En
primer lugar, es un error pensar que los marroquíes coman
sólo couscous y meshoui; es como si dijeran que los españoles
sólo tomamos tortilla de patatas y paella, o que los americanos
sólo toman hamburguesas y perritos calientes. Además,
para un marroquí, la presentación de la comida significa
que su reputación como anfitrión está en juego.
Por ejemplo, sacrificar un cordero o matar una gallina para un invitado
es el honor más grande que puede rendir.
Se empieza saludando a la persona que uno tiene a su izquierda y
luego vas saludando al resto de izquierda a derecha. Este es el
protocolo habitual en Marruecos.
La comida tiene muchas especias: jengibre, pimienta, comino y otras
plantas aromáticas. Los platos siempre se sirven en el mismo
orden: primero, "bastilla" (pastela) que es un fino hojaldre
relleno de almendras y carne de pichón con perejil y cebollas
y cubierto con canela y azúcar. Después, se come el
"meshoui", cordero asado, y a continuación el "tajines",
un guiso de carne, pescado o gallina cocinado con ciruelas pasas,
almendras, aceitunas o alcachofas. Por último, el tradicional
"couscous", un gran plato de sémola guisada con
cordero o pollo y que se suele acompañar con verduras. |