La dura realidad



No conozco a Gonzalo, pero sé que es (o era) un estudiante de la Escola de Arte Pablo Picasso, de La Coruña. Y no sé si la escultura sobre la que gira esta historia fue su primera y única obra o si fue el origen de una fructífera carrera en el mundo de las artes.

En la salas salas de embarque del aeropuerto de Alvedro (La Coruña), están ubicadas estratégicamente (es decir, en las esquinas) obras de alumnos de la escuela que comentaba más antes. Alguna vez me ha picado la curiosidad y me he acercado a observar alguna de las obras para comprobar si, al leer el título, podía hacerme una ligera idea de lo que había querido transmitir el autor (en las salas de embarque uno tiene que matar el tiempo como sea).

Este sábado estaba en la sala número 3, esperando pacientemente un vuelo de Easyjet que me iba a llevar a Madrid. Eran las siete y media de la tarde, el vuelo empezaba a acumular retraso y la gente miraba sus relojes, escuchaba música en su iPod o leía alguna novela en silencio. En esto, apareció una azafata y se colocó detrás del mostrador. Aunque el avión no aún no había llegado (el vuelo procedente de Madrid es el mismo que vuelve a salir casi inmediatamente de Alvedro con destino la capital), debido a una extraña reacción que se produce instintivamente, los viajeros se colocaron formando una fila frente a la azafata. De pie, con niños en los brazos y maletas, la gente miraba con gesto inquisidor a la pobre chica que nada tenía que ver con el retraso del vuelo. Y en este ambiente que empezaba a caldearse, pero que se mantenía en silencio, una señora de mediana edad rompió la fila y dio unos pasos hasta una de las esquinas de la sala; de pronto, miró a la azafata y exclamó con la boca llena de manzana: "Croía que era uma fafelera". La mujer, con evidente falta de formación artística y cultural, había confundido la obra de Gonzalo y había estado a punto de decorarla con un carozo de manzana. La gente que estaba en la fila la miró, se fijó después en la escultura y echó a reír, rompiéndose el silencio que atenazaba el ambiente (a la vez que, por fin, el avión llegaba a Alvedro).

No sé si Gonzalo, por esas casualidades que se dan en la vida, leerá este texto, pero estoy seguro de que podrá reponerse de la anécdota. Además, tiene un espléndido futuro en el diseño de mobiliario urbano.

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Posted: Lun - Agosto 20, 2007 at 09:07 PM          


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