Od. IX 289-293.
[40] Od. IX 297.
[41] Od. IX 328 y 379.
[42] Od. I 70; IX 333,
383, 387, 394, 453, 503, 516. Hesíodo, en
cambio, se refiere a un ojo circular
(kukloterés) que estaba situado en mitad de
la frente: Th. 145.
[43] Od. IX 389.
[44] Od. IX 275-276.
[45] Od. IX 525.
[46] Od. I 70-71.
[47] Cf. Fr. 172 rose
(Era hijo de Posidón y de la ninfa Toosa.
Cf. Od. I 69 ss.).
[48] Cf. nota 4.
[49] Fr. 52 M.-W.
[50] Fr. 70 a, 6 y 266
Snell-Maehler.
[51] Fr. 169, 5 S.-M.
[52] 11, 77, S.-M.
[53] Lo veremos en el apartado
7. Cf. Tr. 437; «El montaraz
Cíclope».
[54] Cf. Or. 965, IA
265, 534, 1501, IT 845.
[55] Alc. 6.
[56] Cf. G. Kaibel Comicorum
Graecorum fragmenta, I, Berlín, 1899,
Fr. 81-83.
[57] Fr. 146 y 150
Kassel-Austin. Cf. Fr. 143-157 K.-A.
[58] Pl. 290, 296.
[59] Fr. 5 K.-A.
(analfáveton). Véanse Fr. 3 y
4 K.-A.
[60] Calias (Fr. 5-13
K.-A.) y Antífanes (Fr. 129-131
K.a.).
[61] Cf. Eurípides,
Cyclope, ed. R., Seaford, Oxford, 1984; G
Wetzel, De Euripidis fabula satyrica, quae
Cyclops inscribitur, cum Homerico comparata
exemplo, Wiesbaden, 1965. Véase nuestro
trabajo «El Cíclope de
Eurípides: tradición e
innovación literaria», Minerva 1, 1987,
41-59, con mas bibliografía. Seguimos la
traducción publicada en
Eurípides, Tragedias, I, trad.
J.A. López Férez, Madrid,
Cátedra, 1985.
[62] La Alcestis
euripídea aunque ocupaba el cuarto lugar en
la tetralogía correspondiente (Las
Cretenses, Alcmeón en
Psófide, Télefo,
Alcestis) no es considerada propiamente un
drama satlrico.
[63] Cf. Aristias, fr. 4
Snell (TrGF), donde Polifemo dice a Ulises:
«Estropeas el vino al añadirle
agua».
[64] Cyc. 316, 336.
[65] Cyc. 336.
[66] Cyc. 338-340.
[67] Cf. nuestra nota
10.
[68] Platón Grg.
483 b, referido a Calicles
[69] Cyc. 118.
[70] Cyc 120.
[71] Cyc. 20-21, 648.
[72] Cyc. 173-174, 235.
[73] Cyc. 648. En
Hesíodo leemos que los Cíclopes eran
hijos del Cielo y de la Tierra; Th. 139-146.
[74] Cyc. 134.
[75] Cyc. 123-124.
[76] Cyc. 218.
[77] Cyc. 24-25, 77-79.
[78] Cyc. 130
[79] Cyc. 122.
[80] Cyc. 218. Los
griegos preferían la leche de oveja y de
cabra. Era bastante raro tomar leche de vaca: Cf.
Galeno, VI 765 Kühn. Es una nota más
para señalar el carácter
extraño y salvaje de los Cíclopes. En
general, beber leche en grandes cantidades era para
los griegos rasgo propio de bárbaros: cf.
Heródoto, I 216; III 23, IV 2, o de
pastores: Teócrito XI 34-35, Euripides,
El. 169.
[81] Cyc. 332. Ia
oposición anánke/nómos
(fuerza/ley) es recogida en Eurípides:
Fr. 433 Nauck. La oposicion
fúsis/nómos (naturaleza/ley) la
tenemos en Fr. 920 N.; Tr. 886;
Ba. 895-896.
[82] Cyc. 92. Cf.
también 126: «Dicen que los extranjeros
tienen las carnes más sabrosas».
Véase asimismo 367.
[83] Cyc. 30-31. El
motivo de la impiedad aparece repetido en varias
ocasiones: 289, 348, 378, 438, 693.
[84] Cyc. 382 ss.
[85] Cyc. 242-243. En
Od. IX 291 no se habla de cuchillos, sino
simplemente de «cortar»,
«dividir» (tamón).
[86] Cyc. 243 249.
[87] Cyc. 245.
[88] Cyc. 395, 397.
[89] Cyc. 395. Degollar
con un hacha, en vez de cuchillo, subraya, una vez
mas, la ferocidad del Cíclope.
[90] Cyc. 397.
Obsérvese que tal sacrificio es
impío, pues viene consagrado al propio
monstruo, y no está de acuerdo con el
ritual.
[91] Cyc. 398:
rythmôi tini.
[92] Cyc. 403-404
[93] Cyc. 358 ss.
[94] Cyc. 532 ss.
[95] Cyc. 583-584.
[96] Cyc. 585 y 589.
[97] Cyc. 328.
[98] Cyc. 320.
[99] Cyc. 335.
[100] Cyc. 321, 328.
[101] Cyc. 231. Los
demás lo tienen por una bestia: 602
(Ulises), 658 (el Coro).
[102] Cyc. 316, 335,
337 ss.
[103] Cyc. 276
[104] Cyc. 283.
[105] Cyc. 280
[106] Cyc. 273, 581,
586.
[107] Cyc. 302 ss.
[108] Cyc. 310-311.
