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Escandinavia es un mundo
en sí mismo dentro de la diversidad europea. No es un enclave de
influencia germánica, ni anglosajona. Estamos en Escandinavia. Es
algo diferente.
Son diferentes sus orígenes, su cultura, sus raíces, sus maneras
de entender el mundo.
Escandinavia está poblada por gente profundamente amante de la naturaleza.
Una naturaleza realmente hermosa, de amplísimos horizontes, para
la escasa población que habita estas tierras del Norte.
Gente muy amante de sus tradiciones, que han desarrollado el sistema
de bienestar social más avanzado del mundo.
Todo es diferente en Escandinavia, cuando intentamos compararlo
con otros lugares próximos, como Escocia, Alemania o Rusia. Es diferente
incluso la luz de Escandinavia, la luminosa luz de Suecia. Es en
suma un mundo que bien vale la pena visitar, y que de hecho nos
proponemos visitar.
NOTA
SOBRE LA ARQUITECTURA
¿Puede hablarse realmente de determinados rasgos característicos
de la arquitectura escandinava? Si bien es cierto que asociar una
determinada manera de hacer arquitectura con un lugar, o más precisamente
con un país o nación, es algo siempre delicado y cuestionable, parece
que bien podemos afirmar que Escandinavia ha conformado ejemplos
de arquitectura que le son propios.

Dicho esto, sería preciso advertir que los países escandinavos no
son tan iguales entre sí como pudiere parecer. Les une una historia
común, comúnmente compartida. Escandinavia ha estado bajo el poder
danés durante muchos siglos. Luego bajo la soberanía sueca (excepto
Dinamarca), durante el siglo XIX.
Dinamarca y Suecia, por ello, han marcado los modos de vivir.
Por otro lado, los países considerados escandinavos (Dinamarca,
Suecia, Noruega, Finlandia e Islandia), abarcan una superficie extensísima
de Europa. Para hacernos una idea, la distancia desde el norte de
Suecia, hasta el sur de Dinamarca es de más de 2000 km.

Estos países tienen muy
poca población, y la naturaleza prevalece con una presencia muy
notable. La tradición silvestre de los nórdicos no se ha perdido.
Ese apego a la naturaleza es algo muy propio de las culturas de
Escandinavia. Y digno de tenerse en cuenta a la hora de entender
la manera de vivir y de habitar.
Una naturaleza que se manifiesta con todo su esplendor y poderío,
dada su magnificencia. Desde los imponentes fiordos de Noruega,
a las extensos bosques de Suecia y Finlandia.
Una naturaleza, que por su ubicación, en una latitud tan próxima
al Artico, se muestra adversa y hostil a lo largo de muchos meses,
año tras año.
De modo que la protección ante esos adversos elementos de la naturaleza,
ha condicionado la manera de habitar. Las fortalezas del Báltico,
tan herméticas e imponentes, parecen reflejar ese afán de protección,
defensiva obviamente, pero cerradas como moluscos ante un gran enemigo
como es el clima.
Por todo ello, los escandinavos han cultivado un gusto por la vida
del hogar, en el interior del hogar, buscando el máximo confort
para los largos inviernos con escasas horas de luz. El diseño de
interiores, muebles, objetos, textiles, etc., obedece a ese interés.

Pero cuando la primavera
emerge en Escandinavia, los habitantes de esos países vuelven al
campo, a orillas de los lagos o del mar, en contacto con la naturaleza,
en sus pequeñas cabañas de madera, atentos a sus orígenes silvestres.
Una vez más, es el medio el que condiciona la arquitectura, en una
opción que hoy llamaríamos de estricta sostenibilidad.
En cuanto a la arquitectura denominada culta, o de arquitecto, estos
países no fueron ajenos a los avatares que se desarrollaban en otros
países de Europa, en particular los más próximos y más poderosos,
como Alemania, o los más influyentes en el escenario internacional
en cuanto a poder y gusto, como Francia o Italia.
Dinamarca fue a lo largo de los últimos siglos un reino muy poderoso,
como lo sería después Suecia. Por eso, son estos dos países los
que muestran los más espléndidos ejemplos.
Desde el siglo XIX, la sombra de Karl Friedrich Schinkel, el más
insigne arquitecto que ha dado Alemania, se extendió por Dinamarca
primero, y por Suecia después. En este sentido, es Schinkel la figura
referencial para los nórdicos (aunque no sólo para ellos), si bien
el interés por el clasicismo por un lado y por el pintoresquismo
arrancaba en predecesores como Friedrich Gilly, que a pesar de su
corta vida, fue tan influyente en términos teóricos para la afirmación
de una manera de hacer, y de interpretar la historia, el lenguaje,
la construcción, etc., con un absoluto desprejuicio.

