Por
Enrique Fernández
Director Asociado
Dept. de Francés, Español e Italiano
Universidad de Manitoba
Canadá
Esta novela se coloca en el polo opuesto de las hoy tan populares
de escritoras que narran, confiesan y desnudan su vida sexual con
todo detalle para lectores voyeuristas. Con el puñal de tu mirada
pura es, como el autor aclara en su introducción, la elaboración
de los recuerdos vitales que su recién fallecida madre le narraba.
La materia de la obra –un panegírico a la madre muerta-- y el tratamiento
utilizado de novelar a partir de los recuerdos del autor de lo que
ésta rememoraba de su pasado, producen un texto de una luminosidad
y pureza cristalinas. Todo voyeurismo edípico está ausente en esta
breve novela en la que el lector se asoma a un mundo primigenio
anterior a la concepción del narrador – y a la de sí mismo como
lector—, a un mundo en el que no tiene cabida el acto impuro de
la sexualidad, sólo del amor.
Con el puñal de tu mirada pura reconstruye los años en que la madre
del autor era una joven muchacha de provincias rodeada de pretendientes.
Es una historia de génesis, el del autor mismo, de cómo el destino
se combinó para que ocurriera el acto necesario de que su madre
eligiera el único futuro viable entre los muchos posibles, el de
conocer y enamorarse de su padre. Esta necesidad de un futuro inevitable
se manifiesta también gramaticalmente en las dos o tres instancias
del ya canónico uso literario del condicional como futuro del pasado:
"Muchos años más tarde, Lila se enteraría etc" (Pág. 50).
El momento de la concepción misma del autor no está en el texto,
que se interrumpe antes de llegar a él, pero está implícito en el
acto de que el autor pueda escribir y nosotros leer esta novela.
A la estilización de esta narración cuasi-mítica de génesis contribuye
mucho el que el texto haya sido filtrado primero por la memoria
de la madre narradora y luego por la del hijo transmisor que escribe.
El doble filtrado de la memoria elimina los detalles del pasado
que no sean significativos para deja pasar sólo lo más esencial,
y por tanto lo más literario. Por ello, este mundo genuinamente
anterior llega al lector con impecable pureza. El resultado es un
pasado luminoso en el que las muchachas esperan al pretendiente
en floridos balcones, en el que el amor de mujer es puro, absoluto
y para siempre, como el amor de una madre.
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