[109] Fr. 780 Page
(PMG)
[110] Fr. 817 Page
(PMG). Cf. A.S.F. Gow, Theocritus,
Cambridge,1973, II, 118.Según Duris de
Samos, Polifemo, atraldo por los excelentes pastos
y por la abundancia de leche construyó un
templo en honor de Galatea, al pie del monte Etna.
Filóxeno visitó tal templo y, al no
comprender su origen, inventó el amor de
Polifemo por la Nereida. No obstante, no cabe
descartar una intención satírica en
Filóxeno. Se sabe, de otro lado, que este
poeta intrigó en unión de Galatea,
amante de Dionisio de Siracusa, fue descubierto y
enviado a las canteras. Su ditirambo presentaba a
Galatea como una ninfa marina; a Dionisio, como
Polifemo; y al poeta, o sea, a sí mismo,
como Ulises. Cf. Ateneo 7 a, 564 e. Plutarco,
Mor. 622 e dice: «Filóxeno
afirma que el Cíclope curó su amor
gracias a las Musas de buenas canciones». El
tema, propio del gusto helenistico por la mezcla de
aspectos patéticos y grotescos, fue recogido
por otros autores; Hermesianacte, Fr. 7, 73
Powell; Calímaco, Epigr. XLVII;
Bión II 2; etc.
[111] Fr. 818 Page
(PMG).
[112] VI 2,1.
[113] Hesíodo,
Th. 1014 ss.; Fr. 150 M.-W.
[114] D.L. VI 17-18.
[115] Cf. nuestra nota
47.
[116] Fr. 173 Rose.
[117] Epigr. XLVII.
También en un escolio a Apolonio de Rodas, I
1207 leemos que Hilas era el amado de Polifemo, no
ya de Heracles. Véanse, además,
Cer. 9, 46, 81, 85. Por otra parte, el poema
épico Galatea del que quedan dos
fragmentos: Fr. 378, 379 Pfeiffer.
[118] Fr. 818 Page
(PMG).
[119] Cf. nuestra nota
110.
[120] Teócrito VI 7.
[121] El idilio XI ofrece, por
primera vez, el motivo de Polifemo dedicado a la
canción y la música, como medio para
aliviar sus penas de amor.
[122] En Alejandra
659-661 se alude a Ulises, que le ofrecerá
al león antropófago la copa de vino
bebida tras la cena. En v. 765 se habla del
monstruo ya ciego.
[123] Fr. 121 Sandbach.
[124] Cf. para otras citas del
Cíclope: 181 f y 336 f (cegamiento), 435 b
(cita del Cíclope euripídeo)
506 b (fidelidad de los compañeros de
Ulises), 698 f (el Cíclope tiene un solo
ojo), 762 f (cf. nota 110), 986
f (la tierra de los Cíclopes, no arada ni
sembrada, pero tan fecunda y rica por naturaleza
que produce todo tipo de frutos), 1011 a (los
miembros con que Ulises ató los carneros);
en las Vidas hallamos, asimismo, algunas
referencias al tema: Cat. Ma. 9 (que
Ulises quería volver a la caverna a recoger
el gorro y cinturón que allí se
había dejado) Galb. I (Démades
comparaba el ejército macedonio, tras la
muerte de Alejandro, con el Cíclope cegado,
por los muchos movimientos desordenados y al
tuntún que hacía).
[125] D.Mar. 1.
Otras citas: cómo el Cíclope mataba y
descuartizaba a sus víctimas, y les sacaba
el corazón (Sacr. 13); una
alusión a comerse a Nadie el último
(Cat. 13); que Pégasos, Quimeras,
Gorgonas, Cíclopes y todos los del estilo
son cuentitos muy extraños y maravillosos
que encantan las almas de los niños
(Philops. 2).
[126] D. Mar. 2.
[127] Pseudol. 27.
También menciona Luciano a los
Cíclopes del Etna forjadores del rayo de
Zeus.
[128] Epit. VII 4-9
[129] Epit. VII 5.
[130] Apollodorus. The
library, Londres, Loeb, 1921, II, 404-455 (Hay
varias reediciones). Se habla allí de
Dolopathos (una colección medieval de
cuentos); de cuentos semejantes escoceses, vascos,
rumanos, italianos, rusos, estonios, lapones,
fineses, lituanos, alemanes, bretones, gascones,
sicilianos, capadocios, griegos modernos,
albaneses, húngaros, sirios, árabes,
armenios, caucásicos, mongoles, etc.
Respecto a los Cíclopes forjadores del rayo:
I 1.1; II 1.2; III 10,4. Los que fortifican Corinto
son citados en II 2.2.
[131] Ateneo 10 e. Nos habla
(en 20 a) del ítalo-griego Enonas que
presentó una parodia en que aparecía
el Cíclope silbando y Ulises hablando un
griego incorrecto. Cf. 179 c, 610 d.
[132] XXXII 95.
[133] LV 11.
[134] VIII 29.2. Cf. X 22.7.
[135] II 16.5. Cf. II 25.8.
[136] VII 25.6.
[137] II 20.7. Cf. II 2.1 a
propósito del altar, en Corinto, donde se
hacían sacrificios en honor de los
Cíclopes.
[138] Vit. con.
40 (477)
[139] Prov. 2, 66
(646).
[140] Philostr. Iun.,
Im. II 18.
[141] V.A. VI
11.
[142] VIII 126. Menciona,
además, a los Cíclopes que
habían fabricado la armadura de Zeus: XIV
446.
[143] VI 303-304.
[144] VI 332. Véase
también 279.
[145] XXXIX 257 ss.
[146] XI 555.
[147] Cf. A. Ruiz de Elvira,
Mitología Clásica, Madrid
1975, p. 41, a propósito de la descendencia
del Cíclope.
|