Por todo ello, los daneses se incorporaron a unos intereses que
en Alemania estaban ya muy desarrollados para mediados del XIX.
Una arquitectura de representación, que bajo el lenguaje del clasicismo,
buscaba los efectos y sensaciones proclamados por el romanticismo
postnapoleónico: La inserción en la naturaleza, la luz, los colores
intensos, el pintoresquismo, etc. Un mundo ya explorado no sólo
por Gilly o Schinkel en Berlín, sino por toda una pléyade de arquitectos
germánicos como Haller von Hellerstein, Friedrich von Gärtner, Leon
von Klenze, y tantos otros.
Esa pujanza del clasicismo permaneció viva en Dinamarca y Suecia,
y por ende en Noruega y Finlandia, hasta bien entrado el siglo XX.
Junto a esta primacía de “lo clásico” surgió en el cambio de siglo
del XIX al XX , al igual que en el resto de Europa, un movimiento
de afirmación de lo propio, de interpretación de la historia propia,
escandinava. Un momento de apogeo del romanticismo en clave nacionalista.
Entre las figuras de este movimiento, por destacar una estaría Ragnar
Ostberg, que construyó el imponente Ayuntamiento de Estocolmo.

La mirada se vuelve al pasado, a las iglesias románicas y góticas,
a la evocación de las pesadas construcciones murarias de las fortalezas
del Báltico, a una introversión, psicológica y física, que ha dejado
un poderoso sello en la arquitectura de Escandinavia.
Estaríamos ante una construcción de lo popular en sentido “folk”,
no vernacular.
De esta influencia participa la arquitectura del joven Gunnar Asplund,
en Suecia, en las primeras décadas del siglo XX.
Porque ¿cómo entender si no, el sorprende Ayuntamiento de Sölvesborg,
la Capilla del Bosque en el Cementerio de Estocolmo, la Villa Snellmann
y otros ejemplos de Asplund?

Asplund realiza una auténtica síntesis entre la larga tradición
del clasicismo y los rasgos populares de la arquitectura escandinava.
Y con ello, se erige en la más prominente figura de estos países
en la primera mitad del XX. Junto a él, la menos conocida figura
de Sigurd Lewerentz, que inicia su andadura arquitectónica en términos
similares, pero, que al final de su vida, marcará en las iglesias
de San Marcos en Bjorkhagen, y más aún en San Pedro de Klippan,
unos derroteros de arquitectura pesada, muraria, hermética, rústica,
en la línea de aquellos románticos como Ostberg, Tengborn y otros.

Arne Jacobsen, el más conocido arquitecto del siglo XX en Dinamarca,
inició su carrera siguiendo las pautas de Gunnar Asplund. Uno puede
ver en la primera obra de Jacobsen referencias directísimas a la
obra de Asplund; en el Ayuntamiento de Sollerod, por ejemplo, donde
las Sala de Juntas es casi una réplica de las Salas de Juicios de
los Juzgados de Gotemburgo, de Gunnar Asplund.

La llegada del International Style a estas tierras, de
la mano de Markelius, tuvo también su influencia. Tanto en Asplund,
en Suecia, como en Jacobsen, en Dinamarca. Aunque en el danés la
influencia más notable de entre las figuras internacionales fue
la de Mies van der Rohe; esto es manifiesto en varias de sus obras,
como el Ayuntamiento de Rodovre, por señalar una muy conocida.

En cualquier caso, estas
significativas figuras que se citan, comparten todas un interés
por la calidad de los interiores (texturas, amueblamientos, luz,
colores, etc.). El aire cálido de los interiores es, a nuestro entender,
un rasgo genuinamente escandinavo.
De entre todos los citados destaca por su influencia en el ámbito
internacional Arne Jacobsen. Su manera puede detectarse con extremada
facilidad en muchas obras construidas por conocidos arquitectos,
en particular, aunque parezca sorprendente, en España.
Por todo ello, ¿Podemos hablar de una arquitectura escandinava?
A pesar del aparente reduccionismo de la pregunta pensamos que sí.
Una visita a estas obras será reveladora de lo que aquí afirmamos.

Para los fines de este viaje, de búsqueda de sensaciones estéticas,
la visita al Cementerio del Bosque, a los Juzgados de Gotemburgo,
a la Iglesia de Klippan, al vestíbulo del Banco Real de Dinamarca,
por ejemplo, serán sin ningún lugar a dudas, experiencias inolvidables.
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